La distimia, llamada actualmente trastorno depresivo persistente, es una forma crónica de depresión. Se caracteriza por un estado de ánimo bajo que se mantiene la mayor parte del día, la mayoría de los días, durante al menos dos años. Sus síntomas pueden ser menos intensos que los de un episodio de depresión mayor, pero su larga duración hace que tenga un impacto importante en el bienestar, las relaciones y el trabajo. Por eso, aunque a veces se la describe como una "depresión leve", esa etiqueta no refleja lo que supone vivir con ella.
¿Qué es la Distimia?
La palabra procede del griego dysthymía, formada por dys- ("mal" o "difícil") y thymós ("ánimo"), es decir, algo así como "ánimo difícil". Una de las características de la distimia es que, al durar tanto tiempo, la persona puede llegar a pensar que "siempre ha sido así" y confundir sus síntomas con su forma de ser. Muchas personas siguen trabajando, estudiando o cuidando de su familia, pero lo hacen con un esfuerzo constante, sin disfrutar y con la sensación de que la vida pesa. Esto hace que a menudo pasen años sin pedir ayuda. La distimia es un trastorno del estado de ánimo y, aunque puede ser persistente, tiene tratamientos eficaces.
Personas afectadas
Según el DSM-5, alrededor del 0,5 % de la población adulta presenta distimia en un año determinado, y un 1,5 % presenta una depresión mayor crónica, ambas incluidas hoy en el trastorno depresivo persistente. Es más frecuente en mujeres que en hombres, y a menudo empieza en la infancia, la adolescencia o el inicio de la edad adulta.
No hay que confundir la distimia con la tristeza que todos sentimos en algún momento de la vida. Para hablar de distimia, el estado de ánimo bajo debe estar presente la mayor parte del día, más días sí que no, durante al menos dos años, sin periodos de más de dos meses seguidos sin síntomas. En niños y adolescentes basta con un año, y el estado de ánimo puede manifestarse como irritabilidad más que como tristeza.
Síntomas
Además del estado de ánimo bajo, para el diagnóstico deben estar presentes al menos dos de estos síntomas:
- Falta de apetito o comer en exceso.
- Insomnio o dormir más de lo habitual.
- Cansancio o falta de energía.
- Baja autoestima.
- Dificultad para concentrarse o para tomar decisiones.
- Sentimientos de desesperanza.
También es frecuente que la persona se muestre muy autocrítica, pesimista o irritable, que le cueste disfrutar de las cosas y que se vaya aislando poco a poco.
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Por su carácter crónico, la distimia puede afectar a muchas áreas de la vida. En el trabajo o los estudios, puede traducirse en un rendimiento por debajo de las propias capacidades y en la sensación de ir siempre "a medio gas". En las relaciones, el pesimismo, la irritabilidad o la falta de energía pueden generar distancia con la pareja, la familia o los amigos. Y en el plano personal, muchas personas describen una vida sin grandes altibajos, pero también sin ilusión. Que la persona "funcione" no significa que no esté sufriendo.
Causas
No hay una única causa de la distimia. Como en otras formas de depresión, intervienen varios factores que se combinan entre sí: una predisposición genética (es más frecuente cuando hay antecedentes familiares de depresión), rasgos de temperamento como la tendencia a experimentar emociones negativas, experiencias adversas en la infancia y situaciones de estrés mantenidas en el tiempo, como problemas económicos, soledad, conflictos familiares o una enfermedad crónica.
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Es frecuente que la distimia se acompañe de otros problemas, como trastornos de ansiedad, consumo problemático de sustancias o enfermedades físicas crónicas. Además, muchas personas con distimia sufren en algún momento un episodio de depresión mayor, una situación conocida como "depresión doble".
Tratamiento y terapia
La distimia tiene tratamientos eficaces, aunque la mejoría suele ser más gradual que en un episodio depresivo agudo. Los principales son:
- Psicoterapia. La terapia cognitivo-conductual y la terapia interpersonal han mostrado su utilidad. También existe un enfoque desarrollado específicamente para la depresión crónica, el sistema de análisis cognitivo-conductual de psicoterapia (CBASP), creado por James McCullough, que se centra en cómo los patrones de relación con los demás mantienen el malestar.
- Medicación. Los antidepresivos, sobre todo los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), pueden ser eficaces. En la depresión crónica suele ser necesario mantenerlos durante más tiempo.
- La combinación de ambos, que en muchos casos ofrece mejores resultados que cada uno por separado.
La terapia ayuda a identificar y cambiar los pensamientos autocríticos y pesimistas, a retomar actividades que generan bienestar y a mejorar las relaciones con los demás. La terapia de grupo puede ser un buen complemento para reforzar la autoestima, practicar habilidades sociales y reducir la sensación de aislamiento.
¿En qué se diferencia la distimia de la depresión?
La principal diferencia entre la distimia y la depresión mayor está en su duración y en su curso. La depresión mayor suele aparecer en episodios, con síntomas intensos durante semanas o meses. La distimia, en cambio, se mantiene durante años, con síntomas que pueden ser menos intensos pero que apenas dan tregua. Esa persistencia hace que su impacto acumulado pueda ser tan importante como el de un episodio depresivo mayor.
- Duración: en la distimia, al menos dos años; en la depresión mayor, al menos dos semanas.
- Curso: la distimia es continua; la depresión mayor suele aparecer en episodios, con periodos de mejoría entre ellos.
- Intensidad: los síntomas de la distimia pueden ser menos intensos, aunque cuando se suma un episodio de depresión mayor ("depresión doble") el malestar aumenta.
- Percepción: en la distimia, la persona suele vivir sus síntomas como parte de su forma de ser, lo que retrasa la búsqueda de ayuda.
Cuándo y cómo buscar ayuda
Si llevas mucho tiempo sintiéndote triste, cansado o sin ilusión, y tienes la sensación de que "siempre has sido así", puede merecer la pena consultarlo con un profesional. La distimia no es un rasgo de carácter que haya que aceptar, sino un problema de salud mental que se puede tratar.
Un buen primer paso es hablar con tu médico de cabecera o con un psicólogo. El diagnóstico debe hacerlo un profesional de la salud mental, que también valorará si hay otros problemas asociados, como ansiedad o un episodio de depresión mayor.















