Hay épocas en las que no hay día en el que no nos levantemos con el pie izquierdo. Vamos al trabajo o a la escuela y ya llegamos tarde. Una vez ahí tenemos una enorme pila de trabajo que nos resulta más difícil y pesada que de costumbre. Intentamos espabilarnos yendo a la máquina de café, se traga las monedas y nos priva de nuestra dosis de cafeína.

“El día me está yendo mal... ¡todo me sale mal!” pensamos. ¿Somos imanes de la mala suerte? ¿Acaso no somos buenos en lo que hacemos? ¿No valemos para nada? y demás frases de por el estilo vienen a nuestra mente. Asumimos que que nos salgan mal las cosas significa que hay algo malo en nosotros.

¿Por qué todo me sale mal?, la gran incógnita. ¿Es el destino? ¿Somos nosotros? ¿Qué pasa? Aquí veremos algunas posibles respuestas.

¡Todo me sale mal!

A todos nos ha pasado que tenemos una época en la que nada de lo que nos habíamos propuesto sale como queríamos. Dejamos de hacer aquello que estábamos haciendo y nos preguntamos, frustrados “¿qué narices está pasando? ¡Todo me sale mal!”. La vida no es una línea recta y estable, sino que está marcada por altibajos y en sus bajos tendemos a ver las cosas de forma más pesimista, puesto que parece que el mundo está conspirando contra nosotros o, también, que dejamos de ser competentes y pasamos a ser unos inútiles.

Estas malas rachas son normales. No podemos esperar que siempre estemos felices y que todo nos vaya a ir bien. Sin embargo, pese a que podemos tener en mente esta realidad en muchas ocasiones el ver que nada nos sale a derechas, hay decepciones continuas y parece que lo que nos habíamos propuesto no se va a cumplir es inevitable pensar que todo nos está saliendo mal. Son momentos que no dejan de doler y atraen a la desmotivación, al desgana, la apatía, la ansiedad y la depresión.

Las personas somos seres soñadores y nos planteamos todo tipo de objetivos en varias esferas de nuestra existencia como son el trabajo, la pareja, los amigos, los proyectos personales y metas para tener éxito en la vida. Cuando algo malo sucede y parece que sabotee nuestros sueños es inevitable que nos preguntemos si hay algo en nuestras vidas o algo en nuestra propia forma de ser que ha generado toda una situación llena de infortunios y desgracias. ¿Será que tenemos una mala actitud o es que realmente no valemos?

Antes de obcecarnos y amargarnos todavía más por la negativa situación en la que nos encontramos, en donde la decepciones nublan nuestra vista y no nos dejan ver la luz al final del túnel, lo que tenemos que hacer es reflexionar y calmarnos un poco, parar la máquina. En la medida que podamos debemos descansar un poco, tanto en lo físico como en lo mental. El descanso y bajar el ritmo un poco son muy buenos para adquirir una imagen más global y ajustada de lo que pasa, además de parar ese runrún, ese rumor mental que nos dice todo el rato que todo nos sale mal.

¿Qué es lo que nos está pasando?

Vivimos en una sociedad de extremos. Desde los medios y todo tipo de organizaciones nos dicen que tenemos que ser personas felices, idealistas, optimistas y enérgicas. El mensaje de que tenemos que estar “happy” 24/7 es muy bonito y, a la vez, tóxico, básicamente porque nos hace chocar con nuestro realismo. Las personas no somos seres felices todo el rato, puesto que en función de nuestras características personales, educación y contexto en el que vivimos veremos la vida de una u otra forma, cambiando según la época que vivamos.

Por muy optimistas que nos consideremos, tarde o temprano vienen períodos en los que estamos un poco más tristes. No se debe pensar que esta tristeza es depresión, puesto que eso es un trastorno mental relativamente largo en caso de que no se trate con la adecuada ayuda profesional, sino que hablamos de la eutimia, es decir, los cambios en el estado anímico dentro de la normalidad esperable y no patológica. Hay días en los que estamos más felices y otros en los que estamos más tristes.

Estando dentro de una de estas etapas es normas que nuestra visión sea más pesimista, especialmente aplicándola a aquello que hacemos y a lo que nos pasa. Naturalmente, es en estas épocas en las que nuestros errores y los infortunios que se den en nuestra vida cotidiana se verán de forma más exagerada, viendo como que realmente todo nos está saliendo muy mal. Cada error nos hará pensar que no valemos, y cada infortunio que el mundo, Dios, el destino o lo que sea se ha puesto en nuestra contra.

Pero tarde o temprano las malas rachas se desvanecen y llegan las buenas. Todo el pesimismo que habíamos mostrado en el período anterior es sustituido por optimismo y motivación: ha llegado la luz al final del túnel, la cual nunca había dejado de estar ahí. Aprendemos que una mala racha la tiene cualquiera, que valemos mucho, que son muchas las cosas por las que tenemos que estar contentos y que lo bueno siempre compensa lo malo e, incluso, lo supera.

Sin embargo, aunque son normales las etapas de cierto pesimismo esto no quiere decir que sean inofensivas y, de hecho, si se prolongan o nos centramos demasiado en todo lo malo que supuestamente nos está pasando corremos el riesgo de quedarnos encallados en ellas. Los motivos que hacen que ocurra esto son variados aunque suelen ser de tipo personal como nuestra propia forma de ser, nuestra autoestima y autovalía. Si no paramos con el runrún de lo malo que nos pasa lo vamos a estirar y estirar hasta que sea un grave problema.

Posibles causas

Son varias las causas detrás de que tengamos el pensamiento de “todo me sale mal”. Una de ellas es imposible de controlar, caprichosa e impredecible: la mala suerte. La mala suerte es una variable que, aún sin poder ser medible, sabemos que está ahí, no para fastidiarnos la vida sino porque en la vida hay momentos de suerte y momentos en los que no tenemos tanta. Puede darse el caso de que, por purísima mala suerte, lo que nos habíamos propuesto no nos salga, y no le podemos hacer nada.

Pero dejando de lado la mala suerte son muchos los factores personales que influyen en nuestra forma de ver la realidad, factores que se pueden cambiar tanto con esfuerzo de uno mismo como acudiendo a ayuda profesional. Entre estos factores podemos encontrar los siguientes:

1. Fenómeno del filtrado

Es habitual que detrás de la creencia de que todo nos sale mal haya una distorsión cognitiva. Las personas percibimos la realidad en función de aquello que “queremos” ver. Si nos empeñamos en ver todo lo malo que nos pasa y hacemos, es decir, tenemos una visión muy negativa de la realidad, no es de extrañar que veamos que muchas cosas nos van mal.

El fenómeno del filtrado negativo hace referencia a una situación en la que las personas nos focalizamos en lo malo y dejamos de lado lo bueno, que sin duda también sucede. Las personas somos seres humanos y en nuestra naturaleza está el acto de errar pero, también, acertamos muchas veces y hacemos las cosas bien.

2. Pesimismo aprendido

Como hemos comentado, vivimos en una sociedad que nos vende el mensaje de que para estar realizado hay que ser feliz siempre. El problema es que este mismo mensaje choca con otro emitido por nuestro círculo de conocidos más cercanos, especialmente familia, amigos y otras personas significativas que es ni más ni menos que la Ley de Murphy: si algo tiene que salir mal así será.

Este pesimismo es un rasgo cultural, como lo es la lengua, las tradiciones, la gastronomía o cualquier otro y, por lo tanto, acaba aprendiéndose. Es difícil desprenderse de una mentalidad pesimista si nos hemos criado desde bien pequeños recibiendo este tipo de mensajes y esperando lo peor del mundo y de nosotros mismos, aún de forma mínimamente sana.

3. Falta de autoestima

Naturalmente no se puede hablar del pensamiento de “todo me sale mal” sin hablar de una profunda falta de autoestima. La baja autoestima no es un estado que una persona alcance de un día para otro, ni tampoco tiene por qué conservarse así de por vida. La autoestima puede debilitarse, variar con el tiempo y con las experiencias, experiencias las cuales pueden hacernos dudar de nuestra valía y hacer que tengamos un autoconcepto negativo.

Si tenemos muy baja la autoestima y también nuestro autoconcepto, esto es la forma en que nos vemos, es negativo no es de extrañar que atribuyamos todo lo malo que nos pasa a nosotros mismos. Pensamos que no únicamente nos pasan cosas malas, sino que además somos nosotros los que las atraemos.

La baja autoestima y el autoconcepto negativo son aspectos que deben trabajarse en la consulta de un psicólogo y realizando un importante ejercicio de revalorización de uno mismo.

4. Trastorno encubierto

La sensación del “todo me sale mal” puede ser, en realidad, un síntoma de un problema psicológico, de un trastorno mental que requiere intervención psicoterapéutica. Los trastornos del estado del ánimo como la depresión y la ansiedad pueden ser el origen de una mentalidad pesimista.

El patrón común en la depresión es culparse de las cosas malas que pasan y atribuir a la suerte lo bueno que suceda. Las personas deprimidas tienden a pensar que las desgracias que les pasan son culpa suya y que en realidad se lo merecen, mientras que cualquier mérito que puedan conseguir piensan que es debido a que la situación ha sido muy benévola con ellos. Esta forma de pensar es muy disfuncional y necesita ayuda de un psicólogo.

5. Tiempos difíciles

Finalmente tenemos la idea de los tiempos difíciles. A veces la mala suerte se manifiesta en todo su esplendor y extensión haciendo que vivamos un período en el que las cosas no tienen buena pinta objetivamente hablando. La economía cae, nuestra empresa se va al garete, nos hemos roto una pierna y cualquier otra desgracia puede ocurrir, afectando profundamente a nuestras vidas.

El mundo cambia y, a veces, una serie de casualidades y el hecho de estar en el sitio y lugar menos indicados hace que tengamos un infortunio que nos haga que todo salga mal. Es de esperar que tarde o temprano nuestra situación mejore y, de momento, lo único que podemos hacer es vivir los tiempos difíciles de la mejor manera que podamos. La vida no es fácil y esperar a que sea perfecta nos amargará más.

¿Qué podemos hacer si todo nos sale mal?

Como comentábamos, es normal notar que llevamos una época en la que todo nos sale mal. Aún así no debemos quedarnos de brazos cruzados y darle vueltas a todo lo malo que nos está pasando, sino ver de qué forma podemos cambiar nuestra situación y qué grado de control tenemos sobre ella. Centrarnos en aquello que muy difícilmente vamos a conseguir por ahora porque la mala suerte no nos lo permite es torturarse. Lo mejor es parar un momento la maquinaria física y mental, calmarnos y reflexionar sobre nuestra situación.

Lo primero que debemos hacer aprovechando esta pausa de cuerpo y mente es preguntarnos: ¿qué aspectos dependen de nosotros? ¿hay algo externo a nosotros que ha influido en ello? ¿Podemos controlarlo? Este paso requiere profunda meditación, una reflexión que nos permitirá clarificar qué ha pasado y averiguar que hechos negativos que se han dado encadenados nos han hecho caer en el pozo del “todo me sale mal”.

Una vez hemos visto qué es aquello que depende de nosotros y aquello que no debemos aceptar la idea de que hay cosas que no están dentro de nuestro control. Como no las podemos controlar no vale la pena amargarse por ellas. Cierto que a veces la vida es muy injusta y nos trae eventos realmente crueles pero, aun así, ¿de qué sirve lamentarnos una y otra vez? ¿Acaso recordar lo malo no es revivir el daño que nos hizo? Los tiempos difíciles acaban pasando, pero nunca lo harán del todo si no dejamos de pensar en ellos.

Hay épocas más complicadas que otras y tenemos que aceptarlo. Asumamos la complejidad del mundo. La mala suerte truncará muchos de nuestros proyectos y objetivos, pero no por ello debemos abandonar y hacernos a la idea de que nada nos va a salir bien. De la misma manera que algo parece que no nos va salir bien seguro que hay otra opción que sí saldrá. Cuando se cierra una puerta se abre una ventana.

Es necesario también prestar un poco de atención al tipo de pensamientos que tenemos. Vistas las posibles causas que nos hacen pensar que todo nos sale mal, debemos preguntarnos si estamos aplicando un filtro negativo a nuestra realidad, es decir, si prestamos demasiada atención a cosas malas que sin lugar a dudas hacemos (¡como cualquier otra persona!) e ignoramos lo bueno que también tenemos. Como hemos dicho, focalizarse solo en lo malo y descuidar lo bueno es un sesgo, nos nos permite ver la realidad de forma objetiva.

Teniendo en cuenta todo esto remarcamos lo de tomarse un descanso, siempre y cuando sea posible. La mente y el cuerpo se agotan cuando se usan demasiado y el cansancio hace que apliquemos el filtro de la negatividad. La máquina que es nuestro ser tiene que engrasarse y recargarse cada cierto tiempo. Una vez lo hayamos hecho volveremos a tener energía, más vitalidad, una visión no tan pesimista del mundo y llenos de optimismo.

Referencias bibliográficas:

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  • López Ibor J.J. (1972). Masked depression. Brit. J. Psychiatry. 12: 120-245.