Con un simple vistazo a las publicaciones de tus amigos o seguidores en redes sociales como Facebook o Instagram, podemos ver el modo en el que las personas reflejan su vida y su personalidad a través de las fotos y videos que suben.

No obstante, en estas redes no hay muestras de sufrimiento, penuria o tristeza en los perfiles de ninguno de sus miembros. Vemos multitud de fotos de caras felices, paisajes, sonrisas, frases de superación; y sin embargo no hay cabida para una realidad tan aplastante y cierta como lo es la existencia del dolor y sufrimiento humano en la vida de cada persona.

¿Qué sabemos realmente de los demás cuando vemos su perfil en las redes sociales? ¿Pueden estas plataformas virtuales decirnos cómo son las personas realmente?

Este mercado de las muestras de felicidad que encontramos cada vez que abres las redes sociales, puede ser visto desde una de las grandes teorías de la personalidad, la desarrollada por el sociólogo y escritor, Erving Goffman.

Erving Goffman y la personalidad creada por interacciones

Este autor desarrolla su obra alrededor de la creación de la personalidad a través de las interacciones con los demás. Defiende que gran parte de nuestra conducta depende de los escenarios interpersonales y suele tomar las formas de lo que queremos conseguir y de lo que nos interesa de nuestros interlocutores. Se trata de un manejo constante de nuestra imagen ante los demás.

Según Goffman, en la interacción se trata siempre de definir la situación de forma que permita ganar el control sobre las impresiones que los demás forman de nosotros. Desde esta perspectiva, la mejor definición que corresponde a la persona es la de un actor que interpreta un rol y que actúa a través de interacciones con los demás.

Desde esta teoría, la interacción consistiría en crear impresiones que permiten formar las inferencias que nos benefician y que reflejan las intenciones y los aspectos de la propia identidad que queremos comunicar, haciendo de la relación con los otros un continuo manejo de las imagen pública, una serie sucesiva de autopresentaciones.

La teoría de Goffman y las redes sociales

En la actualidad estas autopresentaciones podrían ser cada una de las fotos y vídeos que hacemos llegar a todos aquellos que nos siguen en las redes sociales, como una forma de conseguir crear una imagen positiva sobre los demás para obtener beneficios sobre los propios seguidores. Pero no solo eso serviría para vender nuestra imagen pública, sino también cada una de las interacciones que llevamos a cabo en el día a día.

El encuentro con el panadero al comprar el pan, el café diario con los compañeros de trabajo, la cita con aquella persona que te presentó un amigo... Cualquiera de estos escenarios supone la creación de impresiones y, en función de tu interpretación, las personas con las que interactúes te impondrán una personalidad u otra.

Desde esta perspectiva, la identidad es la forma de presentarse del sujeto en función de las ventajas y desventajas que tienen las posibles múltiples identidades del sujeto en un momento dado. En definitiva, la teoría de la acción social de Goffman explicaría un conjunto de roles que vamos interpretando en cada interacción con el objetivo de obtener beneficios y, sobre todo, de ser acogidos por la sociedad.

Goffman insiste en que tal juego de representaciones nunca transmite la identidad real, sino la identidad querida, por ello, la conducta humana se caracteriza por las técnicas de publicidad, marketing e interpretación, por lo que el modelo de Goffman refleja la importancia de que tiene la negociación como forma de interacción social.

El mercado de la imagen pública

Es fácil concluir que se trata de una teoría sobre la identidad algo maquiavélica y basado en lo superficial, lo estético y lo falso. No obstante, las semejanzas de las conclusiones de este autor con el mundo de las redes sociales y el trato personal, en el que no hay sitio para el sufrimiento y la desgracia sino que todo se oculta tras los productos de un supermercado de felicidad, apariencias y estética, son muy reales y es necesario tenerlas en cuenta. 

Al menos, para concienciarnos de que la persona detrás de esa cuenta de Instagram puede distar mucho de la persona que es en realidad.