Ruptura de pareja, no de familia

Varias ideas clave para evitar que la ruptura sea una separación radical que perjudique a los hijos.

Maria de Jesús Gutierrez

Maria de Jesús Gutierrez

Ruptura de pareja, no de familia

La ruptura de pareja generalmente conlleva un conjunto de consecuencias para los progenitores.

Por ejemplo, en la mayoría de los casos la separación implica menores ingresos económicos y un aumento de gastos, pues hay que pagar otra casa- Esto afecta a los niños, pues también se afectan económicamente, Y por eso es conveniente que los progenitores se pongan de acuerdo sobre cómo asumir la situación económica, sobre todo teniendo en cuenta el interés de los menores involucrados.

Pero también hay efectos psicoemocionales. Es común que la persona que no tomó la decisión de la separación presente sintomatología asociada al estrés, ansiedad y depresión. Si el estado emocional de uno de los progenitores es muy desajustado, es necesario asistir a consulta psicológica. Pero también pueden darse alteraciones psicológicas en los hijos, sobre todo en la infancia.

Alteraciones emocionales de los hijos vinculadas a la ruptura de sus padres

Estos son los problemas de tipo emocional que pueden darse en los menores en una situación así.

1. Sentimiento de culpa

En ocasiones los èqueños se sienten culpables o responsables de todos los problemas derivados de la separación, sobre todo cuando no se les explica lo que sucede.

2. Ansiedad y depresión

Cuando los niños no reciben apoyo adecuado y la asistencia constante de sus progenitores, muchas veces surgen estados de ansiedad y depresión.

3. Conductas regresivas

Se puede dar un retroceso en el desarrollo, que conlleva a emitir comportamientos de etapas anteriores: orinarse en la cama, chuparse el dedo, trastornos del sueño, apatía por ir a la escuela, llorar en exceso, rabietas...

4. Comportamientos disruptivos

Pueden aparecer comportamientos que supongan impulsividad y ruptura de normas de convivencia.

5. Sentimientos de frustración y rechazo

Los hijos rechazan que sus progenitores se separen manteniendo la esperanza de ver a su familia unida, y como consecuencia surge mucha frustración e incertidumbre.

6. Problemas escolares

Cuando los niños se encuentran ante la separación de los padres, en ocasiones baja su interés por las actividades escolares y prestan menos atención en clase.

¿Qué debemos tener presente?

No todos los niños sufren del mismo modo la ruptura, cada menor la vivirá de diferente forma y con diferente intensidad, ya que existen una serie de variables que pueden aumentar el riesgo de desajuste emocional.

Es necesario eliminar el conflicto y mantener una relación coparental positiva para que los niños no sufran las consecuencias negativas a largo plazo.

La edad determina la capacidad de comprensión y autorregulación de los niños y niñas frente a la separación parental. Los más pequeños tienden a tener problemas de conducta, y los mayores, competencias sociales. Es importante recordar que los desajustes son distintos para cada grupo de edad.

También hay que tener en cuenta cuál es el nivel de conflicto parental (antes, durante y después de la separación). Es importante recordar que es preciso minimizar el conflicto y no inmiscuir a los hijos.

La ausencia de una explicación adaptada a la edad del menor por parte de ambos progenitores sobre lo que sucede a su alrededor puede generar angustia, confusión e inseguridad.

Por otro lado, deteriorar la imagen del otro progenitor empeora la situación; los niños o adolescentes tienen derecho a tener una buena imagen de su padre o madre, para potenciar y mantener su ajuste emocional.

Además, cuando los padres carecen de estabilidad emocional las consecuencias negativas para los hijos serán perjudiciales. Por ello es importante buscar apoyo o asesoría psicológica

Tampoco hay que olvidar que es fundamental que los niños se sientan queridos por ambos progenitores con la libertad de dar afecto a su padre y madre y a su familia extensa. Impedirle la relación con los hijos o hijo a uno de los padres así como a la familia extensa (especialmente los abuelos) vulnera el derecho de los niños así como limita el apoyo que la familia extensa pueda prestar en el presente o en el futuro.

La presencia de una nueva pareja es importante en la vida de los hijos e hijas y es importante que tengan presencia en un tiempo prudencial para hacer presencia en la vida de el hijo o hijos. Además, que jamás debe ocupar el espacio del padre o madre.

Las discrepancias educativas pueden afectar terriblemente el desarrollo del niño. Es importante reducir esas diferencias para que no afecten a los hijos.

Por supuesto, el género de los progenitores no determina que alguno tenga más responsabilidades económicas que el otro como son el cuidado la educación de los hijos e hijas. Ninguno de los progenitores es mejor que el otro por el hecho de ser hombre o mujer o el que mas aporta económicamente.

Maria de Jesus Gutierrez Tellez

Maria de Jesus Gutierrez Tellez

Psicóloga Clínica

Profesional verificado

Ciudad de México

Terapia online

Diferentes modos de resolución de rupturas

La ruptura puede resolverse por vía judicial; sin embargo, es recomendable se haga por vía extrajudicial.

Judicial

Es una decisión judicial. Los progenitores optan por la vía contenciosa y mediante sus representantes acuden a los tribunales para que un decisor judicial resuelva el conflicto a través de una sentencia (que están obligados a cumplir).

Extrajudicial

Los progenitores, antes de iniciar el proceso judicial, de modo voluntario acuden a un servicio de mediación familiar. El mediador, de forma imparcial, les ayuda a llegar a acuerdos. Finalmente, los acuerdos a los que se llega son llevados a escritura pública.

Esto es lo que se llama copaternalidad positiva; la mediación familiar promueve la copaternalidad y conduce a las parejas a llegar a acuerdos más satisfactorios para todos. La coparentalidad es una forma de respetar los derechos de los hijos y cumplir con las obligaciones como progenitores. El ejercicio de coparentalidad obliga a ambos padres a responsabilizarse y participar en el desarrollo de bienestar de sus hijos e hijas en condiciones de igualdad.

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