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En ocasiones es el modo en el que nos relacionamos con los demás, y no tanto nuestro modo de pensar, lo que define de un modo más especial quiénes somos y cómo actuamos. 

Podemos explicar cuáles son nuestras motivaciones, nuestras metas y parte de nuestros problemas y preocupaciones fijándonos en cómo se expresa nuestra personalidad cuando estamos acompañados por más personas.

Y, en esas ocasiones en las que a la vertiente social se le suma la vertiente afectiva, es mucho más probable que nos acerquemos a una descripción más profunda y compleja de nuestra personalidad (o de la personalidad de otros). Así que si parte de nuestro modo de ser se expresa a través de la manera en la que nos comportamos cuando estamos dentro de una relación de pareja, ocurre lo mismo en ausencia de ella, y más concretamente cuando estamos solteros.

¿Qué tipos de soltería existen?

A continuación puedes ver una propuesta de cómo podría ser un sistema de clasificación de los principales tipos de soltería

No es una clasificación exhaustiva, y por tanto una misma persona puede presentar algunas características de más de uno de estos tipos, pero es un primer paso que puede ayudar a explicar los rasgos, propensiones y posibles problemas de las personas.

1. Solteros independientes

Este tipo de soltería está promovido por una valoración de los costes y beneficios de tener pareja

Las y los solteros de esta tipología tienden a valorar mucho la opción de vivir su propia vida sin ataduras y con mucho tiempo disponible para ellos solos, sin tener que ceder tiempo y espacio a otra persona. Dicho de otra forma, recelan de compromisos demasiado fuertes e intensos.

2. Solteros autosuficientes

Las personas solteras que pertenecen a esta categoría ni siquiera llegan a plantearse los costes y beneficios de tener pareja, porque sus hábitos de vida conllevan de por sí un grado alto de aislamiento y autosuficiencia

En este modo de soltería el estado por defecto es la soledad, aunque una soledad que no tiene por qué percibirse como algo negativo, ya que se interpreta como el estado normal de las cosas. Por lo tanto, es probable que estas personas permanezcan mucho tiempo estando solteras, en primer lugar por sus hábitos solitarios y en segundo lugar por su falta de interés en hacer que crezcan sus posibilidades de llegar a relacionarse más con otras personas.

3. Solteros aislados

Los y las solteras aisladas muestran muchas características que definen a las autosuficientes, pero con la diferencia de que estas sí perciben como un problema su soltería y por lo tanto preferirían romper con su dinámica de aislamiento. 

Sin embargo, el mismo hecho de estar acostumbradas a una forma de vida solitaria hace que les cueste aprender otros hábitos que las expongan más a las relaciones con los demás, y también es posible que por su falta de costumbre les cueste aprender algunas habilidades sociales útiles para formar y mantener lazos.

4. De baja autoestima

Estas personas quieren llegar a formar una relación de pareja, pero creen que no pueden no ya por sus hábitos o sus costumbres, sino porque creen que ellas, por su propio modo de ser, no valen lo suficiente como para llegar a tener esas oportunidades. Es decir, que independientemente de lo que puedan llegar a aprender o del modo en el que puedan llegar a cambiar, creen que nunca evolucionarán lo suficiente como para resultar atrayentes

Por supuesto, no hay ningún criterio objetivo para determinar el valor que tienen las personas, y por tanto este tipo de pensamientos son profundamente irracionales, pero eso no cambia el hecho de que suelan ser muy persistentes y afecten a muchas de las vertientes de la calidad de vida de uno mismo. Por lo tanto, este modo de soltería es uno de los síntomas de un problema más amplio que, de todas formas, muy probablemente se podrá corregir trabajando en una mejora de la autoestima.

5. Solteros existenciales

Los solteros pertenecientes a este grupo se caracterizan por un cierto pesimismo existencial, lo que significa que no creen que las relaciones de pareja signifiquen nada por sí mismas. 

Por tanto, ven de un modo frío y desapasionado la opción de llegar a tener relaciones emocionales íntimas con alguien, y aunque en ocasiones puedan disfrutar de las relaciones de pareja, serán conscientes de que el placer que encuentran en esos momentos lo construyen ellos con su propia manera de tomarse la relación, y no les viene dado por la otra persona.

6. Solteros ideológicos

Esta tipología de soltería es menos común, y se explica principalmente por una ideología que hace que la persona se imponga líneas rojas a la hora de conocer gente, o bien que rechace sistemáticamente a las posibles parejas o personas que considera atractivas. Este modo de pensar no está tan relacionado con la propia autoestima como con el modo en el que se interpreta la realidad y el funcionamiento de la sociedad. Por ejemplo, las personas que profesen ciertas religiones de manera muy intensa pueden ser muy exigentes con los tiempos que tiene que marcar el enamoramiento, o pueden prohibirse a sí mismas la posibilidad de tener pareja.

Este modo de soltería puede acarrear problemas cuando tanto la presión ideológica como los deseos de llegar a tener pareja son muy fuertes y producen mucha presión y ansiedad.

7. Solteros de transición

Estas personas creen que sus posibilidades de estar en una relación a corto o medio plazo son relativamente altas, y por lo tanto están casi siempre examinando a las personas de su entorno para decidir activamente cuáles resultan una mejor opción. Por lo tanto, interpretan el estado de soltería como una transición de una relación a otra.

8. Solteros por aprendizaje

Los solteros por aprendizaje son los que huyen de la idea de tener pareja a raíz de malas experiencias pasadas

Esta categoría podría englobar tanto a las personas que han desarrollado un discurso más o menos elaborado acerca de por qué no les conviene una pareja hasta aquellas que a causa de recuerdos traumáticos sienten un fuerte rechazo irracional y difícil de explicar ante la idea de estar en una relación de este tipo. En ocasiones, esta aversión a encontrar pareja romántica recibe el nombre de filofobia.

Tener pareja sentimental no debería ser una obligación

Nuestro legado cultural nos empuja a emparejarnos y a contraer matrimonio. Es necesario despojarnos de esta idea y construir nuestra vida en base a valores personales y a un criterio propio. Durante la última década, nuevas formas de amar (como el poliamor) han empezado a ganar protagonismo.

Desde luego, no es necesario vivir en pareja para poder ser feliz. Cada individuo debe encontrar su lugar en el mundo, su círculo de amistades y de relaciones, de forma libre. Tal vez de este modo podamos reinterpretar el concepto de soltería, tantas veces asociado a la soledad y el aislamiento.