Las 75 mejores frases de Maximilien Robespierre

Reflexiones de Maximilien Robespierre, útiles para comprender al líder de la Revolución francesa.

César Juárez

César Juárez

Las mejores frases de Maximilien Robespierre

Maximilien Robespierre fue un célebre político, orador y escritor francés nacido en la ciudad de Arras durante el año 1758.

Las ideas de Robespierre fueron las que inspiraron la sociedad que nació después de la Revolución Francesa y, en gran parte, estas ideas son las mismas que han inspirado las constituciones de una gran cantidad de países occidentales actuales.

Frases y reflexiones de Maximilien Robespierre, político y revolucionario francés

Robespierre es uno de los escritores y políticos que un mayor impacto han tenido en nuestra sociedad y posiblemente es por eso que en algún momento de tu vida has oído hablar en algún sobre él.

Pero... ¿qué es lo que conoces realmente sobre esa figura histórica? A continuación podrás encontrar una selección con las mejores frases de Maximilien Robespierre, unas citas con las que podrás descubrir cuáles eran sus ideales y maneras de entender la realidad.

1. Los países libres son aquellos en los que son respetados los derechos del hombre y donde las leyes, por consiguiente, son justas.

Es cierto que sin libertad individual y sin derechos básicos ningún país puede considerarse a sí mismo un país realmente libre.

2. Cuando el trabajo es un placer, la vida es una alegría! Cuando el trabajo es un deber, la vida es una esclavitud.

Una frase que sin duda en la actualidad aún sigue conservando una gran verdad. Todos deberíamos dedicarnos a aquello que realmente nos apasiona.

3. Castigar a los opresores de la humanidad es clemencia, perdonarlos es barbarie.

Cuando una persona hace el mal, es inevitable que más tarde o más temprano ese mal termine volviendo hacia él.

4. Los siglos y la tierra son los despojos del crimen y de la tiranía; la libertad y la virtud apenas se han posado un instante sobre algunos puntos del globo. No creo, sin embargo, que la virtud sea un fantasma, ni creo que haya que desesperar de la humanidad, o dudar un solo momento del éxito de vuestra gran empresa. El mundo ha cambiado, y todavía tiene que cambiar.

La revolución francesa la cual Robespierre inspiró, fue un primer paso muy importante el cual terminó derivando en la sociedad moderna que hoy todos conocemos.

5. El secreto de la libertad radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía está en mantenerlos ignorantes.

Sin educación una persona nunca será totalmente libre, pues sin ella es imposible que dicha persona termine creando esa vida con la que sueña para sí misma.

6. Se puede abandonar una patria dichosa y triunfante. Pero amenazada, destrozada y oprimida no se le deja nunca; se le salva o se muere por ella.

Como podemos ver en esta cita Robespierre era sin duda todo un patriota, pero por desgracia para las élites de aquellos tiempos era un patriota el cual no luchaba por salvaguardar los intereses de los monarcas de la época.

7. El que pide con timidez se expone a que le nieguen lo que pide sin convicción.

Cuando deseamos algo fervientemente debemos demandarlo con fuerza, pues de otra forma nuestras peticiones muy rara vez serán escuchadas por aquellos que tienen el poder necesario para hacerlas realidad.

8. Los que niegan la inmortalidad del alma se hacen justicia.

Aunque en aquellos años la religión era un factor muy importante dentro de la sociedad francesa, era a causa de los filósofos de aquellos tiempos que muchas personas comenzaban poco a poco a desencantarse de aquellas ideas religiosas que hasta ese momento muchos habían poseído.

9. El gobierno de la revolución es el despotismo de la libertad contra la tiranía.

La revolución era un paso sin duda muy doloroso y que además costaría una gran cantidad de bajas pero Robespierre estaba totalmente convencido, de que era un paso totalmente fundamental para poder lograr el glorioso porvenir que su nación realmente se merecía.

10. Hay algunos hombres útiles, pero ninguno es imprescindible. Sólo el pueblo es inmortal.

Como individuos aislados todos somos débiles y eso es algo que Robespierre sin duda siempre tuvo muy presente.

11. El fundamento único de la sociedad civil es la moral.

Como sociedad es fundamental que todos nos respetemos entre nosotros, pues todos deberíamos saber que sin moral, sin respeto y sin principios una sociedad nunca podrá alcanzar su cenit.

12. Si la virtud es perfecta, tal vez el hombre sea el imperfecto.

Como seres humanos todos somos imperfectos, todos deberíamos tener muy claro que no hay ni una sola persona en el mundo que no posea un defecto del cual muy probablemente se avergüence.

13. Porque siento compasión por los oprimidos, no puedo sentirla por los opresores.

Si el opresor no es castigado los oprimidos nunca podrán ser debidamente recompensados, aquel que hace el mal siempre debería saber que más tarde o más temprano muy probablemente terminará pagando por sus actos.

14. Nací para combatir el crimen, no para gobernarlo.

Durante la revolución francesa se llevaron muchos actos a cabo que sin duda no deberían haber sucedido pero algo que Robespierre sabía muy bien, es que una revolución nunca puede ser controlada ni por una persona ni por un grupo en concreto de individuos.

15. Nada es justo más que lo honesto; nada es útil más que lo justo.

La justicia debía ser la misma para todos los franceses y gracias a aquella revolución, ese es un derecho que aún perdura hasta el día de hoy.

16. ¿Hasta cuándo el furor de los déspotas será llamado justicia y la justicia del pueblo, barbarie o rebelión?

El pueblo francés tomó la firme decisión de decir basta y los opresores fueron testigos, de hasta dónde había llegado el hartazgo de los que ellos hasta ese momento suponían sus lacayos.

17. Almas de fango, que no apreciáis más que el oro, no quiero tocar vuestros tesoros, por impuro que sea su origen.

Los derechos fundamentales son más importantes que cualquier riqueza material que podamos poseer pues sin ellos, ninguna persona puede ser realmente libre y dueña de sí misma.

18. Me honra saber que muchos me están recordando por las personas de todos los institutos, o sea, que me están diciendo las acciones que hago, es para estar orgulloso. ¿no?

Robespierre solo fue un simple ideólogo aunque sus palabras causaron un cambio radical en la población, el cual terminaría siendo fatídico para los monarcas y también terratenientes de aquella época.

19. La lástima es traición a la patria.

Aquel que hasta ese momento había hecho el mal hacia los demás no debía ser perdonado, pues de otra forma la sociedad francesa nunca podría avanzar con buen pie hacia el futuro que esta realmente se merecía.

20. Una gran revolución no es más que un crimen estruendoso que destruye a otro crimen.

Un pueblo oprimido siempre con el paso del tiempo terminará por revelarse pues la paciencia de un pueblo aunque es cuantiosa, más tarde o más temprano siempre termina por agotarse.

21. Si el resorte del gobierno popular en tiempos de paz es la virtud, el resorte del gobierno durante la revolución son, al mismo tiempo, la Virtud y el Terror; la virtud sin la cual el terror es mortal; el terror sin el cual la virtud es impotente.

Robespierre sabía muy bien que la revolución pasaba sí o sí por el uso de las armas pues de otra forma, esta nunca lograría cumplir con su objetivo.

22. Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo el más sagrado e indispensable de los deberes.

Si el estado no respeta nuestros derechos como ciudadanos tenemos el deber de intentar hacerlos respetar, esta es una máxima que este genial pensador siempre respetó a lo largo de toda su vida.

23. El peor de todos los despotismos, es el gobierno militar.

Robespierre sabía que de no ser completamente exitosa la revolución francesa el gobierno podía quedar en manos de los militares, un final que incluso era mucho peor que el presente que hasta ese momento los franceses habían vivido.

24. No podemos hacer una tortilla sin romper los huevos.

Ningún gran logro se puede llevar a cabo sin hacer las concesiones oportunas. El fin de una época gracias a la revolución supuso un nuevo comienzo para millones de franceses.

25. Si invocan el cielo, es para usurpar la tierra.

Según las ideas de Robespierre, ningún rey era el dueño legítimo de aquella tierra que pisaba, pues en una sociedad realmente justa como es lógico todos los hombres siempre nacen con los mismos derechos y obligaciones.

26. ¡El hombre ha nacido para la felicidad y para la libertad y en todas partes es esclavo e infeliz! ¡La sociedad tiene como fin la conservación de sus derechos y la perfección de su ser; y por todas partes la sociedad lo degrada y lo oprime! ¡Ha llegado el tiempo de recordarle sus verdaderos destinos!

El hartazgo de los franceses sin duda era muy importante en aquella época y en consecuencia, la sociedad dió un vuelco realmente radical como nunca antes lo había dado.

27. Cuando la tiranía se derrumba procuremos no darle tiempo para que se levante.

Los ideólogos de la Revolución francesa creían que como suele decirse muy comúnmente no debían dejar títere con cabeza, pues de otra forma, siempre se correría el riesgo de que una nueva monarquía pudiese florecer.

28. Es urgente que cada ciudadano sepa, con el fin de hacer valer y hacer cumplir lo que les corresponde, los derechos que adquiere por nacimiento. La ignorancia es la base del despotismo y el hombre es verdaderamente libre el día en que pueda decir a los tiranos: Retírate, soy lo suficientemente mayor para ser capaz de gobernarme a mí mismo!

Como podemos ver según este célebre pensador todos los seres humanos nacemos con los mismos derechos fundamentales y además también somos poseedores de la capacidad innata de autogobernarnos.

29. El terror no es más que la justicia rápida, severa, inflexible.

Aunque la revolución pasaba por cometer actos muy dolorosos, Robespierre sabía muy bien que era el único camino que los franceses podían tomar si deseaban alcanzar el futuro al que estos estaban predestinados.

30. Se puede derrocar un trono por la fuerza, pero solo la sabiduría puede fundar una república.

Un gobierno solo perdurará al paso del tiempo si este es justo e igualitario pues de otra forma, este volverá a ser pasto de las llamas al igual que le sucedió a su antecesor.

31. El rey debe morir para que el país pueda vivir.

Solo con la muerte del Rey Luis Francia podría ser realmente libre, este era un acto que por desgracia los revolucionarios no podían evitar.

32. Debemos temer el valor de nuestras opiniones, la flexibilidad de nuestros deberes.

Sin una determinación férrea Robespierre sabía que la revolución fracasaría pues los poderes fácticos del momento, eran tan poderosos que un gran derramamiento de sangre era algo que simplemente no se podía evitar.

33. Toda ley que viole los derechos inalienables del hombre es esencialmente injusta y tiránica, no es una ley en absoluto.

Este conocido abogado tenía la firme convicción de que la ley sólo debía existir para asegurar la igualdad entre los hombres y no para favorecer los intereses personales de ciertos monarcas o grandes terratenientes.

34. Se ha dicho que el Terror constituía la fuerza del gobierno despótico. ¿Se parece acaso el vuestro al del despotismo? El gobierno de la Revolución es el despotismo de la libertad contra la tiranía. ¿Hasta cuándo se seguirá llamando justicia a la violencia de los déspotas, hasta cuándo a la justicia del pueblo se llamará barbarie o rebelión? ¡Cuánta ternura para con los opresores, cuánta inflexibilidad para con los oprimidos! Todo aquel que no aborrezca absolutamente el crimen no puede amar la virtud: nada hay más lógico que esto. Piedad para la inocencia, piedad para los débiles, piedad para los desdichados, piedad para la humanidad.

En la sociedad francesa de la época los derechos humanos fundamentales aún no existían y por desgracia aquellos más pobres, eran maltratados una y otra vez durante todos los días de su vida.

35. Al definir la libertad, el primero de los bienes del hombre, el más sagrado de los derechos que le otorga la naturaleza, habéis dicho, con toda razón, que estaba limitada por los derechos de los demás, pero no habéis aplicado este principio a la propiedad, que es una institución social. Nuestra declaración parece hecha no para los hombres, sino para los ricos.

Eran muchos en aquellos tiempos que al igual que este célebre pensador poseían la opinión de que la sociedad era totalmente injusta y fué justamente ese pensamiento, el que terminó derivando en lo que más tarde se conocería como la revolución francesa.

36. Queremos reemplazar en nuestro país el egoísmo por la moral, el honor por la honradez, los usos por los principios, el decoro por el deber, la tiranía de la moda por el imperio de la razón, el desprecio de la desgracia por el desprecio del vicio, la insolencia por el orgullo, la vanidad por la grandeza de alma, al amor al dinero por el amor a la gloria, la buena sociedad por buena gente, la intriga por el mérito, la presunción por la inteligencia, la brillantez por la verdad, el cansancio de la voluptuosidad por el encanto de la felicidad, la ruindad de los grandes por la grandeza del hombre, un pueblo amable, frívolo y miserable por un pueblo sublime, poderoso y feliz, es decir, todos los vicios y todas las ridiculeces de la monarquía por todas las virtudes de la República.

La revolución era una herramienta la cual tenía la finalidad de terminar con todas aquellas grandes injusticias que hasta ese momento aquellos más ricos solían perpetrar y también debía asegurar, un futuro justo e igualitario para todos los ciudadanos del estado francés.

37. Es mucho más urgente hacer honorable la pobreza que proscribir la opulencia: la choza de Fabricio no tiene nada que envidiar al palacio de Craso.

La idea de que todos los ciudadanos deben ser respetados sin importar cual sea su posición económica, es algo que hoy en día todos le debemos a la tan conocida revolución francesa.

38. Hay dos clases de egoísmo. Uno, vil, cruel, que aísla al hombre de sus semejantes, que busca un bienestar exclusivo al precio de la miseria de los demás. El otro, generoso, bienhechor, que confunde nuestra felicidad en la felicidad de todos, que asocia nuestra gloria a la de la patria. El primero engendra los opresores y los tiranos; el segundo, los defensores de la humanidad.

Esta frase nos demuestra una vez más como Maximilien Robespierre era todo un soñador y su mayor sueño era que todos los franceses tuviesen las mismas posibilidades de poder ser felices en el transcurso de sus vidas.

39. Se pretende gobernar las revoluciones con las argucias de palacio; las conspiraciones contra la República siguen los mismos trámites que los procesos comunes. La tiranía mata y la libertad se ve obligada a pleitear; y la ley con que se juzga a los conspiradores se rige por el código que ellos mismos han hecho. La lentitud de los juicios equivale a la impunidad, la fluctuación de la pena estimula a todos los culpables.

En la práctica nadie tenía un control real sobre lo que sucedía durante la revolución, aquellos que la llevaron a cabo simplemente eran hombres comprometidos con unos ciertos ideales que tenían en común.

40. La debilidad, los vicios y los prejuicios son los caminos de la realeza.

Mientras que la población pasaba hambre los ricos y nobles vivían sus vidas con una gran opulencia y en gran parte fué a causa de ese estilo de vida, que muchos franceses decidieron actuar en su contra.

41. He temido a veces la posibilidad de quedar manchado a los ojos de la posteridad con las vecinas impurezas de tantos infames como se encontraban introducidos en las filas de los sinceros defensores de la humanidad. Comprendo que sea fácil para la liga de los tiranos del mundo hundir a un hombre solo.

Robespierre sabía que con el paso del tiempo podían terminar contando mentiras sobre él, pero esa fue una idea que nunca le logró disuadir.

42. En los Estados aristocráticos la palabra patria sólo significa algo para las familias patricias que han usurpado la soberanía. Sólo bajo un régimen democrático el Estado es realmente la patria de todos los individuos que lo componen.

Muchos de los derechos de los que hoy gozamos los debemos en gran medida a aquellos hombres valientes que decidieron luchar contra el poderoso, con la idea de poder instaurar en muchos países la democracia como hoy todos la conocemos.

43. Bajo el régimen despótico, todo es ruin, todo es mezquino, la esfera de los vicios, como la de las virtudes, es reducida. El poder de la calumnia se limitaba a dividir a los hermanos, a malquistar a los esposos, a edificar la fortuna de un intrigante sobre la ruina de un hombre honrado. No desataba revoluciones más que en las antecámaras y en los gabinetes de los reyes: la más noble de sus hazañas consistía en cambiar de puesto a un ministro o en desterrar a un cortesano.

La sociedad en la que vivía Robespierre era tan injusta que nadie nunca antes se había propuesto comenzar una revolución pues en caso de fracasar, aquellos que la habían comenzado sabían muy bien que indudablemente morirían en la horca.

44. Libertad, Igualdad, Fraternidad.

Esta es posiblemente la frase más célebre de este gran pensador y en la actualidad, esta cita representa los pilares básicos a partir de los cuales la sociedad francesa se ha construido.

45. Cuando la fuerza pública no hace sino secundar la voluntad general, el Estado es libre y pacífico. Cuando la contraría, el Estado está esclavizado.

Tanto militares como policías deben su poder a todos los ciudadanos y es por ello, que estos siempre deben velar por el interés general de la población.

46. Ciudadanos, ¿querían una revolución sin revolución?

Al comenzar la revolución muchos dudaron de ella, pero este conocido pensador siempre tuvo muy clara la idea, de que la revolución pasaba forzosamente por cometer ciertos actos de los que nadie en el futuro estaría orgulloso.

47. Al sellar nuestro trabajo con nuestra sangre, podemos ver al menos el amanecer brillante de la felicidad universal.

Robespierre sabía que las bajas en el bando revolucionario eran inevitables pero ese era el único camino que los franceses podían tomar si deseaban poder crear una sociedad más justa en el futuro.

48. La idea más extravagante que puede nacer en la cabeza de un pensador político es creer que basta con que la gente entre, armas en mano, entre un pueblo extranjero y espere que se adopten sus leyes y constitución.

Una guerra es una situación muy dolorosa la cual debe ser evitada a toda costa y hasta ese momento, los monarcas de la época comenzaban enfrentamientos bélicos continuamente sabiendo que nunca serían ellos los que morirían en el campo de batalla.

49. Cuando una nación se ha visto obligada a recurrir al derecho de insurrección, vuelve al estado de naturaleza en relación con el tirano. ¿Cómo puede el tirano invocar el estado de naturaleza en relación con el tirano? ¿Cómo puede el tirano invocar el pacto social? Lo ha aniquilado. La nación aún puede conservarlo, si lo cree conveniente, para todo conservando las relaciones entre los ciudadanos; pero el efecto de la tiranía y la insurrección es romperla por completo en lo que concierne al tirano; los coloca recíprocamente en un estado de guerra.

Según las ideas personales de este orador la idea de que francia tuviera un rey era algo simplemente rocambolesco y son muchos los que a día de hoy, siguen estando totalmente de acuerdo con él en este pensamiento.

50. Luis no puede ser juzgado; o ya está condenado o la República no está absuelta. Proponer llevar a Luis a juicio, de cualquier manera que se pudiera hacer, sería retroceder hacia el despotismo real y constitucional; es una idea contrarrevolucionaria, porque significa poner en contienda a la revolución misma.

Mantener al rey vivo era reconocer su superioridad y por eso asesinarlo, era el único camino que según Robespierre los revolucionarios en aquel momento podían tomar.

51. Es una grave contradicción suponer que la constitución pueda presidir este nuevo orden de cosas; eso sería asumir que él mismo había sobrevivido. ¿Cuáles son las leyes que lo reemplazan? Los de la naturaleza, el que es el fundamento de la sociedad misma: la salvación de los pueblos. El derecho a castigar al tirano y el derecho a destronarlo son lo mismo; ambos incluyen las mismas formas. El juicio del tirano es la insurrección; el veredicto, el colapso de su poder; la sentencia, lo que requiera la libertad del pueblo.

Como podemos ver según este ideólogo de la revolución francesa el rey Luis de Francia debía ser indudablemente ajusticiado pues de otra forma, la sociedad corría el riesgo de volver a cometer los mismos errores que ya había cometido en el pasado.

52. Muerte al villano que se atreva a abusar del sagrado nombre de la libertad o de las poderosas armas destinadas a su defensa, para llevar el luto o la muerte al corazón patriótico.

A partir de la Revolución francesa un sentimiento muy patriótico anidó en el corazón de la mayoría de franceses un sentimiento, que sin duda aún perdura en la actualidad.

53. El calor del cielo no es quizás la roca más peligrosa que tenemos que evitar; sino más bien esa languidez que produce la comodidad y la desconfianza en nuestro propio coraje.

Robespierre sabía que no había ningún dios que realmente secundase el poder rey Luis desde el más allá, la sociedad francesa debía despertar si deseaba alcanzar su máxima plenitud como pueblo.

54. En el sistema de la revolución francesa lo inmoral es descortés, y lo que tiende a corromper es contrarrevolucionario.

Las elites sabían que podían comprar con bienes materiales la lealtad de muchas personas y era esa gran capacidad de corromper los corazones, lo que realmente más asustaba a los ideólogos originarios de la revolución.

55. Deseamos, en una palabra, cumplir las intenciones de la naturaleza y el destino del hombre, cumplir las promesas de la filosofía y absolver a la providencia de un largo reinado de crimen y tiranía.

El feudalismo era algo que debía desaparecer pues ciertamente, todos los hombres y mujeres que en aquel momento habitaban francia eran totalmente merecedores de poder poseer los mismos derechos.

56. Deseamos en nuestro país que la moral sustituya el egoísmo, la probidad al falso honor, los principios a los usos, los deberes a las buenas costumbres, el imperio de la razón a la tiranía de la moda, el desprecio del vicio por el desprecio de la desgracia, el orgullo de la insolencia, la magnanimidad por la vanidad, el amor a la gloria por el amor al dinero, la gente buena por la buena compañía, el mérito por la intriga, el genio por el ingenio, la verdad por el espectáculo de oropel, los atractivos de la felicidad por el hastío de la sensualidad, la grandeza del hombre por la pequeñez de los grandes, un pueblo magnánimo, poderoso, alegre, para un pueblo amable, frívolo y miserable; en una palabra, todas las virtudes y milagros de una República en lugar de todos los vicios y absurdos de una Monarquía.

Es evidente que Maximilien Robespierre no era capaz de ver ni un solo aspecto positivo en la monarquía pues era evidente que bajo su opinión, esta era la creadora principal de la mayoría de los problemas que hasta ese entonces sufría la población.

57. La democracia es un estado en el que el pueblo soberano, guiado por leyes que son su propio trabajo, hace por sí mismo todo lo que puede hacer correctamente y, a través de los delegados, todo lo que no puede hacer por sí mismo.

La democracia es ciertamente uno de los sistemas más equitativos que existen siempre y cuando, eso sí, la corrupción política no logre alcanzar los máximos estamentos.

58. Si la fuente principal del gobierno popular en tiempos de paz es la virtud, la fuente principal del gobierno popular en la revolución es tanto la virtud como el terror.

El pueblo siempre tiene en realidad el control total del estado pues si este toma la decisión de revelarse, no habrá poder fáctico alguno que sea capaz de parar esa turba enardecida.

59. ¡Inglaterra! ¡Decir ah! ¡De qué te sirven a ti, Inglaterra y su depravada constitución, que tal vez te haya parecido libre cuando te hundiste en el más bajo grado de servidumbre, pero que ya es hora de dejar de alabar por ignorancia o costumbre!

Inglaterra no era en aquellos tiempos una nación muy inspiradora según las ideas de Robespierre, pues bajo su opinión personal el pueblo francés siempre fué mucho más digno de admiración en todos los aspectos (algo muy lógico teniendo en cuenta su nacionalidad).

60. Pero sí existen, les puedo asegurar, almas que son sensibles y puras; existe, esa pasión tierna, imperiosa e irresistible, el tormento y el deleite de corazones magnánimos; ese profundo horror de la tiranía, ese celo compasivo por los oprimidos, ese amor sagrado por la patria, ese amor aún más sublime y santo por la humanidad, sin el cual una gran revolución es sólo un crimen ruidoso que destruye otro crimen; sí existe, esa generosa ambición de establecer aquí en la tierra la primera República del mundo.

Durante aquellos años la sociedad estaba cambiando y las personas se estaban dando cuenta, de que su situación de servidumbre podía ser revertida si realmente lo deseaban.

61. Sin duda si todos los hombres fueran justos y virtuosos; si la codicia nunca se sintiera tentada a devorar la sustancia del pueblo; si los ricos, receptivos a las voces de la razón y de la naturaleza, se consideraran los tesoreros de la sociedad o hermanos de los pobres, no sería posible reconocer más ley que la libertad más ilimitada.

La democracia era vista antes de la revolución como una auténtica utopía un paraíso que como más tarde los franceses descubrirían, también poseía sus propias luces y sombras.

62. Se les han dicho cosas sobre los judíos que son infinitamente exageradas y, a menudo, contrarias a la historia.

Este célebre escritor era totalmente contrario a las ideas antisemitas que en aquellos años ya comenzaban a proliferar entre las personas, unas ideas que como todos sabemos con los años terminarían provocando la muerte de miles de personas en el continente europeo.

63. ¿Cómo podría basarse el interés social en la violación de los eternos principios de justicia y razón que son los cimientos de toda sociedad humana?

La monarquía se basaba en el poder incuestionable del rey por encima de todos sus vasallos una forma de organización que como vemos era para Robespierre al igual que para muchos de nosotros completamente injusta de principio a fin.

64. La gente siempre vale más que los individuos.

Aislados como individuos no tenemos ningún poder de actuación, pero actuando en grupo, las personas somos capaces de llevar a cabo actos que hasta ese momento parecían imposibles.

65. Cualquier institución que no suponga que el pueblo es bueno y el magistrado corruptible, es mala.

Las leyes sin duda deben proteger al conjunto de la población y por desgracia eso era algo que en la Francia de Robespierre muchas veces no sucedía.

66. Felizmente la virtud es natural en la gente, a pesar de los prejuicios aristocráticos.

Como seres humanos todos somos capaces de hacer tanto el bien como el mal y es por eso que la presunción de inocencia siempre debe estar garantizada en un estado de derecho.

67. Una nación es verdaderamente corrupta cuando, después de haber perdido gradualmente su carácter y su libertad, se desliza de la democracia a la aristocracia o la monarquía; esta es la muerte del cuerpo político por decrepitud.

Según este pensador la democracia era el único sistema político que merecía ser respetado pues este era el único que siempre aseguraba los derechos y la igualdad de todos los ciudadanos de un determinado estado.

68. ¡La muerte no es un sueño eterno!

Como vemos Robespierre no tenía una idea muy romántica sobre la muerte para él está simplemente siempre fué, el final de la persona que hasta ese momento habíamos sido.

69. La política del Gabinete de Londres contribuyó en gran medida al primer movimiento de nuestra Revolución.

Fue inspirándose en ideas extranjeras que los franceses decidieron poner fin a su sistema monárquico un dato que nos demuestra cómo las simples ideas son totalmente capaces de cambiar la vida de millones de personas.

70. Luis XVI…. Es un imbécil, digan lo que se diga de una reputación que se ha envanecido demasiado.

Como vemos el respeto fue algo que Robespierre llegado el momento decidió dejar de un lado, pues el hasta ese momento rey francés representaba una figura a la que él simplemente odiaba.

71. El objetivo del gobierno constitucional es preservar la República; la del gobierno revolucionario es sentar sus bases.

Al terminar la revolución Francia debía volver a construirse en este caso eso sí utilizando la frase igualdad, libertad y fraternidad como su máxima aspiración.

72. De ahí que todo lo que tienda a excitar el amor a la patria, a purificar los modales, a exaltar la mente, a orientar las pasiones del corazón humano hacia el bien público, debe adoptarlo y establecerlo.

El estado es el que debe fomentar una actitud correcta por parte de toda la población dando mayores alas a aquellos que dedican su tiempo a hacer el bien y poniendo palos en las ruedas de aquellos que consagran su tiempo en perjudicar al prójimo.

73. Si es por su salvación que toman las armas contra sus opresores, ¿cómo se les puede obligar a adoptar una forma de castigarlos que les represente un nuevo peligro para ellos mismos?

Era lógico que el pueblo francés en un momento dado se levantase en armas Robespierre solo fue en aquella época un simple espectador de algo sobre lo que él no tenía ningún control.

74. La gente no juzga de la misma forma que los tribunales; no dictan sentencias, lanzan rayos; no condenan a los reyes, los arrojan al vacío; y esta justicia vale tanto como la de los tribunales.

La justicia no siempre tiene porque llegar a través de los tribunales y más teniendo en cuenta, que la sociedad francesa era totalmente corrupta y la población era consciente de ello.

75. ¿Cuál es el primer objeto de la sociedad? Es mantener los derechos imprescriptibles del hombre. ¿Cuál es el primero de esos derechos? El derecho a la vida.

Todos tenemos derecho a vivir y aunque la revolución causó la muerte tanto del rey Luis como de todo su séquito, podemos estar seguros de que esto fué algo de lo que los revolucionarios nunca estuvieron orgullosos.

César Juárez

César Juárez

Doctor en Sociología

César Juárez (Dosrius, 1988) es licenciado en Sociología por la Universitat de Barcelona, donde también se doctoró. Es graduado en Psicología por la Universitat Ramon Llull. Ha trabajado en distintos ámbitos de la investigación, especialmente en procesos de inmigración y de desarrollo económico en países de América Latina. Su pasión por la escritura y la cultura le han llevado a formar parte de nuestra red de divulgadores.

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