https://pixabay.com/es/mano-mar-el-agua-ola-nubes-ayuda-792920/

En el año 1964, el caso de Kitty Genovese recorrió los periódicos de Nueva York y fue portada en el Times. La muchacha, de 29 años, regresó del trabajo a las 3 de la mañana y aparcó su coche cerca del edificio donde vivía. Allí, fue atacada por un perturbado mental que la acuchilló en la espalda varias veces. La muchacha gritó y uno de los vecinos oyó el grito. El vecino tan solo trató de ahuyentar el asesino tras su ventana. "¡Deje en paz a la muchacha!", pero no acudió a socorrerla o llamó a la policía. El asesino se marchó temporalmente, mientras Kitty se arrastraba, sangrando, hacia su edificio. 

El asesino volvió minutos más tarde cuando la muchacha estaba ya en la puerta del edificio. La acuchilló en repetidas ocasiones mientras ella gritaba. Cuando agonizaba, la violó y le robó 49 dólares. Todo el suceso duró aproximadamente 30 minutos. Ningún vecino intervino y solo uno llamó a la policía, para denunciar que una mujer había sido golpeada. Según el New York Times, hasta 40 vecinos oyeron los gritos. Según los registros oficiales, fueron 12. En el caso de Kitty Genovese es irrelevante si fueron 40 personas o 12. Lo relevante es: ¿por qué no ayudamos cuando sabemos que una persona necesita ayuda?

Kitty Genovese y la difusión de la responsabilidad

El caso de Kitty Genovese es extremo; sin embargo, vivimos rodeados de situaciones en las que ignoramos la ayuda que una persona necesita. Nos hemos acostumbrado a pasear entre indigentes, ignorar las peticiones de auxilio, escuchar gritos que no son socorridos, evadir gritos que nos pueden hacer sospechar que existe violencia doméstica o hacia niños. Sabemos que cada día ocurren no solo asesinatos sino maltrato. En muchas ocasiones, muy cerca nuestra. 

¿Qué es lo que nos lleva a evadir nuestra responsabilidad? ¿Realmente tenemos esa responsabilidad? ¿Qué mecanismos psicológicos intervienen en los procesos de ayuda?

Investigaciones

La muerte de Kitty Genovese sirvió para que los psicólogos sociales se hicieran estas preguntas y comenzaran a investigar. De estos estudios surgió la Teoría de la Difusión de la Responsabilidad (Darley y Latané, en 1968), en la cual se explicaba qué ocurre realmente en estas situaciones, desde la fase en la que nos damos cuenta o no de que existe una persona que necesita ayuda, a las decisiones que tomamos para ayudarla o no.

La hipótesis de estos autores era que el número de personas involucradas influye en la toma de decisiones para ayudar. Es decir, mientras más personas creemos que pueden estar presenciando esa situación, menos responsables nos sentimos para ayudar. Quizá por esto no prestamos habitualmente ayuda en la calle, donde hay un gran tránsito de personas, por más que alguien necesite ayuda, así como ignoramos situaciones muy extremas de pobreza. Este modo de apatía termina transformándose en una especie de agresividad pasiva, ya que al no ayudar cuando es necesario y responsable, realmente colaboramos en cierta manera con ese crimen o injusticia social. Los investigadores realizaron multitud de experimentos y pudieron demostrar que su hipótesis era cierta. Ahora bien, ¿existen más factores involucrados además del número de personas?

En primer lugar, ¿somos conscientes de que existe una situación de ayuda? Nuestras creencias personales son el primer factor para ayudar o no. Cuando consideramos a la persona que necesita ayuda como la única responsable, tendemos a no ayudar. Aquí entra en juego el factor de la semejanza: si esta persona es parecida a nosotros o no. Este es el motivo por el cual ciertas clases sociales no se prestan a ayudar a otras, ya que les consideran alejados de su estatus (lo cual es un modo de prejuicio social, un pequeño modo de locura alejada de la empatía y sensibilidad humana).

Ayudar o no ayudar depende de varios factores

Si somos capaces de detectar una situación donde una persona necesita ayuda y consideramos que debemos ayudarla, entran entonces en juego mecanismos de costes y beneficios. ¿Realmente puedo ayudar a esta persona? ¿Qué voy a ganar con ello? ¿Qué puedo perder? ¿Me veré dañado yo por intentar ayudar? Nuevamente, esta toma de decisiones está influida por nuestra cultura actual, excesivamente pragmática y cada vez más individualista e insensible.

Finalmente, cuando sabemos que podemos ayudar y estamos dispuestos a hacerlo, nos preguntamos: ¿debo ser yo? ¿No hay alguien más? En esta fase juega un especial papel el miedo a las respuestas de los demás. Pensamos que quizá los demás nos juzguen por querer ayudar a alguien, o nos consideren semejantes a la persona que necesita ayuda (la creencia de "solo un borracho se acercaría a otro borracho").

Los principales motivos que llevan a eludir la responsabilidad de prestar ayuda

Más allá de la Teoría de la Difusión de la Responsabilidad de Darley y Latané, hoy día sabemos que nuestra cultura moderna juega un papel clave para reprimir nuestra conducta pro-social, un modo de ser totalmente natural en los seres humanos, ya que somos seres sensibles, sociales y empáticos por naturaleza (todos nacemos con esas habilidades y las desarrollamos o no en función de nuestra cultura). Estos son los bloqueos para ayudar:

1. ¿Soy realmente responsable de lo que ocurre y debo ayudar? (creencia derivada del clasismo moderno, un prejuicio social)

2. ¿Estoy capacitado para hacerlo? (creencia derivada de nuestro miedo)

3. ¿Será malo para mí ayudar? (creencia derivada de nuestro miedo y también de la influencia del clasismo moderno)

4. ¿Qué dirán de mí los demás? (miedo, por cómo quedará afectado nuestro auto concepto, un modo de egoísmo)

Todos estos bloqueos pueden quedar atrás si nos planteamos que somos seres capacitados para ayudar, responsables para hacerlo como seres sociales y humanos, y ante todo, que nuestro beneficio es el hecho de ayudar más allá de lo que ocurra con el resto de personas. Recuerda que el liderazgo es la capacidad para influir positivamente en los demás, así que es bastante probable que el mero hecho de que una persona ayuda a otra, inspirará a los demás a hacerlo.

Concluyendo

¿Y tú? ¿Evades tu responsabilidad, o la afrontas? ¿Qué harías si detectas una situación de peligro para otra persona? ¿Cómo te gustaría ayudar a los demás? ¿Lo haces ya? ¿De qué forma?

Por un mundo más humano, bienvenido al mundo de la responsabilidad pro-social.