Un tipo de tumor que puede desarrollarse en el cerebro. Wikimedia Commons

“Tienes un tumor”. Probablemente se trate de una de las frases que más tememos oír cuando vamos al médico a hacernos un chequeo o nos hacen pruebas por un problema del que no sabemos la causa. Y es que el cáncer es una de las enfermedades más temidas a nivel mundial, siendo una de las más conocidas y principales causas de muerte en todo el mundo y uno de los principales desafíos de la medicina junto al SIDA y la demencia.

De entre las múltiples localizaciones en que puede aparecer, el cerebro es una de las más peligrosas, ya que incluso una tumoración benigna no cancerosa puede provocar graves efectos e incluso la muerte. Dentro de los diferentes tipos de tumores cerebrales existentes, uno de los más habituales son los astrocitomas, de los cuales vamos a hablar en este artículo.

¿Qué son los astrocitomas?

Denominamos astrocitoma a toda aquella neoplasia o tumor formada principalmente por astrocitos, uno de los principales tipos de células gliales que alimentan y dan soporte a las neuronas. Dicho tumor es pues una masa de astrocitos que se produce ante un crecimiento y proliferación anómala, patológica y descontrolada de uno de los tipos de tejido glial presentes en en el sistema nervioso, tratándose de uno de los principales tipos de tumor cerebral.

Los astrocitomas son tumores cuyos síntomas pueden variar enormemente en función de la localización o localizaciones en las que aparezcan, si comprimen otras áreas cerebrales, su capacidad proliferativa o si se infiltran en otros tejidos o se autolimitan. Sin embargo, a nivel general es habitual encontrar la existencia de cefaleas, náuseas y vómitos, sonolencia y fatiga, alteración de la conciencia y confusión. También es relativamente frecuente que aparezcan alteraciones de la personalidad y de la conducta. Fiebre y mareos son también habituales, así como alteraciones de peso sin razones para ello, problemas de percepción y lenguaje y pérdidas de sensibilidad y movilidad, e incluso convulsiones. Es también posible, especialmente cuando se dan en niños, que se generen malformaciones y que se altere la anatomía craneofacial tanto intracraneal como extracraneal.

Este tipo de tumoración puede presentarse, al igual que ocurre con otros tumores, de manera circunscrita a una región o estructura concreta o de manera difusa, teniendo la primera mucho mejor pronóstico que la segunda. Por lo general no suelen producir metástasis hacia otras áreas del organismo más allá del sistema nervioso, si bien sí se expanden dentro de dicho sistema.

Diagnóstico

El diagnóstico de estos tumores es complejo, siendo necesario realizar diversos procedimientos. En primer lugar es necesario realizar una biopsia del tumor, la cual nos permitirá coger una muestra del tumor cerebral, siendo en la actualidad realizadas mediante estereotaxia. Posteriormente será necesario realizar un análisis fenotípico e histológico para comprobar el tipo de tejido del que estamos hablando, así como su comportamiento. Finalmente será necesario valorar la capacidad proliferativa, con el fin de poder terminar de determinar su grado y capacidad de infiltración.

Causas

Al igual que ocurre con el resto de tumores cerebrales, las causas de los astrocitomas son en su mayoría desconocidas. Sin embargo, algunos trastornos hereditarios pueden facilitar su aparición, como por ejemplo la neurofibromatosis. También la infección con el virus Epstein-Barr o la aplicación previa de radioterapia debido a otro tumor parecen ser factores de riesgo para desarrollarlos.

Clasificación según grados

El término astrocitoma, como ya hemos indicado anteriormente, agrupa al conjunto de tumores o neuplasias constituidos principalmente por astrocitos. Pero dentro de los astrocitomas podemos encontrar diversas clasificaciones y divisiones, en función entre otros criterios de su grado de malignidad y proliferación. En este sentido, podemos observar la existencia de cuatro grados de severidad

Grado I

Se consideran astrocitomas de grado uno todas aquellas tumoraciones cuya principal característica es su benignidad. Peso a ello pueden generar graves problemas e incluso ser mortales o generar discapacidad dependiendo de si crecen y provocan el aplastamiento de partes del encéfalo contra el cráneo. Se trata de tumores poco comunes, predominantemente infantiles, que cuentan con la ventaja de tener un muy elevado grado de supervivencia y resultar relativamente fáciles de tratar. En muchos casos basta con la resección quirúrgica. Un ejemplo de tumores de este grado lo encontramos en el astrocitoma pilocítico.

Grado II

Al contrario que los astrocitomas de grado I los de grado II sí son propiamente cáncer, siendo tumores malignos. Los astrocitomas de grado dos agresivos, mucho más complejos de tratar y considerándose malignos y expansivos. Suelen generar crisis epilépticas, observándose lesiones difusas. Generalmente en este grupo se incluyen los astrocitomas difusos, entre los cuales los más habituales podemos encontrar los astrocitomas fibrilar, gemistocítico y protoplasmático. Son el tipo de astrocitoma de bajo grado más habitual.

Grado III

Los astrocitomas de grado tres resultan un tipo de tumor maligno que tiene una elevada capacidad de proliferación y de infiltración hacia otras estructuras. El más conocido es el astrocitoma anaplásico. Es frecuente que se trate de la evolución de uno de los anteriores tumores e incluso que evolucione hacia un tumor de grado cuatro.

Grado IV

Se consideran de grado cuatro los astrocitomas que resultan más invasivos, agresivos e infiltrantes, expandiéndose rápidamente a otras áreas del cerebro. El astrocitoma más típico y conocido con este grado de malignidad es el glioblastoma multiforme, siendo de hecho el tipo de neoplasia cerebral más frecuente. El pronóstico suele ser fatal y la esperanza de vida se reduce en gran medida.

Los dos más frecuentes

A continuación se explicitan algunas de las características más frecuentes de algunos de los dos tipos de astrocitoma más habituales y conocidos.

Glioblastoma multiforme

El más frecuente de todos los astrocitomas y uno de los tumores cerebrales más frecuentes (alrededor de un cuarto de los tumores cerebrales diagnosticados son glioblastomas) es también el más agresivo y de peor pronóstico. Se trata de un tumor en el que las células están pobremente diferenciadas, que se reproduce a gran velocidad y prolifera a nivel vascular generando la muerte y degeneración de otras estructuras por necrosis. La esperanza de vida no suele superar el año y tres meses. Puede ser primario, apareciendo por sí mismo, pero generalmente es una evolución de alguno de los tumores de menor grado de malignidad.

Astrocitoma anaplásico

El segundo de los tipos más conocidos y malignos, estamos ante un astrocitoma de grado III que tiende a infiltrarse en el tejido que le rodea sin terminar de destruirlo, apareciendo un engrosamiento de estas. Suele generar edema alrededor de la zona afectada, si bien no suele generar necrosis. La supervivencia es mayor que en el glioblastoma, aunque solo alrededor un 20% sobrevive más de cinco años. Se ha discutido si existe una predisposición genética hereditaria en algunos sujetos debido a que algunos síndromes hereditarios predisponen su aparición.

Tratamientos

El tratamiento de un tumor cerebral como los astrocitomas es algo que debe ser planeado cuidadosamente, teniendo en cuenta que estamos ante una intervención que puede generar alteraciones en diferentes regiones cerebrales más allá de la directamente afectada por el tumor. Sin embargo, aún si se produjeran alteraciones secundarias, la prioridad debe ser la integridad

La cirugía con el fin de realizar la resección del tumor es una de las principales modalidades de tratamiento para los astrocitomas, siendo el tratamiento inicial a aplicar en prácticamente todos las cosas y tras el cual se van a aplicar otras terapias que eliminen los restos del tumor o impidan su expansión. Sin embargo, en ocasiones no será posible la resección completa, como ocurre en los casos en que el tumor se localiza en el tallo cerebral (dado que su resección podría provocar la muerte del sujeto al controlar esta área funciones vitales).

Esta resección se lleva a cabo tanto en tumores de bajo grado como en los de alto grado, a pesar de que en los últimos es frecuente que se produzcan recidivas y infiltraciones en otras áreas cerebrales. Esto es debido a que incluso en estos casos la resección puede mejorar las capacidades mentales del paciente que quedaban mermadas por la presión del tumor. Una vez eliminada la máxima cantidad posible de tumor, suelen emplearse radioterapia y quimioterapia para combatir los restos de células cancerosas.

En el caso de la radioterapia, estamos ante la aplicación de elevadas dosis de radiación sobre tejidos cancerosos con el fin de destruir las células y reducir o terminar de eliminar tumores, y.se ha visto muy efectiva en los tumores de grado elevado de malignidad. Hay que tener en cuenta la necesidad de centrar la radiación únicamente en el área cancerosa, puesto que de emplearse de manera generalizada se destruirían de manera excesiva una gran cantidad de células sanas.

La quimioterapia es la aplicación de potentes sustancias químicas y fármacos empleados para combatir el tumor, generalmente a través de la inhibición de la proliferación del tumor al aplicar sustancias que impiden la división celular y la reparación del ADN. Entre dichas sustancias podemos encontrar la temozolomida, la ifosfamida, el etopósido, el carboplatino o la lomustina.

A nivel psicológico también es recomendable la intervención, especialmente cuando se dan síntomas y alteraciones de la ansiedad y del estado del ánimo. La psicoeducación es fundamental, especialmente en aquellos casos en los que el único tratamiento posible es únicamente paliativo y/o se encuentran en fase terminal. También es imprescindible contar con un espacio seguro y confiable en el que poder solucionar dudas y expresar sentimientos y miedos sin temor a ser juzgado, algo frecuente en este tipo de enfermedad. Asimismo, existen terapias como la terapia psicológica adyuvante, la terapia de innovación creativa o la terapia de visualización que pueden ser aplicadas con el fin de ayudar al sujeto a tener mayor percepción de control sobre su enfermedad.

Referencias bibliográficas:

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