Una aproximación existencia a la mente humana.

La Psicología es una ciencia que, a mediados del s.XIX, abrazó el positivismo como la única referencia para el desarrollo de su corpus de conocimiento. Esto es, adoptó como propio el modelo de las disciplinas naturales y exactas, así como su elevada pretensión de rigor.

No obstante, con el devenir del tiempo fueron muchos los autores que consideraron que el objeto de estudio de la Psicología contaba con una particularidad que la diferenciaba de tales materias: quien observa es, a la misma vez, lo observado (fusión sujeto y objeto). El estudio del ser humano lo protagoniza, así, otro ser humano; por lo que resulta muy difícil sustraerlo de su dimensión experiencial básica y entenderlo como un objeto ajeno, inmutable, predecible, categorizable y objetivo.

Esta consideración dio lugar al pensamiento constructivista y fenomenológico, con el que se enfatizaba la relevancia de la Psiquiatría y la Psicología como instrumentos para acceder al ser "en sí mismo". En este contexto nacería el análisis existencial de Binswanger.

El análisis existencial de Binswanger

El análisis existencial de Binswanger surge de la Psiquiatría del s.XIX y del s.XX, en un paréntesis histórico durante el cual coexistieron múltiples modelos teóricos tanto para esta rama del saber como para la propia Psicología (desde la introspección de Wilhelm Wundt a los modelos conductuales o el incipiente renacimiento de la cognición y de la emoción como dimensiones de la experiencia humana susceptibles de análisis), y parte de una visión fenomenológica del saber.

La fenomenología hace una alusión directa a la experiencia, tal y como se vive por el sujeto que la observa y que forma parte de ella. Se sustenta sobre la conciencia constructiva, que transforma los objetos en los que se deposita para darles de un contenido único para cada individuo, el cual supone la confluencia del ser y el existir en un todo que se postula como la más elevada fuente de conocimiento sobre el hecho humano (holismo).

En las páginas sucesivas exponemos algunos de los elementos más importantes que se desprenden de la extensísima obra de Ludwig Binswanger, deteniéndonos en sus influencias teóricas y sus propuestas, a menudo reactivas al rigor biologicista y empírico que acaparaba la ciencia de su tiempo.

1. Apertura a la filosofía

Binswanger fue un íntimo amigo de Sigmund Freud y elaboró junto a Carl Jung su tesis doctoral. En este sentido, se trataba de un Psiquiatra cuya formación académica seguía una línea tradicional, basada en los preceptos elementales del psicoanálisis. Tuvo por tanto un conocimiento amplio de este marco teórico, siendo además un pionero en trasladar tales enseñanzas a la Suiza de la primera mitad del s.XX.

No obstante, acabó sintiéndose decepcionado por la orientación excesivamente biologicista y pansexual del propio Psicoanálisis, y buscaría refugio en la Filosofía de su tiempo. De este modo conocería el paradigma fenomenológico del ser humano, que adoptaría como propio, fundando una corriente existencialista que trató de conciliar la Psiquiatría con una visión más profunda del vivir (en detrimento de las categorías biomédicas y psicopatológicas).

2. La historicidad del ser humano

La comprensión de lo humano, desde la visión existencialista, se vincularía indivisiblemente a su realidad histórica y cultural. Cada persona estaría conformada por un cúmulo amplio de experiencias vividas, que la dotarían de una característica percepción del mundo y la vida, sin la cual no podría entenderse la patología que pudiera estar padeciendo en un momento de la misma. Este fenómeno trascendería el concepto de "aprendizaje", sumergiéndose en una dimensión temporal y narrativa del ser.

Así, la enfermedad estaría integrada dentro de la propia experiencia del sujeto que la vive, y se alzaría como una manifestación congruente con su discurso experiencial íntimo. No podría entenderse la patología como una grieta en la construcción de la realidad que el ser humano forja para sí mismo, sino que estaría vinculada con la naturalidad de otros hechos y no podría apresarse sin una escucha activa del sendero recorrido.

3. La experiencia como clave del conocimiento

En los tiempos de Binswanger, la Psiquiatría se amparaba en el método clínico para trazar sus postulados teóricos y prácticas. De esta manera, el juicio diagnóstico se limitaba a una valoración categórica del sujeto enfermo, cuyo sufrimiento se enmarcaría en las categorías generales (y poco descriptivas) de la neurosis o la psicosis (reduciendo la individualidad que inexorablemente se vincularía a su forma de ser en el mundo).

Con el objetivo de confrontar esta orientación, e inspirado en una emergente fenomenología, Binswanger decidió abogar por la perspectiva holística. Cómo resultado de ello, concibió una aproximación muy sensible a la integración y la unicidad, que se apartara definitivamente de la generalidad y permitiera una aproximación fiel a la patología de quienes vivían con padecimientos psíquicos.

4. Existir no solo es "ser", sino "ser en el mundo con otros"

Para Binswanger, el concepto "dasein" (que procede del germánico y se traduce de forma literal como “ser ahí” o “ser en el mundo”) debía ser complementado para alcanzar un verdadero significado existencial. Si bien es cierto que toda persona sería un agente activo del lugar y del tiempo en el que le toca vivir, y sentiría un ineludible interés por expresar su individualidad, esta no podría ser comprendida sin las infinitas formas en las que se relaciona con otros.

Para Binswanger todo ser humano sería una realidad aislada que solo podría trascender en la medida en que se descubriera frente al otro, lo que dotaba de sentido profundo al contexto terapéutico que se establecía entre terapeuta y paciente. De la conexión entre dos mundos surgiría la expresión más pura del ser, como una realidad compartida y que gozaría de más significado al ser relatada en el espacio sobre el que se despliega (y respecto a él).

Así pues, al formar parte del mundo en el que habita, la persona no podría ser entendida al margen de aquel. Existiría una fusión entre el objeto y el sujeto, entre lo observado y el que observa, resquebrajándose su dualidad bajo el epígrafe del término “existencia”. Así pues, lo mundano y lo factible (a través de lo que la persona moldea su propia individualidad) sería el fundamento de lo que se es, más allá de las abstracciones con las que el psicoanálisis de aquel tiempo basaba sus postulados teóricos.

5. El ser humano como proyecto

Según Binswanger, cada persona tiene como proyecto vital fundamental el ser. Esto es, todo individuo aspiraría a este fin último y llegaría a satisfacerlo mediante el hecho de existir. Para el autor lo relevante del encuentro terapéutico sería el surgir natural, en la relación diádica, de las vivencias del individuo; pues en ellas se hallaría todo cuanto podía ser aprehendido de forma cierta, obviando prejuicios o doctrinas que estuviera guiando la comprensión.

En este mismo contexto, el autor defendía el término "epojé", de honda tradición filosófica y que fue recuperado por su coetáneo Edmund Husserl (pues su procedencia se hunde en el pensamiento de la antigua Grecia). El "epojé" es una práctica escéptica que defiende la suspensión del juicio e incluso del concepto de realidad que sostiene el observador, con el fin de que el hecho que se observa pueda expresarse tal y como es (sin condicionamientos de ningún tipo).

6. La relación terapéutica como un horizonte de encuentro

El horizonte de encuentro hace referencia al contexto que nace de la confluencia entre los universos de quien escucha y de quien es escuchado, que requiere de una perspectiva fenomenológica. Con ello se pretende que el acercamiento al paciente respete siempre su historia y la reconstrucción de los hechos que de ella pudieran desprenderse en cada caso, evidenciándose tantas formas de existir como individuos habitan el mundo.

Con ello se confrontaría la visión generalista de la psiquiatría; la cual buscaba reducir con la mayor parsimonia posible la complejidad de los individuos a términos operativos en los que establecer patrones regulares, identificables y predecibles. Desde tal perspectiva se trazaría una relación de mayor horizontalidad entre el paciente y el terapeuta, aspirando este último a una comprensión total de las experiencias que conforman todo cuanto aquel es en su integridad.

Para Binswanger, la relación entre personas sería el modo más puro de ser, pues en él se reflejaría una dualidad que extraería al sujeto de la incomunicación y del aislamiento existencial. Su pretensión era facilitar, mediante la terapia, una relación en la cual las correspondientes individualidades se mostraran en total libertad en el escenario de un vínculo transformador y fenomenológico.

7. Los tipos existenciales

A lo largo de los años de experiencia clínica, Binswanger llegó a trazar una serie de tipos existenciales mediante los cuales describió las formas concretas de ser en el mundo (relación de un ser con otros seres o del “dasein” con la otredad), y de las que pudo inferirse un primer intento por explicar patrones de sentimiento y acción desde la perspectiva existencial. Sin la pretensión de crear una categoría formal de la personalidad, diferenció cuatro tipos: singular, dual, plural y anónimo.

El singular describiría la relación de un sujeto consigo mismo (aislado de la propia realidad). El patrón dual definiría relaciones entre dos individuos que conforman un par inalienable (como la que sucede en la verdadera amistad, en el amor de pareja o en la relación entre la madre y su vástago), mientras que el plural describiría la coexistencia con otros en el seno de la colectividad social (trabajo, por ejemplo). El anónimo, por último, reflejaría un estado de desindividuación como consecuencia de la disolución del ser en una masa, a través de la cual quedaría desprovisto de su identidad.

Todas las personas serían susceptibles de fluir entre uno u otro tipo a lo largo del discurrir de su existencia.

8. El amor

El bullicio industrial del momento histórico de Binswanger hizo énfasis en la individualidad como acicate del desarrollo personal, lo que se oponía frontalmente a su perspectiva del ser como realidad que alcanzaba su máxima expresión al ser compartida. En este sentido, planteó como alternativa a la soledad la idea del amor (o “liebe”) del que brotaba una sana preocupación por el otro que se erigía sobre la voluntad de proveer cuidado y protección.

En todo caso, este amor no debería suponer en modo alguno una negación de las propias necesidades como sujeto individual, sino que complementaría al propio ser a través de la comunicación del mundo interior en un vínculo constructivo. En el proceso quedaría implícito que la preocupación por los demás dotaría de sentido trascendente al ser, permitiendo la transmisión de vivencias más allá de su propia finitud. Así, con el otro se equilibraría el vacío entre la soledad y la alienación de la masa.

9. El sentido

Desde la perspectiva fenomenológica de Binswanger, el sentido de la vida no sería otro que el de ser uno mismo en el fluir constante de la historia, y hacer de la alteridad un sano complemento de la soledad. El ser supondría la relación consistente de la narrativa de la propia vida y la expresión del fenómeno de la existencia, entendido como el resultado irrepetible de un mundo que gravita en el devenir constante de los acontecimientos y las relaciones.

La enfermedad debería entenderse como una parte más de la propia existencia, integrada en ella como un suceso más, y nunca como algo aislado del resto de vivencias. Su rechazo de las perspectivas tradicionalistas fue un intento remarcable, en la historia de la salud mental, por alcanzar un paradigma de la conciencia que se enfrentara a los modelos biomédicos que dominaron el panorama científico del s. XIX.

Referencias bibliográficas:

  • Ferro, J. (2001). Filosofía y Psicología en el Análisis Existencial de Ludwig Binswanger. Psicología desde el Caribe, 7, 47-59.
  • Montesó, J. (2017). Análisis Existencial de Binswanger y la Antropología Orteguiana, Puntos de Encuentro. ÉNDOXA: Series Filosóficas, 39, 285-303.