¿Qué es la credulidad? A grandes rasgos, consiste en la facilidad que tenemos para creer aquello que nos dicen los demás. Un científico cognitivo, Hugo Mercier, extrajo un total de 10 conclusiones muy interesantes en relación a este fenómeno. Según él, somos mucho menos crédulos de lo que se ha creído hasta ahora.

Este autor habla de la poca influencia que ejerce sobre nosotros/as la persuasión masiva que nos llega de la publicidad, de la política, de la religión… y por otro lado, menciona la influencia que sí ejercen personas cercanas a nosotros, y en las que confiamos.

No te pierdas este artículo si quieres conocer por qué, siempre según Mercier, en realidad nos creemos mucho menos de lo que se ha pensado siempre.

Credulidad: 10 conclusiones sobre ella

La credulidad consiste en la facilidad que tenemos las personas para creer las cosas que nos cuentan los demás. Lógicamente, existen diferentes grados de credulidad, ya que no todos somos igual de “crédulos” (es decir, hay gente que se lo cree todo, por ejemplo, y gente muy escéptica).

Hugo Mercier, un científico cognitivo del Instituto Jean Nicod de París, coautor del libro The Enigma of Reason (“El enigma de la razón”), decidió estudiar el fenómeno de la credulidad.

Según este investigador, no somos tan crédulos como nos han hecho creer hasta ahora, y ni las campañas políticas, ni la publicidad, ni la religión, ni, en definitiva, los intentos de persuasión masiva, nos influyen tanto como realmente se ha pensado hasta el momento.

Más allá de esta primera conclusión, Mercier elaboró hasta 10 conclusiones en relación a la credulidad. Son las siguientes.

1. “Yo no soy crédulo, pero el otro sí”

La primera conclusión de Mercier sobre la credulidad, a través de sus investigaciones, es la siguiente: las personas creemos que no somo crédulas, pero sin embargo, pensamos que los demás sí lo son. En psicología social, este fenómeno recibe el nombre de efecto de la tercera persona.

Así, a través de él, creemos que nosotros no nos dejamos influenciar por los anuncios, por los líderes políticos… pero que los demás sí. ¿Y si esto, de forma inconsciente, hace que seamos aún más influenciables…? (porque no estamos “en guardia”). Todo puede ser.

2. Las personas no somos crédulas

En la línea de lo anterior, Mercier también opina que la gente no es crédula, y que no es fácil de engañar.

Mercier hace alusión a diferentes estudios de psicología experimental vinculados a la credulidad, que demuestran cómo las personas no creemos todo aquello que nos dicen, sino más bien al contrario; consideramos diferentes variables que nos llevan a decidir hasta qué punto hemos de creer o no al/la otro/a (por ejemplo, creemos más las cosas que proceden de gente informada y competente, y también atractiva…).

Además, si lo que nos dicen no encaja con lo que pensamos (con nuestras creencias), a priori lo rechazamos.

3. Bajo poder de la propaganda política

Según Mercier, y también basándose en los estudios existentes hasta el momento, la propaganda que se emite en los régimenes totalitarios, no modifica nuestras creencias.

Según él, si nos adherimos a un partido o a un líder político extremista, por ejemplo, es porque tenemos un interés en ello, no porque nos hayan “convencido” de nada (es decir, no por nuestra credulidad).

Por otro lado, también sugiere que la propaganda política, en todo caso, acentúa nuestras creencias (les dota de fuerza), pero no las cambia radicalmente.

4. El fracaso de las campañas políticas

La siguiente conclusión que extrae Mercier en relación a la credulidad es que las campañas políticas fracasan en su pretensión de persuadir o convencer a los ciudadanos para que voten a un partido u otro.

Como mucho, ejercen influencia cuando los votantes tienen que decidir más allá de la “derecha o la izquierda” (y esta influencia es moderada). Como siempre, Mercier se basa en los resultados de las investigaciones, y cita un reciente metaanálisis que examina el efecto de las campañas políticas en los ciudadanos de los Estados Unidos. Este metaanálisis refleja los resultados anteriores.

5. Fracaso también de la publicidad

La publicidad es otra herramienta que podría ejercer su efecto sobre nuestra credulidad. Además, en general, se invierten muchos más millones de euros en publicidad que en campañas políticas.

Pues bien, otra conclusión a la que llega Mercier es que el efecto de la publicidad en nuestras decisiones tampoco es relevante. Según él, sosteniéndose en diferentes estudios (y algunos ya muy antiguos), los mensajes de la publicidad se pierden por el camino, porque llegan a la cabeza de personas sin credulidad.

6. Las personas “tontas” son más influenciables… falso

Otra conclusión muy interesante de Mercier, sobre el fenómeno de la credulidad, es que el hecho de presuponer que las personas “tontas” (o con un nivel intelectual más bajo) son más influenciables, es totalmente falso. Insistimos que, todo esto es según este autor.

Además, el mismo añade que, para poder influir en las personas, lo que debemos hacer no es evitar que piensen, sino precisamente lo contrario, estimularles a pensar más, ofreciéndoles motivos para que crean que tenemos razón.

7. Mitos, rumores… inofensivos

Otra idea sobre la credulidad, según el mismo científico, es que la mayoría de falsas creencias (o incluso creencias absurdas) son en realidad inofensivas.

Hablamos, concretamente, de los “bulos”, las leyendas, los rumores, los mitos… según Mercier, creemos que nos influyen, y creemos “que nos los creemos”, pero en realidad no influyen en nuestros pensamientos o comportamientos.

8. Transmitimos los mitos aunque no nos influyan

La octava conclusión de Mercier en relación a la credulidad, es la siguiente: aunque los mitos o las leyendas no influyen en nuestro comportamiento, sí lo hacen en uno de ellos; en el comportamiento verbal. Nos referimos al hecho de transmitir estos mitos o leyendas, de boca en boca, aunque no nos influyan realmente.

9. La gente es racionalmente escéptica

Otra de las ideas de mercier es esta: la gente no es que sea obstinada, es que es muy escéptica desde el punto de vista racional.

Así, si no nos ofrecen buenas razones (razones potentes) para cambiar de opinión o para pensar de una determinada manera, no lo hacemos. En cambio, si nos dan buenas razones (sobre todo personas cercanas), sí somos “facilmente” influenciables.

10. La sobrecarga de información nos vuelve incrédulos

La última conclusión del científico Hugo Mercier sobre la credulidad es que necesitamos más información para ser influenciables, y no menos, como siempre se ha pensado. Es una realidad el hecho de que estamos sobrecargados de información, y que nos bombardean con ella por todas partes a diario (sin ir más lejos, desde la publicidad o las redes sociales).

Pues bien, al no poder clasificar dicha información, ni ubicarla, ni reflexionarla… porque no tenemos tiempo (¡es imposible hacerlo, hay demasiada!) ni motivación para hacerlo, sencillamente seguimos instalados/as en nuestro escepticismo, y no la aceptamos como válida (no dejamos que nos influya).

Referencias bibliográficas:

  • De Vega, M. (1990). Introducción a la Psicología Cognitiva. Alianza Psicología. Madrid.
  • Mercier, H. y Sperber, D. (2017). The enigma of reason. A New Theory of Human Understanding.
  • Real Academia Española (RAE): Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.3 en línea]. https://dle.rae.es [Fecha de la consulta: 26 de enero del 2020].