Mezclar Alcohol y Ansiolíticos: por qué es una combinación mortal (explicado por un psicólogo)

Te explicamos por qué el mezclar alcohol y ansiolíticos es una combinación muy peligrosa.

Mezclar Alcohol y Ansiolíticos: por qué es una combinación mortal (explicado por un psicólogo)
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“Solo me tomé una copa”.

“Es que el diazepam me lo recetó el médico”.

“Total, me ayuda a relajarme”.

Cada año veo en consulta la misma historia repetida con distintos nombres. Personas que no buscan colocarse. No buscan autodestruirse. Solo quieren dejar de sentir ansiedad, insomnio, tensión o tristeza durante un rato. Y acaban mezclando alcohol y ansiolíticos sin ser plenamente conscientes del riesgo real.

En este artículo voy a explicarte qué pasa por mezclar alcohol y ansiolíticos (por ejemplo el diazepam) y cuáles son los efectos. Pero te aviso: es una combinación potencialmente mortal. Y no es una exageración.

¿Qué sucede en el cerebro al mezclar alcohol y ansiolíticos?

La mayoría de los ansiolíticos más recetados (como el diazepam, el lorazepam o el alprazolam) pertenecen al grupo de las benzodiacepinas. Estas sustancias actúan potenciando el efecto del GABA, el principal neurotransmisor inhibidor del sistema nervioso central.

Traducido a lenguaje normal: hacen que el cerebro se “frene”. Disminuyen la activación, reducen la ansiedad, relajan la musculatura y pueden producir somnolencia.

¿Y el alcohol? Hace exactamente lo mismo. También potencia el sistema GABA y, además, inhibe el glutamato (que es excitador). Resultado: más freno todavía. Cuando mezclas alcohol y ansiolíticos no estás sumando efectos. Los estás multiplicando.

No es 1 + 1 = 2.

Es más bien 1 + 1 = 4.

El cerebro entra en una inhibición profunda. Se ralentiza la actividad neuronal, baja el nivel de conciencia, se deteriora la coordinación y se reduce la capacidad de juicio y toma de decisiones. Por eso alguien que mezcla alcohol y diazepam puede parecer mucho más “borracho” de lo que correspondería a la cantidad ingerida.

Y aquí viene lo peligroso: el centro respiratorio del cerebro también se deprime. No hablamos solo de torpeza o sueño. Hablamos de que el sistema que regula la respiración puede empezar a fallar.

Riesgos de la depresión respiratoria

La depresión respiratoria significa que la respiración se vuelve lenta, superficial o directamente se detiene.

Cuando alguien mezcla alcohol y benzodiacepinas, el riesgo de que el sistema nervioso central se deprima en exceso aumenta considerablemente. Puedes dejar de respirar. En casos graves puede producirse:

  • Respiración muy lenta o irregular
  • Pérdida de conciencia
  • Coma
  • Parada respiratoria
  • Muerte

Es una de las combinaciones más frecuentes en urgencias por intoxicación. Y hay un detalle importante: no necesitas beber “muchísimo” alcohol para que ocurra. La sensibilidad varía según la persona, la dosis del ansiolítico, el tiempo que lleve tomándolo, el peso corporal y otros factores médicos.

Además, las benzodiacepinas reducen la percepción de riesgo. El alcohol también. Juntas, disminuyen aún más el juicio. Es decir, no solo aumenta el efecto fisiológico, también se deteriora la capacidad para darse cuenta de que algo va mal.

A eso súmale que muchas personas que mezclan alcohol y ansiolíticos se quedan dormidas profundamente. Si vomitan, pueden aspirar el contenido gástrico sin despertarse. Eso también puede ser letal.

No es alarmismo. Es fisiología básica.

Efectos alcohol y ansiolíticos a corto y largo plazo

A corto plazo, mezclar alcohol y ansiolíticos puede provocar:

  • Somnolencia extrema
  • Desorientación
  • Problemas graves de memoria (lagunas)
  • Conductas impulsivas
  • Caídas y accidentes
  • Agresividad inesperada
  • Pérdida de conciencia

Muchas personas que preguntan “qué pasa si mezclo alcohol y diazepam” no buscan información médica abstracta. Buscan entender por qué hicieron algo que no recuerdan, por qué tuvieron un apagón o por qué terminaron en urgencias sin saber cómo.

La combinación de alcohol y pastillas altera la memoria anterógrada. Puedes estar hablando, moviéndote, interactuando… y al día siguiente no recordar nada. A largo plazo, el problema es todavía mayor.

El uso combinado incrementa:

  • Riesgo de dependencia dual (alcohol y benzodiacepinas)
  • Deterioro cognitivo
  • Problemas hepáticos
  • Trastornos del estado de ánimo
  • Mayor probabilidad de intentos autolesivos

Y aquí entra un punto clave desde la psicología de las adicciones: la tolerancia. Cuando una persona empieza a mezclar ambas sustancias para “relajarse más”, el cerebro se adapta. Necesita cada vez más para lograr el mismo efecto. Y el margen de seguridad se estrecha peligrosamente.

¿Por qué la gente mezcla alcohol y ansiolíticos?

Esta es la pregunta más importante. Porque nadie se despierta un martes pensando: “Hoy voy a hacer una combinación potencialmente mortal”.

La mayoría de las veces, la mezcla responde a tres patrones.

1. Buscar alivio rápido

Alguien con ansiedad toma ansiolíticos. Un viernes sale con amigos. Piensa: “Por una copita no pasa nada”. Pero esa copa potencia el efecto del fármaco. Nota una relajación más intensa. El cerebro aprende algo muy peligroso: “Así me siento mejor”.

La combinación se convierte en una herramienta de regulación emocional. Y cuando el cerebro aprende que algo alivia el malestar de forma inmediata, insiste en repetirlo.

2. Baja tolerancia al malestar

Muchas personas que mezclan alcohol y ansiolíticos tienen dificultades para tolerar la ansiedad o las emociones intensas. Pero si cada vez que aparece el malestar se elimina químicamente, nunca se desarrolla la capacidad de afrontarlo de otra manera. No es debilidad. Es un simple proceso de aprendizaje.

La conducta se mantiene porque funciona a corto plazo. Reduce la ansiedad. Reduce la tensión. Tapa los pensamientos incómodos. El problema es que a largo plazo aumenta la dependencia y empeora la regulación emocional natural.

3. Subestimar el riesgo

Existe una falsa creencia: “Si el médico me recetó el ansiolítico, es seguro”. Y sí, lo es… cuando se usa como está indicado.

Pero el alcohol no forma parte de la receta ni del tratamiento. Desgraciadamente, hay muchísimos médicos y psiquiatras que nunca avisan a sus pacientes de que jamás deben tomar alcohol si están tomando psicofármacos.

Además, culturalmente el alcohol está normalizado. No se percibe como una “droga dura”. Sin embargo, lo es. Y combinada con benzodiacepinas, se convierte en una auténtica bomba.

¿Qué pasa si mezclo alcohol y diazepam de forma puntual?

Si ocurre de manera puntual y en dosis bajas, puede que no pase nada grave. Pero eso no significa que sea seguro. Significa que el margen de riesgo no se activó esa vez.

El problema es que el cerebro aprende de las experiencias que “salen bien”. Si mezclaste una vez y no ocurrió nada dramático, la próxima vez te sentirás más confiado. Y esa confianza puede llevar a aumentar cantidades.

La conducta peligrosa se normaliza poco a poco.

En consulta veo muchas historias que empiezan así: “Al principio solo era una copa”. Meses después, la persona tiene adicción a ambas sustancias para dormir o relajarse.

Dependencia cruzada

Cuando se mezclan alcohol y ansiolíticos de forma repetida, el cerebro se adapta a esa doble inhibición. Se genera tolerancia y aparece síndrome de abstinencia si se retiran bruscamente.

Y aquí hay otro punto crítico: la retirada de benzodiacepinas o alcohol sin supervisión médica puede ser peligrosa. Incluso mortal en algunos casos. Por eso, si estás tomando ansiolíticos, debes evitar el alcohol a toda costa, y si estás desarrollando adicción a las pastillas, debes hablar tanto con psiquiatras como con psicólogos para que te ayuden a reducir la dosis gradualmente y de forma segura.

Conclusiones

Mezclar alcohol y ansiolíticos no es una conducta inocente. Es una combinación que puede matar.

Más allá del riesgo fisiológico, hay un aspecto clínico relevante: cuando una persona recurre de forma repetida a esta mezcla para sentirse mejor, suele estar utilizando sustancias como principal estrategia de regulación emocional. El problema no es solo la interacción farmacológica, sino la ausencia de alternativas eficaces para manejar ansiedad, insomnio o malestar psicológico.

El alivio inmediato que proporcionan ambas sustancias refuerza la conducta. A corto plazo reduce síntomas; a medio plazo incrementa la tolerancia, la dependencia y la vulnerabilidad emocional. Y con el tiempo, los riesgos no hacen más que aumentar.

Si estás tomando ansiolíticos, la recomendación snaitaria es clara: evitar el consumo de alcohol. No se trata de una cuestión moral, sino de una interacción farmacológica conocida y documentada.

Y si ya has mezclado alcohol y ansiolíticos y percibes que se está convirtiendo en un patrón habitual, es importante identificar qué función cumple esa mezcla en tu vida (qué malestar intenta reducir).

Luis Miguel Real Kotbani

Luis Miguel Real Kotbani

Psicólogo | Especialista En Adicciones

Profesional verificado
València
Terapia online

Soy Luis Miguel Real, psicólogo especialista en adicciones, y he ayudado a miles de personas a superar sus problemas de adicción. Ponte en contacto conmigo y empezaremos a trabajar en tu caso lo antes posible.

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Luis Miguel Real. (2026, febrero 13). Mezclar Alcohol y Ansiolíticos: por qué es una combinación mortal (explicado por un psicólogo). Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/mezclar-alcohol-ansioliticos-por-que-combinacion-mortal-explicado-por-psicologo

Psicólogo

València
Terapia online

Luis Miguel Real es especialista en adicciones, trabajando sobre todo con personas con problemas con el alcohol, la cocaína o las apuestas. También trabaja con otros trastornos, como la depresión y variantes de ansiedad. Ofrece terapia individual o de pareja, tanto presencial en su consulta privada en el centro de Valencia como online, atendiendo tanto a adultos como con adolescentes, y organiza programas de formación para empresas y organizaciones que lo soliciten.

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