Tardé un buen tiempo en comprender esa distinción. No porque sea difícil de entender. Sino porque entenderla obliga a revisar lo que uno creyó durante décadas que era su respuesta sexual natural. La confusión entre los dos fenómenos es uno de los malentendidos más caros de la educación sexual masculina en Occidente (caros en todo el sentido estricto de la palabra). No es un inocente error ni un privilegio de algunos pocos. Es la consecuencia directa de una cultura que redujo la sexualidad y el placer masculino a su función netamente reproductiva y llamó "clímax" a lo que, en términos neurológicos, es una descarga refleja muchas veces indeseada, pero se convierte en el santo grial ligado al orgasmo.
El santo grial del orgasmo
La multiorgasmia masculina no es un mito espiritual, ni el superpoder de algunos superdotados. Es una capacidad fisiológica que requiere disociar dos procesos consecutivos de la biología del hombre: la emisión del flujo seminal y la respuesta orgásmica del sistema nervioso (en síntesis, en lugar de distraerse comprende la presencia plena) El orgasmo es un evento neurológico, nervioso y energético donde se experimentan contracciones rítmicas de los músculos del piso pélvico, activación del sistema autónomo, liberación hormonal.
La eyaculación es la liberación mecánica del semen. En la mujer es raro que alguien confunda el orgasmo con lubricación (sin embargo, muchos hombres relacionan la lubricación femenina con excitación y no necesariamente es así). En el hombre ocurren casi al mismo tiempo, y eso bastó para tratarlos como una sola cosa durante siglos, aún hoy. No son la misma cosa.
Los antiguos textos taoístas ya describían lo que hoy se conoce como “control” eyaculatorio (el cual prefiero llamarlo dominio eyaculatorio), lo hacían desde una premisa práctica y directamente vivencial mas no mística: Notaron que la eyaculación recurrente agotaba una reserva de energía y lucidez que el cuerpo tardaba en recuperar. El concepto era el Jing, Chi o Ki la esencia vital. La idea no era la multiorgasmia per sé sino la longevidad y la energía: una distinción que los traductores occidentales del siglo XX entendieron mal casi sin excepción.
Lo que me interesó no fue la cosmología o la curiosidad que en sí se despierta del cómo es posible sino el método para comprobar su veracidad. Según la compilación del siglo X de textos médicos chinos describen las contracciones perineales, patrones respiratorios y técnicas de contención que hoy en día cualquier terapeuta o especialista de suelo pélvico reconocería sin necesidad de una traducción conceptual. La observación era sistemática y popular entre Monjes Tibetanos. Lo llamaban cultivo, yo lo llamo propiamente entrenamiento.
El Tantra llegó a conclusiones parecidas desde la India. Si el Taoísmo partía de la economía energética corporal, el Tantra partía de la sacralidad y la divinidad del cuerpo como vehículo hacía la iluminación como una forma de acercarse a Dios en la tierra. El semen no se evitaba por miedo al gasto sino porque podía transformarse en algo más útil que solo la reproducción.
La diferencia en teoría no cambia la convergencia práctica. De acuerdo con dos tradiciones, culturas y siglos distintos, la hipótesis en la experiencia es la cambia. Lo que cambia es la intención y algunos conceptos denominados por cada corriente.
Una mirada biológica
Desde la sexología somática el trabajo con la multiorgasmia masculina parte de una observación clínica bastante precisa: la mayoría de los hombres nunca ha tenido consciencia de su umbral eyaculatorio. Llegan a él, lo cruzan, y llaman a ese cruce "el orgasmo". El entrenamiento consiste, en parte, en aprender a distinguirlos antes de que sea tarde.
El músculo pubococcígeo y el bulboesponjoso son el mecanismo. No el único, pero sí el más accesible. Cuando un hombre aprende a sostener tensión pélvica acumulada sin colapsar en la contracción involuntaria que desencadena la eyaculación, el orgasmo puede completarse como experiencia neurológica sin que se active el reflejo. No es retención forzada. No es la técnica del "aguantar". Es disociación funcional entre dos procesos que la educación sexual trató como si fueran inseparables.
El trabajo somático agrega algo que la mecánica muscular no cubre: la tolerancia a la intensidad. La mayor parte de los hombres están entrenados para acelerar hacia el orgasmo, no para quedarse en él. Eso no es un rasgo de carácter. Es un patrón instalado, muchas veces en la adolescencia, con masturbación rápida y circunscrita al resultado. Desinstalarlo requiere más que ejercicios. Requiere disposición a no saber qué va a pasar en el cuerpo.
La dificultad real no es la técnica. Es de identidad y mentalidad.
La energía sexual masculina tal como la mayoría de los hombres la ha experimentado y como se promueve en nuestras sociedades occidentales que está promovida alrededor de la cantidad de descargas eyaculatorias como prueba de potencia sexual y del “hombre alfa buen polvo”.
Orgasmos intensos, veloces y mecánicos. El parámetro cultural del "funcionar bien". Explorar el orgasmo sin eyaculación implica salirse de ese parámetro, desafiarlo. Eso no ocurre solo con entrenamiento muscular del sistema reproductor masculino. Ocurre cuando el sistema nervioso se adapta a que el placer no tiene que terminar en eyaculación para ser real.
El Tantra masculino en ese sentido, no es performance sexual refinado. Es una reeducación de la relación entre el cuerpo, la consciencia y la energía sexual. El primer orgasmo sin eyaculación casi nunca se parece a lo que el hombre imaginó. Es más difuso, más sostenido, a veces desconcertante en su calidad y expectativas, es relativo. No hay una explosión a la que el sistema nervioso ni a la que la mente consciente estaban acostumbrados. Eso exige un cuerpo que pueda confiar en lo abierto, sin necesidad de cerrarlo.
¿Qué diferencia la eyaculación del orgasmo?
La diferencia más sistemáticamente reportada entre la eyaculación y el orgasmo sin eyaculación no está propiamente en la intensidad del orgasmo durante el clímax. Está en lo que ocurre justo después. La eyaculación convencional va seguida de un descenso hormonal marcado conocidos como fase o periodo refractario. El hombre por lo general se siente satisfecho, vaciado, muchas veces somnoliento. El ciclo se cierra y luego se repite.
El orgasmo sin eyaculación deja el sistema nervioso en un estado diferente: sin el mismo colapso de excitación, es un estado de excitación distinto, habitable sin la misma clausura. Algunos alumnos y otros hombres que se entrenan reportan claridad mental sostenida. Otros, una disposición erótica y una vitalidad que se mantiene activa durante horas. En los casos de lols hombres que desarrollan múltiples orgasmos en una misma experiencia, separados por segundos y sin periodo refractario (eyacular), están documentados clínicamente y son reproducibles con práctica, enfoque y entrenamiento adecuado.
El modelo de Masters y Johnson de los cuatro tiempos: Excitación, meseta, orgasmo, resolución. El modelo que lleva rezagado por décadas describiendo la respuesta sexual masculina como si la eyaculación fuera el único desenlace posible a cambio de menor vitalidad, menor expectativa de vida, menor lucidez mental. La sexualidad masculina tiene más posibilidades de experimentar el placer del que le enseñaron al hombre a limitar.


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