Los movimientos feministas han sido tradicionalmente síntoma de las desigualdades sociales, económicas y políticas que se dan entre hombres y mujeres. 

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Sin embargo, una vez conseguido el derecho a voto y a la propiedad por parte de la mujer, el cometido del feminismo no ha terminado. Continúan existiendo ideas y maneras de pensar sexistas que, lejos de ser restos de etapas anteriores del desarrollo humano, parecen adaptarse a los nuevos tiempos y echar raíces en suelo no menos fértil hoy que ayer. Estos son algunos de estos supuestos machistas.

Sexismo oculto (5 ideas machistas en el siglo XXI)

1. Cada sexo tiene sus tareas, y son estas.

Se trata de un mito que la antropología ya ha refutado, en tanto que, si bien en todas las sociedades distinguen entre tareas de hombre y mujer, la asignación de un género a estos trabajos es arbitraria: lo que en una cultura es propio del hombre, en otra lo realizan las mujeres, y viceversa. 

En nuestro contexto, esta concepción sirve para justificar la idea del techo de cristal salarial, es decir, la dificultad de las mujeres para ascender laboralmente.

2. Adscripción de la mujer al ámbito privado - doméstico.

Tradicionalmente, la mujer ha estado definida por la esfera de lo privado, en contraposición a lo público, siendo este último el terreno en el que se desarrolla la política, las asociaciones y, en definitiva, lo social. 

La distinción privado-público es, pues, muy forzada, pero sólo existe para justificar la existencia de un espacio propio de la mujer, a fin de desligarla de los centros de decisión. Hoy en día, las mujeres son en muchas ocasiones definidas básicamente por su rol de amas de casa y madres, funciones que tal y como se plantean se encuentran en el centro de la familia nuclear y despegadas de la vida pública.

3. La falacia naturalista señala el lugar de la mujer.

Consiste en la asignación moral de "bueno" únicamente a elementos que se ven replicados en la naturaleza. Por ejemplo, la monogamia podría considerarse natural si se da en muchas especies de primates. La misma falacia que se utiliza para cargar contra la homosexualidad, puede ser utilizada en contra de mujeres que deciden no tener descendencia, pareja, etc. 

Sin embargo, incluso las opciones que se creen "naturales" no lo son, ya que al argumentar de este modo no puede evitarse un sesgo al destacar casos en los que la naturaleza actúa del modo que consideramos "apropiado" y descartar el resto en los que se da lo contrario.

4. La mujer empoderada es aquella que se adscribe a los roles masculinos.

Esto puede verse, por ejemplo, en la caracterización de heroínas de ficción: personas frías, que demuestran su fuerza física y nunca demasiado habladoras. La renuncia de lo femenino entendida como un paso hacia la plenitud implica que los valores que hoy se consideran femeninos son malos. 

Puesto que impera la idea de que a cada sexo le corresponde un género determinado, las mujeres que tiendan a la "masculinidad" tendrán menos capacidad para autoafirmarse que los hombres adscritos a los roles masculinos. En este caso, el sexismo conlleva la apropiación de unos clichés en detrimento de otros.

5. A las mujeres les gusta que se hagan juicios sobre su aspecto.

Esta idea parte del supuesto de que todas las mujeres tienen en común su necesidad prácticamente expresa de conocer las opiniones de terceras personas para conformar su identidad, mejorar su autoestima o agradar a los demás. En definitiva, la necesidad de ser definidas por los hombres.

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¿Más ideas sexistas que aún permanecen inamovibles?

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