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En esencia, la autoestima es (evitando las definiciones complicadas) la opinión que tenemos de nuestra propia persona.

Una opinión más, ni más ni menos, no la única, pero tal vez la más importante, ya que un mal concepto de quienes somos y lo que valemos puede afectar gravemente nuestra vida emocional, nuestra conducta, y la manera en que nos relacionamos con los demás.

Y en este último punto es donde quiero concentrarme, ya que aunque seamos dueños de una autoestima sólida, la baja autoestima de otras personas con las que eventualmente debemos vincularnos puede ser el germen para una relación complicada y signada por el conflicto.

Síntomas vinculados a una baja autoestima

Aquí les dejo algunas ideas clave sencillas (tomadas directamente de mi experiencia clínica) para poder identificar una autoestima deteriorada cuando nos presentan a alguien, iniciamos un nuevo trabajo, o proyectamos una relación amorosa. Las posibilidades son muchas y de aplicación directa en la vida cotidiana.

1. Tendencia a estar a la defensiva

Las personas con baja autoestima suelen ir por la vida mostrando una actitud sumisa y derrotista, o bien todo lo contrario: se comportan de manera quisquillosa y beligerante. Como creen que valen poca cosa, viven en una guerra permanente consigo mismas y con el mundo.

Vaya como ejemplo una situación que presencié en cierta ocasión. Vi cómo un hombre se hacía a un costado de la puerta de acceso al colectivo al que estaba por subir para dejar pasar a una chica que venía corriendo presurosa.

Lejos de tomar el gesto como algo positivo, ella le dijo, con su mejor cara de asco: -¿Me dejas pasar por qué soy mujer? ¿Qué..? ¿Ser mujer me hace inferior? El esbozó una sonrisa compasiva y respondió: -No. Te dejo pasar porque soy amable.

2. Tendencia al fundamentalismo

Quienes tienen baja autoestima se adhieren a ideas rígidas y fundamentalistas. Sentirse parte de un grupo o una causa mayor los ayuda a sostener su frágil sentido de valía personal.

Suelen identificarse con ideologías políticas fuertes o creencias religiosas impermeables, a las que defienden a ultranza. Esto los hace sentir poderosos ya que reemplazan su pobre sentido de autoestima por la autoestima colectiva más sólida del grupo de pertenencia. Adoptan el punto de vista de los demás como propio, tienen poco juicio crítico y sucumben al pensamiento de manada.

Hace poco, un periodista que estaba cubriendo una manifestación en reclamo por la legalización del aborto, se acercó a una chica con su micrófono y le preguntó sobre las razones que la habían llevado a acudir a la marcha.

Tomada por sorpresa, dubitativa y vacilante, la chica solo atinó a balbucear algo que resultó ininteligible, para luego proclamar triunfante: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”.

Una frase hecha que desde varias semanas antes se venía repitiendo en los medios de comunicación.

3. Tendencia a desconfiar

Como se sienten inferiores a los demás, muchas de estas personas buscan equilibrar ese sentimiento desagradable minimizando las capacidades de los demás, o bien descalificando sus logros, o poniendo en tela de juicio el prestigio o las credenciales de las otras personas.

Como sienten que no pueden estar a la altura de los demás, buscan bajar a los demás a su propia altura. Se aterran ante la posibilidad de competencia o de que alguien pueda invadir el pequeño espacio de suelo que habitan.

En una ocasión, una psiquiatra con la que estaba hablando por teléfono sobre un informe que le había remitido sobre una paciente que teníamos en común, me interrumpió bruscamente para preguntarme algo sobre mi sello profesional, que figuraba al final del documento que tenía entre manos.

-Acá dice “doctor” –me dijo, notoriamente molesta. Y el comentario no estaba ni remotamente relacionado con lo que veníamos hablando-. ¿Por qué dice “doctor” si usted no es doctor? -Claro que soy doctor –le respondí pausadamente, aunque sorprendido-. “Doctor” es quien tiene un doctorado. Déjeme adivinar: ¿A que usted se hace llamar “doctora” sin serlo?

Incómoda por el brete en el que ella sola se había metido, farfulló un par de palabras más, se despidió rápidamente y cortó la comunicación, dejando nuestro intercambio inconcluso.

4. Los celos

Suelen ser individuos controladores y celosos. No solamente temen la competencia de los demás, a los que perciben como una amenaza, sino que también son posesivos, en un intento desesperado por asegurarse la lealtad de las otras personas, a las que sienten que pueden perder en cualquier momento.

Recuerdo el caso de un paciente que durante la semana se había enojado muchísimo con su pareja, porque ella había puesto en instagram una foto de perfil en la que estaba posando en bikini en la playa.

-¿Por qué subís esa foto? –quiso saber, indignado-. ¿Para quién es esa foto? ¿A quién le querés gustar? ¿Por qué nunca pones fotos en la que estamos juntos?

Fue tal el escándalo que hizo, que la novia terminó por acceder a reemplazar la “polémica” foto por otra acorde a las inseguridades de mi paciente.