Casi todas las personas han vivido o vivirán algún episodio de estrés o de insomnio a lo largo de sus vidas.

Sin embargo, aunque estas dos patologías tienen cosas en común e incluso pueden presentarse de manera conjunta, la realidad es que tienen características que las hacen muy diferentes. Vamos a repasar todas esas cualidades para comprender mejor ambos conceptos, a través de un resumen sobre las diferencias entre el insomnio y el estrés.

¿Cuáles son las diferencias entre estrés e insomnio?

Para poder conocer las diferencias entre estrés e insomnio, lo primero que debemos hacer es definir cada uno de estos elementos.

El estrés es una respuesta fisiológica a una situación de amenaza, que puede ser puntual o bien mantenerse en el tiempo, por lo que pasaría de ser una respuesta adaptativa, en el primer caso, a una patología, en el segundo, que puede tener consecuencias para la salud física y mental de la persona que sufre un estrés continuado.

De hecho, existe una catalogación entre diferentes tipos de estrés en los que se distingue el origen del mismo y por lo tanto la utilidad de la reacción fisiológica del organismo. En el primer caso, hablaríamos de estrés positivo, o eustrés, en el que nuestro cuerpo se prepara para enfrentarse a una situación que requiere de un esfuerzo extra. La otra tipología sería el estrés negativo, o distrés. En este caso, la activación fisiológica supera los niveles de nuestro equilibrio, y es cuando aparece la sintomatología negativa.

Para seguir distinguiendo las diferencias entre estrés e insomnio, vamos a definir ahora el segundo elemento. Se trata de una alteración del sueño que se puede manifestar de diversas maneras, ya sea como dificultad para dormirse al inicio de la noche, tener un sueño ligero que hace que nos despertemos reiteradamente, o bien despertarnos muy temprano y ya no ser capaces de volver a dormirnos. Como ocurre con el estrés, el insomnio puede aparecer como un episodio aislado, por diferentes causas, o bien manifestarse en fases agudas e incluso crónicas, cuanto más se mantenga en el tiempo.

Aunque pueda parecer un problema leve, el insomnio puede tener repercusiones muy graves en la persona que lo padece, si no se enmienda la situación a tiempo, pues el carecer de un sueño reparador a lo largo de un periodo continuado puede provocar secuelas a nivel orgánico, psicológico y en todas las áreas de la vida del sujeto. Para evitar llegar a esta situación existen diferentes terapias con un buen grado de eficacia, aunque lógicamente, la mejor solución será ir a la raíz del problema y atajarlo.

El estrés como causa del insomnio

Una de las diferencias entre estrés e insomnio es que muchas veces una puede preceder a la otra. La forma más común de que esto suceda es que sea una situación de estrés continuada la que acabe desembocando también en una alteración del sueño y por tanto en el temido insomnio. Y es que el estrés puede presentar una sintomatología muy amplia, mayormente con indicadores de ansiedad, pero también de depresión, un descenso en la capacidad de concentración, y dificultades para conciliar un sueño reparador.

En este caso, sería importante tomar medidas para lograr paliar los efectos del insomnio y resolverlo cuanto antes, pues sin un descanso adecuado, difícilmente van a surtir efecto el resto de tratamientos aplicados. Pero, siendo el estrés la causa de la alteración del sueño, es lógico suponer que la mejor manera de que este acabe remitiendo es precisamente actuar frente a la situación que está creando ese estrés mantenido en el tiempo, de manera que, una vez desaparecida la amenaza, los niveles de activación fisiológicos se reduzcan.

Por supuesto, esto no siempre es sencillo y desgraciadamente muchas veces nos enfrentamos a situaciones estresoras en nuestro día a día, en el trabajo, en nuestras relaciones familiares que en cierto grado escapan a nuestro control. La clave para poder hacer frente a las mismas sería la actitud con la que nos enfrentamos a ellas, y muchas veces un adecuado tratamiento psicológico puede proporcionarnos las herramientas que necesitamos para poder asumir situaciones de la vida sin que resulten tan estresoras.

Y es que muchas situaciones no son estresoras por sí mismas, sino que dependen de las circunstancias de cada persona y de sus características personales, su historia de aprendizaje, etc. Por lo tanto, si aprendemos a gestionar una situación que, en un primer momento nos resulta amenazante, pero que con el entrenamiento adecuado somos capaces de gestionar sin sufrir una desbordante activación fisiológica, es de suponer que facilitaremos la desaparición de toda la sintomatología, y con ella, el insomnio.

El insomnio como causa del estrés

Siguiendo en la línea de descubrir las diferencias entre estrés e insomnio, también encontramos otra situación, menos habitual, pero también posible. Y es que en ocasiones puede ser el insomnio el primer factor en aparecer y que esto provoque una situación en el paciente que facilite el surgimiento del estrés, por lo que estaríamos hablando de una situación inversa al caso anterior, y por lo tanto la manera de atajarla sería también diferente.

En este caso, el padecer problemas para dormir de manera continuada podría traducirse, entre otras cosas, en un alto nivel de ansiedad y frustración, ya que la falta de descanso nos haría tener problemas para afrontar situaciones que en otros momentos no supondrían ningún reto, debido al descenso de recursos que nuestro organismo tendría para gestionar diferentes eventos. Esto podría acabar generando que apareciese el temido estrés, y por lo tanto fuera una consecuencia del insomnio, y no una causa.

Pero muchas veces los acontecimientos no son tan lineales, sino que se establecen círculos viciosos en los que un desequilibrio en la vida de la persona genera ambos trastornos, bien a la vez, o bien porque uno desencadena el otro y a la vez se retroalimentan. Parece complicado, pero en realidad es algo muy habitual. Una persona que comience a vivir situaciones de alta demanda podría empezar a sufrir estrés, y que esto le desencadenase problemas para dormir, apareciendo el insomnio.

Pero es que a su vez, este insomnio le restaría recursos para una gestión del estrés que ya le estaba causando muchas dificultades, lo que agravaría esa activación fisiológica, y por lo tanto también lo harían los síntomas, entre ellos el insomnio. Es evidente que esta es una situación que no puede mantenerse en el tiempo, pues el desgaste físico y mental que suponen para el sujeto es enorme, constante y cada vez mayor. Necesitará, por lo tanto, ayuda tanto médica como psicológica para lograr regresar a la estabilidad.

Han quedado claras entonces varias de las diferencias entre estrés e insomnio, y es el patrón de aparición entre ambas, pudiendo una de las patologías anteceder a la otra, presentarse por separado, o bien aparecer al mismo tiempo y provocar que una agrave la situación de la otra, siendo esta la situación más delicada de todas las posibles y la que requiere una atención más temprana y más eficaz para poner fin cuanto antes a la espiral de retroalimentación en la que se ha entrado.

El uso de cannabinoides para tratar insomnio y estrés

En referencia a los casos más severos de estrés combinado con insomnio, se han hecho estudios al respecto para evaluar la utilidad del uso de cannabinoides en el descenso de toda esta sintomatología.

En concreto nos centraremos en el estudio de Próspero et al, de 2011, realizado en México. En esta ocasión se trabajó con ratas de laboratorio, a las que se les indujo un estado de estrés crónico a través de un proceso químico. Para ello se les inyectó una dosis de dexametasona mientras estaban en proceso de gestación.

De esta manera, las crías nacían con una peculiar condición, y es que frente a un estímulo estresor, actuaban de forma desproporcionada, por lo que se podría decir que habían adquirido una actitud de evitación ante los riesgos. A continuación se iniciaba un proceso por el cual se lograba el estado de estrés crónico y de insomnio que buscaban para poder realizar el experimento, y entonces se aplicaban los endocannabinoides para poder observar los efectos en las patologías.

Lo que se observó fue un notable descenso en la sintomatología que previamente habían generado, por lo que los autores concluyen que este elemento tuvo un papel fundamental en la mejoría del estrés y del insomnio por causas emocionales (que es el causado por el estrés), por lo que invitan a seguir investigando para poder encontrar otro método, en este caso farmacológico, que ayude a las personas que sufran de estas problemáticas en su día a día.

Referencias bibliográficas:

  • Del Río, I.Y. (2006). Estrés y sueño. Revista Mexicana de Neurociencia.
  • Escobar-Córdoba, F., Folino, J.Ó., Eslava-Schmalbach, J. (2008). Síntomas de estrés postraumático y trastornos del sueño en un grupo de mujeres adultas de Bogotá. Universitas Médica.
  • Próspero, G., Méndez, M., Ruiz, A.E., Alvarado, I., Rosenthal, L. (2011). Insomnio, estrés y canabinoides. México. Salud Mental.
  • Valdés, M., De Flores, T. (1985). Psicobiología del estrés. Barcelona: Martínez Roca.