Francisco Suárez fue un filósofo, teólogo y jurista español considerado el máximo exponente de la filosofía escolástica del siglo XVI. Miembro de los jesuitas, tuvo la oportunidad de estudiar en varias universidades viajando a todas partes de la cristiandad y difundir su filosofía.

Firme defensor de la fe católica en una época en que el protestantismo acababa de emerger y amenazaba al monopolio religioso de la Santa Sede en el mundo occidental, Suárez realizó múltiples trabajos para expandir el mensaje en defensa de la antigua fe.

A continuación descubriremos quién fue este filósofo español y veremos algunas pinceladas a su perspectiva metafísica, política y de derecho, a través de una biografía de Francisco Suárez.

Breve biografía de Francisco Suárez

Francisco Suárez de Toledo Vázquez de Utiel y González de la Torre, Doctor Eximius o más conocido brevemente como Francisco Suárez nació el 5 de enero de 1548 en Granada, Imperio Español; se crió en el seno de una familia acomodada de origen castellano que recientemente había tomado posesión como otros tantos habitantes de la Corona de Castilla de las tierras andaluzas. En su infancia Francisco Suárez aprendió latín en su propia casa teniendo como profesor a Juan Latino; en este idioma escribiría su obra.

Con el pasar de los años entrando en la adolescencia Suárez ingresó como novicio en la Compañía de Jesús de Medina del Campo en Valladolid. Más tarde, en 1561 se inscribió en la Universidad de Salamanca, en la que cursó derecho. El año 1564, tras haber sido rechazado en tres ocasiones de la Compañía de Jesús, fue admitido como uno de sus miembros. Tras ello, entre 1564 y 1566 estudiaría filosofía y durante los cuatro años siguientes se centraría en teología.

En 1571 inicia su actividad como docente en Segovia trabajando como profesor de filosofía. En 1575 fue pasante de teología en Segovia y Ávila y al año siguiente se instaló en Valladolid para impartir clases de teología durante cuatro años. En 1580 viajó hasta el centro de la Cristiandad misma, Roma. Allí sería acogido como profesor de teología en el Colegio Romano durante cinco años pero, lamentablemente y debido a su mala salud, se vio obligado a volver a España.

En su vuelva ejercería su magisterio en la Universidad de Alcalá de Henares, lugar en el que mantendría tensas y calurosas discusiones con el padre Grabriel Vázquez acerca cuestiones jurídico-morales y teológicas. Como profesor Francisco Suárez se apartaba de la norma de la época. Rehusaba de los métodos habituales considerándolos inadecuados para despertar el interés de los estudiantes. Planteaba nuevos problemas a sus estudiantes y promovía el estudio de las fuentes que mencionaba, invitando a reflexionar y criticarlas.

Llegado el 1590 vio la luz su libro “De verbo incarnato” y, dos años más tarde, publicaría “De mysteriis vitae Christi”, en los cuales comentaba algunos aspectos de la “Summa” de Santo Tomás. En 1593 volvió a la Universidad de Salamanca ejerciendo de docente, época en la que preparaba sus “Disputationes Metaphysicae”, que sería la cumbre de su carrera y vería la luz en 1597 en Salamanca.

En el año 1597 se trasladó a la cátedra de teología de la Universidad de Coimbra en Portugal. Durante el año 1599 vivió en Madrid tras el cierre de esa universidad y publicó en ese año “Opuscula theologica”. En ella expuso ciertas ideas que acabaron siendo controvertidas, sobre todo la de la confesión a distancia. Esto hizo que tuviera que dar explicaciones al papa Clemente VIII. No obstante, el papa Pablo V lo favorecería, saliendo en defensa de sus innovadoras ideas.

En 1612 publicó “De legibus” el cual sería otra de sus obras importantes. Un año más tarde, en mitad de la polémica iniciada por Jacobo I de Inglaterra, Francisco Suárez publicó su “Defensio fidei catholicae apostolicae adversus Anglicanae sectae errores” (Defensa de la fe católica y apostólica contra los errores de la secta anglicana), obra encargada directamente por el papa. En ella Suárez sostenía la teoría del poder indirecto del pontífice en asuntos temporales, contrariando la idea de que los reyes recibían su soberanía por decisión divina.

Esta obra hacía apología de que los ciudadanos estaban en su legítima decisión de protegerse contra un príncipe que se convertía en tirano, haciendo crítica a que si un gobernante cambiaba de fe y perseguía a su pueblo por razón de esta era justo que el pueblo respondiera. El texto no sentó bien en Inglaterra, siendo públicamente quemado en Londres por orden de Jacobo I y, también, en París en manos de los regalistas galicanos.

Dos años después de haber escrito su “Defensa de la fe católica” se jubilaría como catedrático en Coimbra y pasaría a pasar sus últimos años en Portugal. Fallecería el 25 de septiembre de 1617 con 69 años en la capital lusitana, siendo enterrado en la Iglesia de San Roque. A lo largo del siglo XVII aparecieron póstumamente algunas de sus obras, ls cuales hablan sobre la libertad del hombre. El extraordinario alcance de su pensamiento se mantuvo vivo durante casi dos siglos en la mayoría de las universidades europeas.

La filosofía de Francisco Suárez

Francisco Suárez es considerado el último gran pensador de la escuela escolástica renacentista, incidiendo sobre todo en la metafísica y la filosofía jurídica y política. Sabiendo que la escolástica se estaba quedando estéril, Suárez trató de ampliar el horizonte filosófico con nuevas concepciones y perspectivas, pero sin dejar de pensar que la filosofía debía seguir siendo cristiana y estar al servicio de la teología.

Se considera que su obra de las “Disputaciones metafísicas” traza la frontera entre los comentarios a Aristóteles y los estudios independientes sobre metafísica. Es esta obra la que se considera que constituye una verdadera enciclopedia de su saber filosófico y religioso. Debido a que intentó conciliar la gracia divina con el libre albedrío hay quienes ven en la figura de Francisco Suárez una especie de “segundo Aquino”.

La metafísica

La importancia de la figura de Suárez es que fue el primero en erigir un cuerpo sistemático metafísico al tiempo que los filósofos de su época parecían querer algo más que una serie de comentarios aristotélicos. Con la obra de Francisco Suárez la metafísica se convertía epistemológicamente en un ente autónomo, un campo del saber con cierta independencia teórica.

Su libro “Disputaciones Metafísicas” es la obra que recoge toda su filosofía de forma exhaustiva. Pese a que se considera que Suárez fue el último gran sistematizador del pensamiento escolástico es, a su vez, precursor de orientaciones y temáticas que adquirirían gran importancia en el pensamiento filosófico moderno del siglo XVII.

En esta obra aparecen más de 200 autores citados, haciendo referencia directa a sus obras. Analiza y discute todo tipo de teorías filosóficas, siempre desde una óptica respetuosa. Habla de Santo Tomás de Aquino, Platón, la filosofía árabe, los tomistas, los escotistas, los filósofos del Renacimiento, los maestros de Salamanca... prácticamente ningún hombre de amplio conocimiento filosófico anterior a su época es omitido en la obra de Suárez aunque, claro está, todos ellos pertenecientes a Occidente o culturas cercanas.

Teniendo conocimiento de todo tipo de teorías, y sobre todo de las que se habían definido dentro de la escolástica (tomismo, escotismo y nominalismo ockhamista) Suárez compila y, en parte, moderniza la filosofía de su tiempo.

Política y derecho

Francisco Suárez expresa su pensamiento jurídico-político en diversas obras, sobre todo “De legibus” (1612) y “Defensio fidei catholicae” (1613). A grandes rasgos se basa en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, pero aun así la profundidad con la que expone sus pensamientos le da mucha originalidad.

Suárez parte de la misma definición de Santo Tomás a la hora de hablar de la ley, pero la ve como excesivamente amplia. Para él, la ley debe restringirse al ámbito de lo humano, hablando por un lado de la ley eterna, de razón divina, y la ley natural, que sería universal y humana. Suárez concibe a la ley como un aspecto que debe ser tanto producto del entendimiento como de la voluntad. Debe ser un precepto común, justo y estable, que tenga consenso. La ley debe dictar lo que es justo y para que una ley sea justa debe cumplir con las tres condiciones siguientes:

  • Que se promulgue para el bien común
  • Que se promulgue entre todos aquellos sobre los que el legislador tenga autoridad
  • Que distribuya las cargas de manera equitativa

Además, explica ideas sobre la sociedad en la que debe aplicarse la ley. La primera forma social es la familia, que considera que es una agrupación imperfecta desde la cual se pasa a la formación de una sociedad mediante un pacto expreso, voluntario y general que busca el bien común. Pero para que la ley pueda establecerse adecuadamente es necesario que se establezca una comunidad de autoridades y súbditos, por ello es necesario que se creen instituciones que alberguen la autoridad, entendiendo que nunca recibirán el poder de Dios de forma directa.

La delegación del poder político no significará la renuncia del pueblo a sus derechos primordiales y, de hecho, los gobernantes no podrán actuar en contra del pueblo bajo ningún concepto. Si el príncipe, rey o cualquier autoridad se vuelve contra sus súbditos, el pueblo tiene derecho a pararle los pies puesto que el gobernante no lo es porque Dios lo haya escogido, sino porque el pueblo así lo ha permitido. Esta idea se ha interpretado como una crítica sutil a las monarquías absolutistas vigentes en su época.

Referencias bibliográficas:

  • Ferrater Mora, J. (1953). Suárez and modern philosophy. Journal of the History of Ideas, 14(4), pp. 528 - 547.
  • Rábade Romeo, S. (1997). Francisco Suarez : (1548-1617) ([1a. ed.] ed.). Madrid: Ediciones del Orto.
  • Bergadá, M. M. (1950). El aporte de Francisco Suárez a la filosofía moderna. (pp. 1921-1926). Buenos Aires: Universidad Nacional de Cuyo.