Distinguiendo entre estas dos alteraciones psicológicas. Unsplash.

Cada uno de nosotros es único e irrepetible. Cada uno de nosotros tiene su propia manera de ver el mundo, de pensar, de relacionarse con los demás, de vivir, de actuar. Cada uno de nosotros tiene su propia personalidad, adquirida a lo largo de la vida a través del aprendizaje acumulado a partir de nuestras experiencias (si bien existe cierto componente genético que nos predispone a ser de determinada manera). Ninguna de ellas es mejor o peor que las demás.

Sin embargo, en ocasiones la personalidad se desarrolla de tal modo que genera características que hacen que en nuestra relación con nosotros mismos o con el mundo experimentemos un profundo sufrimiento o lo provoquemos a los demás, o bien que no podamos adaptarnos al medio y relacionarnos de forma eficiente.

Estamos hablando de trastornos de la personalidad, de los cuales uno de los más severos y dolorosos es el trastorno límite de personalidad o TLP. Pese a que por lo general tiende a confundirse más con el trastorno bipolar, lo cierto es que con frecuencia algunos aspectos de su sintomatología se asemeja a la propia de la depresión mayor y no es infrecuente que aparezcan de manera comórbida.

Esto hace que a veces depresión y TLP se confundan o no se separen correctamente, pese a que son problemáticas distintas. Con el fin de ayudar a distinguirlas, a lo largo de este artículo vamos a destacar algunas de las principales diferencias entre depresión mayor y trastorno límite de la personalidad, explicadas de manera que sean fáciles de comprender.

El trastorno límite de la personalidad: definición básica

Entendemos por trastorno límite o borderline de la personalidad (TLP) a aquel tipo de personalidad el cual se caracteriza por la existencia de un muy elevado nivel de inestabilidad a nivel afectivo, con una vivencia extrema y una gran dificultad en el reconocimiento y gestión de las emociones, y que suele cursar con la existencia de profundos sentimientos de vacío y una elevada impulsividad.

Por lo general existe un nivel de autoestima muy bajo, con marcada percepción de inutilidad y de falta de valor así como una percepción del otro que puede oscilar entre la veneración y el desprecio. Es habitual que exista un gran miedo al abandono y se lleven a cabo conductas desesperadas para no serlo, así como que aparezcan frecuentes conflictos y peleas en sus relaciones sociales. Existen dificultades especialmente en el manejo de la ira, y no es infrecuente que existan síntomas disociativos y de integración de la identidad.

También son frecuentes conductas autolesivas, así como pensamientos recurrentes de muerte e incluso intentos de suicidio. Estamos hablando de un trastorno de la personalidad, dado que a pesar de que este patrón de conducta, percepción y pensamiento se ha ido estableciendo a lo largo de la vida resulta profundamente desadaptativo para quien lo padece al limitar el funcionamiento del sujeto, o bien le genera un elevado nivel de malestar y sufrimiento psicológico.

La depresión mayor

En lo que respecta a la depresión mayor, se trata de unos de los trastornos o alteraciones psicológicas más frecuentes en todo el mundo. La presencia de una depresión implica la aparición, durante casi todo el día casi todos los días como mínimo durante dos semanas, de un estado de ánimo triste y severas dificultades para percibir placer o satisfacción en la realización de actividades por lo general apetitivas para la persona.

También es habitual que se presenten una gran pasividad, clinofilia o tendencia a quedarse tendido en la cama, gran sensación de culpa, problemas de sueño y de apetito e incluso pensamientos de muerte y suicidio.

Habitualmente quienes padecen depresión llegan a tener una percepción de indefensión aprendida, en la que existe desesperanza respecto a si la situación que viven puede mejorar. Aparecen sesgos cognitivos en la relación con uno mismo, con el entorno y con el futuro. Asimismo suelen manifestarse problemas de atención, tendencia al ensimismamiento y la rumiación y un progresivo aislamiento y reclusión. La depresión supone un profundo sufrimiento para aquel que la padece, además de implicar una gran alteración y limitación de la funcionalidad en el día a día.

Principales diferencias entre depresión mayor y trastorno límite

La depresión mayor y la personalidad borderline o límite tienen mucho en común: en ambos casos existen sentimientos de tristeza y desesperanza, inestabilidad emocional, tendencia al llanto y una tendencia a presentar sesgos cognitivos aversivos.

También se trata de trastornos en los que pueden aparecer pensamientos y conductas autodestructivas, y en el que suele existir en mayor o menor medida cierta sensación de vacío. De hecho, es muy habitual que las personas con trastorno límite de la personalidad desarrollen depresiones, siendo uno de los trastornos con los que tiene mayor comorbilidad.

Sin embargo, se trata de constructos diferentes, los cuales tienen características distintivas que permiten que podamos separar ambos conceptos. Algunas de las diferencias más marcadas son las siguientes.

1. Relación con la estructura psíquica del sujeto

Una de las principales diferencias entre depresión y trastorno límite de la personalidad tiene que ver con el nivel de vinculación que tiene la alteración con la manera habitual de funcionar del sujeto. Una depresión puede ser más o menos larga y afectar más o menos a la manera de ser de quien la padece mientras dura, pero por norma general implica la existencia de una diferencia con respecto a la manera habitual de funcionar, pensar o sentir del sujeto.

En el caso del trastorno límite de personalidad estamos ante una alteración de la personalidad, es decir el patrón de pensamiento, percepción y actuación de la persona que ha ido adquiriendo a lo largo de la vida. Así, las características propias de una persona con este trastorno están mucho más integradas en su manera de hacer habitual, al ser de hecho parte de su personalidad.

Esto no quiere decir que no pueda cambiarse (al fin y al cabo la personalidad puede cambiar), pero implica un proceso terapéutico por lo general más complejo y que requiere de un esfuerzo para el cambio por parte del sujeto, reestructurando poco a poco su manera de ser y ver el mundo.

2. Foco del malestar

Tanto en la depresión como en el trastorno límite de la personalidad es habitual que exista sensación de tristeza, angustia y sufrimiento. Sin embargo, mientras que por norma general en la depresión el sufrimiento y la tristeza se derivan de pensamientos vinculados a la pérdida y la sensación de culpa, en el caso de la personalidad límite el suele relacionarse más bien con conflictos con respecto a la propia identidad o a la presencia de relaciones de dependencia/independencia para con otras personas.

3. Percepción de la propia identidad

Vinculada a la anterior, otra diferencia entre ambas alteraciones se relaciona con la existencia de alteraciones en la percepción y asunción de la propia identidad. Si bien en una depresión la persona puede llegar a dudar o criticar su posición vital y quién es, por lo general mantiene una idea de sí mismo infravalorada pero coherente con su identidad.

En el caso del trastorno límite es más frecuente que la propia persona tenga severas dificultades para aceptarse a sí mismo y gran parte de su malestar se derive de problemas de identidad, en la cual se observan grandes incoherencias y que suele incluir la sensación de estar vacíos y/o no ser nadie.

4. Dependencia-independencia

Las relaciones interpersonales son también un aspecto diferencial entre ambas entidades. Es posible que en una depresión aparezca cierta dependencia hacia otra persona o que el cese de una relación en una persona dependiente pueda causar una depresión, pero sin embargo el tipo de relaciones sociales que se establecen no son un elemento fundamental del trastorno.

Sin embargo, en el caso del trastorno límite prevalece en gran medida la búsqueda y mantenimiento de relaciones y el miedo o pánico a ser abandonados, con lo que la tendencia generalizada es la de mantener relaciones de dependencia hacia los seres queridos.

5. Interpretación de estímulos neutros

Es habitual que tanto en el caso de la depresión como en la personalidad límite existan sesgos cognitivos negativos, poniendo un mayor foco en la información aversiva y existiendo por lo general creencias negativas sobre uno mismo, el mundo que les rodea y el futuro.

Sin embargo, se ha observado que en el caso de las personas con personalidad límite existe no solo una priorización de la información negativa sino también la interpretación aversiva de la mayor parte de información ambigua o neutra.

6. Dificultades en la gestión de la ira

Otra de las diferencias perceptibles entre trastorno límite y depresión mayor se da en que, por norma general, las personas con personalidad límite tienden a tener grandes dificultades a la hora de gestionar la ira, con reacciones fuertes e incluso explosivas a la frustración y el enfado. Si bien en algunos casos en la depresión también se dan reacciones de hostilidad y rabia, suele tratarse más bien de una descarga puntual que una dificultad general a la hora de gestionarla.

Referencias bibliográficas:

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