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​Los 8 pasos para sobrevivir a una conversación incómoda

Unos consejos para afrontar con éxito una interacción comprometida.

Xavier Molina

Xavier Molina

Tanto si estás pensando en comentarle a tu compañero de trabajo el asunto sobre su higiene personal, como si debes enfrentarte a una situación dramática en que alguien necesita que lo consueles porque algo grave ha ocurrido, es probable que te sientas empujado a permanecer en silencio

Es natural, puesto que este tipo de conversaciones suelen ser realmente incómodas.

¿Cómo afrontar una interacción incómoda?

Cuando hay un tema del que es inevitable escabullirse y no somos capaces de articular un discurso hacia esa persona, la incomodidad y la tensión ambiental pueden aumentar.

Una vez estés decidido a afrontar la situación, no olvides estos consejos que te ayudarán a lograr que la conversación pendiente no se convierta en un mal trago.

1. Evita los silencios

Las investigaciones revelan que, tras solamente cuatro segundos de incómodo silencio, nuestros niveles de ansiedad se disparan. Además, cuanto más ansioso te sientas, más te costará articular las palabras.

Para evitar esto deberías, en la medida de lo posible, planear la interacción con un poco de antelación. Si sabes qué quieres comunicar, tu mensaje será claro y nítido y vas a ahorrarte el malestar que genera una conversación entrecortada y con los temidos silencios.

2. Conversa en un lugar íntimo

No es buena idea tener una conversación relevante en un sitio concurrido y con distracciones (personas cerca, ruidos…). Busca un sitio privado donde poder sentirte relajado y donde no haya personas que puedan oírte o entrometerse.

Si es la otra persona quien empieza a hablar sobre ese tema incómodo antes que tú, sugiérele buscar un sitio confortable para poderlo discutir en confianza y sin injerencias externas.

3. Toma asiento

Cuando hay que hablar sobre un tema incómodo, es buena idea que estemos reposando en un sofá o silla. Nos sentiremos más cómodos, sobre todo si el tema es espinoso o puede dar lugar a una importante sacudida emocional.

Este es un aspecto que comentamos en el post: “¿Cómo dar una mala noticia? 12 claves emocionales”

Cuando te sientes junto (o frente) a la otra persona, intenta que estéis a la misma altura. Si te quedas de pie y la otra persona está sentada, darás una imagen de superioridad que puede ser muy negativa para el bien de la interacción.

4. Empieza con un toque de atención

Las conversaciones duras pueden ser igual de incisivas pero mejor recibidas si empleas un toque de atención previo. Por ejemplo, en lugar de decir: “Miguel, los demás trabajadores no podemos aguantar más de un minuto cerca de ti”, puedes empezar con una frase que suavice el contexto, como: “Miguel, lo que voy a decirte puede ser un poco difícil de encajar”.

Este matiz hace que la otra persona tenga unos segundos para prepararse mental y emocionalmente para lo que le contarás al cabo de un momento.

5. Acepta tu incomodidad como algo normal

Intentar negar la incomodidad puede causar el efecto contrario al deseado. Todavía podemos sentirnos más incómodos con la situación que debemos afrontar. Si te notas algo tembloroso, inquieto y eres incapaz de mantener contacto visual con tu interlocutor… acepta que estás un poco nervioso.

Es bastante recomendable que, en una situación de este tipo, puedas decir una frase que dé a conocer la incomodidad compartida con el interlocutor. Por ejemplo: “Me siento un poco incómodo hablando de esto”. Esto hará que tu interlocutor empatice contigo y es probable que el nivel de incomodidad baje.

6. Sé educado pero también directo

Es fundamental que logres expresarte con corrección y tratando de no faltar al respeto. Este es un consejo básico: debes ser cuidadoso si quieres que tu mensaje llegue a buen puerto. Sin embargo, puedes correr el riesgo de suavizar al límite tus palabras y esto puede generar un mensaje débil que no sea recibido con la contundencia necesaria por parte de tu interlocutor.

Por tanto, es interesante que te ciñas a los hechos, uses tu asertividad y hagas llegar un mensaje claro, sin demasiados circunloquios y yendo directo a la raíz del asunto.

7. Practica la escucha activa

La comunicación es cosa de dos. Debes dejar que tu interlocutor procese la información que le acabas de hacer llegar, con calma. Para ser un buen escuchador, es importante que seas receptivo a la hora de escuchar la contestación de la otra persona, intentando poner en común el asunto y tratando de resolver algunos puntos o malentendidos.

Si lo que acabas de expresar es especialmente duro, debes estar preparado para que la otra persona experimente (y exprese) emociones intensas. Estas pueden ir desde la vergüenza o la tristeza, hasta el miedo o la ira. En cualquier caso, debes intentar que la persona sienta que tiene un apoyo en ti, y darle un tiempo para que pueda afrontar la situación.

Saber más: “Escucha activa: la clave para comunicarse con los demás"

8. Lleva la conversación a un término claro

Las conversaciones incómodas pueden convertirse también en situaciones interminables y agobiantes donde pueden sacarse a relucir rencillas o asuntos del pasado, llevándonos una situación todavía más incómoda y absurda que solo redunde en más malestar y confusión.

Para evitar esto, debes tener preparada de antemano una manera de cerrar la conversación de un modo claro y conciso, además de explicitar qué es lo que esperamos que resulte de la conversación. Así estaremos “cerrando la situación” y haciendo llegar un mensaje concreto y unívoco sobre el sentido de la interacción. Si quieres que la otra persona dé explicaciones, házselo saber. Si quieres que la conversación termine sin más, también dilo.

Referencias bibliográficas:

  • Koudenburg, N., et al., Disrupting the flow: How brief silences in group conversations affect social needs, Journal of Experimental Social Psychology (2011), doi:10.1016/j.jesp.2010.12.006
Xavier Molina

Xavier Molina

Psicólogo social

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona. Máster en terapia cognitivo-conductual. Posgrado en Nutrición y Alimentación Sanitaria y Social por la UOC. Posgrado en Intervención psicosocial. Máster en Actividad Física y Salud por la UB.

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