Durante años, Aitana fue la artista que lo sentía todo a flor de piel: las lágrimas en Operación Triunfo, las canciones de desamor, la euforia de los estadios. Ella misma cuenta que antes lloraba por cualquier cosa. Por eso llama la atención lo que acaba de confesar en una entrevista con GQ: lleva dos años tomando antidepresivos y siente que parte de sus emociones se han quedado, en sus palabras, «un poco… anuladas». Hoy le cuesta mucho llorar, salvo cuando se hace daño físico, y bromea con que se siente como Cameron Diaz en The Holiday, suplicando que le salgan las lágrimas. Ese cambio, reconoce, la está frustrando especialmente a la hora de componer.
La cantante explica que el año pasado intentó reducir la medicación, pero no salió bien y tuvo que volver a la pauta anterior. Ahora le gustaría dejarla, aunque insiste en que no es algo que vaya a decidir sola: lo hará junto con su psiquiatra y, dada su agenda, prefiere esperar a que pasen los próximos meses. Incluso ha escrito una canción sobre ello para su próximo disco, aunque le daba miedo que la tacharan de desagradecida. Lo resume así: «Echo de menos llorar». No es que añore estar mal, aclara, sino tener las emociones a flor de piel. Su testimonio describe con bastante precisión un fenómeno que la psiquiatría conoce bien: el aplanamiento emocional. En el artículo de hoy analizaremos qué es, qué dice la investigación sobre él y por qué, pese a lo incómodo que pueda resultar, la decisión de reducir o retirar un antidepresivo debe tomarse siempre con un profesional.
¿Qué es el aplanamiento emocional?
El aplanamiento emocional es la sensación de que las emociones se han vuelto menos intensas: cuesta llorar, reír a carcajadas o emocionarse como antes, tanto con lo malo como con lo bueno. En inglés se conoce como emotional blunting, y es uno de los efectos secundarios descritos de algunos antidepresivos, sobre todo de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), los más recetados.
Quienes lo viven suelen describirlo como una especie de distancia con lo que sienten. Las preocupaciones pesan menos, lo que puede ser un alivio en plena depresión, pero también se atenúan la alegría, el entusiasmo o la ternura. Aitana ya lo había anticipado en 2025, en una entrevista con Jenesaispop: contó que su psiquiatra le había explicado el efecto de la medicación como si las emociones llevaran unas almohadillas que impiden que se disparen hacia arriba o hacia abajo. Para alguien que vive de transmitir emociones, esa pérdida de matices puede resultar especialmente difícil.
Conviene distinguirlo de la anhedonia, la dificultad para disfrutar de las cosas, que es uno de los síntomas propios de la depresión mayor. No siempre es fácil saber si la falta de emoción procede del fármaco o de la propia depresión, y por eso es importante comentarlo con el profesional que hace el seguimiento.
- Te recomendamos leer: "Los 5 efectos secundarios de los antidepresivos"
Lo que dice la ciencia sobre este efecto
La investigación confirma que el aplanamiento emocional es frecuente entre las personas que toman antidepresivos, aunque su origen exacto todavía no se conoce bien. Es un efecto real, no algo que la persona imagine.
Uno de los estudios más citados lo publicaron en 2017 el psiquiatra Guy Goodwin y su equipo en el Journal of Affective Disorders. Encuestaron a 669 personas con depresión que tomaban antidepresivos, y alrededor del 46 % afirmó experimentar aplanamiento emocional. Los autores observaron que el efecto estaba relacionado en parte con la propia depresión, pero también con el tratamiento, y que muchas personas lo percibían como una de las causas de su malestar con la medicación. Años antes, en 2009, un estudio cualitativo de Joanna Price, Victoria Cole y el mismo Goodwin, publicado en el British Journal of Psychiatry, había recogido testimonios de pacientes que describían sentirse desconectados de sus emociones, en términos muy parecidos a los de Aitana.
¿Por qué ocurre? Una de las hipótesis estudiadas es que los ISRS, al modificar la acción de la serotonina, influyen en los sistemas cerebrales que procesan las recompensas y el castigo. En 2023, un equipo de la Universidad de Cambridge dirigido por Christelle Langley y Barbara Sahakian publicó en Neuropsychopharmacology un experimento con 66 voluntarios sanos: quienes tomaron durante tres semanas un ISRS de uso habitual mostraron una menor sensibilidad a las recompensas en una tarea de aprendizaje que quienes tomaron placebo. El estudio se hizo con personas sin depresión y durante poco tiempo, por lo que no puede trasladarse directamente a la práctica clínica, pero aporta una pista sobre el mecanismo.
¿Por qué no hay que dejar los antidepresivos por tu cuenta?
Porque retirar un antidepresivo de forma brusca o sin supervisión puede provocar síntomas de discontinuación y aumenta el riesgo de que la depresión vuelva. Reducir o retirar la medicación es una decisión clínica que debe tomarse con el profesional que la prescribió, como subraya la propia Aitana.
Los síntomas de discontinuación pueden incluir mareo, dolor de cabeza, náuseas, insomnio o irritabilidad. La revisión más amplia sobre el tema la publicó en 2024 en The Lancet Psychiatry el psiquiatra Jonathan Henssler, de la Charité de Berlín, a partir de 79 estudios con más de 21.000 pacientes. Según recogía The Pharmaceutical Journal, cerca de un tercio de quienes dejaban un antidepresivo presentaba al menos un síntoma. Sin embargo, como parte de esos síntomas también aparecía en quienes dejaban un placebo, los investigadores calcularon que solo en torno a uno de cada seis o siete pacientes sufre síntomas atribuibles directamente a la retirada del fármaco, y que los síntomas graves afectan aproximadamente a uno de cada 35.
El otro riesgo es la recaída. En el ensayo ANTLER, publicado en 2021 en el New England Journal of Medicine, la investigadora Gemma Lewis y su equipo siguieron durante un año a 478 personas que se encontraban bien tras un tratamiento prolongado con antidepresivos. La mitad continuó con la medicación y la otra mitad la fue retirando de forma gradual sin saberlo. La recaída fue más frecuente en el grupo que dejó el fármaco (56 %) que en el que lo mantuvo (39 %). Eso no significa que nadie pueda dejar la medicación, sino que hacerlo requiere un plan y un seguimiento.
- Te recomendamos leer: "ISRS: tipos, funcionamiento y efectos de este antidepresivo"
¿Cómo se retira un antidepresivo de forma segura?
La retirada segura se hace de forma gradual, a lo largo de semanas o meses, según un plan individualizado que diseña el profesional sanitario. No existe una pauta única válida para todo el mundo: depende del fármaco, del tiempo de tratamiento, del momento vital y de cómo responde cada persona.
Las guías clínicas, como la del Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica del Reino Unido (NICE), actualizada en 2022, recomiendan reducir la dosis poco a poco y vigilar la aparición de síntomas. Algunos investigadores, como Mark Horowitz y David Taylor, han propuesto en The Lancet Psychiatry que las reducciones sean cada vez más pequeñas a medida que la dosis baja, porque los últimos tramos pueden ser los más delicados. Que Aitana tuviera que volver a la pauta anterior al intentar reducirla es, en este sentido, algo que ocurre con frecuencia: no indica un fracaso, sino que el ritmo de la retirada debe ajustarse. Su decisión de esperar a una etapa con menos carga de trabajo también encaja con lo que suelen aconsejar los profesionales: elegir un momento estable para hacer cambios.
Si estás pensando en dejar tu medicación, lo más útil es hablarlo abiertamente con tu psiquiatra o médico: contarle por qué quieres hacerlo, qué efectos te molestan y en qué momento vital estás.
¿Qué se puede hacer si notas las emociones apagadas?
Lo primero es contarlo. El aplanamiento emocional es un efecto que merece atención clínica, y el profesional puede valorar distintas opciones según cada caso, desde ajustar el tratamiento hasta reforzar el acompañamiento psicológico.
Algunas personas temen que mencionar este efecto se interprete como desagradecimiento hacia un tratamiento que les ha ayudado, el mismo miedo que Aitana confiesa haber sentido al escribir su canción. Pero comunicar cómo te sientes con la medicación forma parte del proceso. Puede ayudarte anotar durante unas semanas cómo vives tus emociones, en qué momentos notas más la falta de intensidad y qué aspectos de tu vida se ven afectados, como en su caso la creatividad.
La psicoterapia también puede ser un apoyo importante. La cantante cuenta que, además de su psiquiatra, trabaja con una psicóloga, y que su depresión no se explica por un exceso de trabajo, sino por la forma en que empezó a entender la vida y lo que la rodea: dudas sobre su lugar en el mundo, sobre si está aprendiendo lo suficiente o sobre no haber estudiado una carrera. La medicación puede ayudar a estabilizar el ánimo, pero ese tipo de preguntas se trabajan en terapia. Si además convives con ansiedad, como ella ha contado en otras ocasiones, este acompañamiento puede ser especialmente útil.
Hablar de salud mental sin miedo
Que una de las artistas más populares de España hable de antidepresivos con esta naturalidad tiene un valor que va más allá de su caso. Durante mucho tiempo, la medicación psiquiátrica se vivió en silencio, como algo que había que esconder. Testimonios como el suyo ayudan a normalizar que pedir ayuda y tomar un tratamiento no es un signo de debilidad. Pero también muestran algo menos habitual: que se puede agradecer lo que un fármaco ha hecho por ti y, al mismo tiempo, echar de menos partes de ti misma. Ambas cosas pueden ser verdad a la vez.
Quizá la lección más valiosa de su testimonio no sea la frase sobre el llanto, sino la que viene después: que la decisión la tomará con su psiquiatra, y cuando sea el momento. En una época en la que abundan los consejos de salud en redes sociales, recordar que los cambios en la medicación se deciden en consulta es casi un acto de responsabilidad pública. Sentir menos durante un tiempo puede ser el precio de recuperar la estabilidad, y volver a sentir más es un objetivo legítimo que merece hacerse con calma y bien acompañado.
Si estás tomando antidepresivos y tienes dudas sobre sus efectos, habla con tu médico o psiquiatra antes de hacer cualquier cambio. Si buscas acompañamiento psicológico, puedes encontrar un profesional en el directorio de Psicología y Mente de España, México o Colombia. Si en algún momento tienes pensamientos de hacerte daño, pide ayuda: en España, llama al 024 o al 112; en México, a la Línea de la Vida (800 911 2000) o al 911; en Colombia, al 123. Fuera de estos países, puedes encontrar líneas de ayuda en Find A Helpline.
Este contenido es educativo y no sustituye la terapia ni la valoración de un profesional sanitario. Nunca modifiques ni suspendas una medicación sin supervisión médica.







