En la práctica clínica de la psicología es frecuente encontrarse con personas que acuden por dolor lumbar persistente, rigidez en la zona de la cadera o sensación de tensión corporal constante… sin que exista una causa médica clara que lo justifique. Las pruebas diagnósticas son normales, los tratamientos analgésicos apenas alivian y, sin embargo, el malestar continúa.
Este tipo de sintomatología nos invita a ampliar la mirada: no todo dolor es únicamente físico. El cuerpo, en muchas ocasiones, expresa lo que el sistema emocional no ha podido procesar. En este contexto, el músculo psoas ilíaco adquiere un papel especialmente relevante.
Qué es el psoas y por qué se le relaciona con las emociones
El psoas ilíaco es un músculo profundo que conecta la columna lumbar con el fémur. Su función principal es la flexión de la cadera y la estabilización del tronco, siendo clave en la postura y el movimiento.
Sin embargo, su importancia va más allá de lo biomecánico. Debido a su localización y su estrecha relación con el sistema nervioso autónomo, el psoas actúa como una especie de “sensor corporal” del estado interno del organismo.
Cuando el cuerpo percibe amenaza —real o anticipada— este músculo se activa de forma automática como parte de la respuesta de defensa. Es el músculo que participa en la preparación para huir o protegerse. Por ello, cuando el estrés se cronifica, el psoas puede permanecer en un estado de contracción sostenida.
El vínculo entre el psoas y el estrés
La respuesta de estrés está mediada, entre otras estructuras, por la amígdala cerebral, encargada de detectar peligro y activar respuestas rápidas de supervivencia.
Cuando la amígdala interpreta una situación como amenazante, se activa el sistema nervioso simpático, desencadenando la respuesta de “lucha o huida”. Este proceso implica:
- Aumento de la frecuencia cardíaca
- Liberación de cortisol
- Activación muscular, especialmente en zonas clave como el psoas
El problema aparece cuando esta activación no se desactiva correctamente. En situaciones de estrés crónico, hipervigilancia o ansiedad mantenida, el sistema nervioso permanece en un estado de alerta prolongado. El resultado: músculos constantemente tensos, incluso en reposo.
El psoas, por su función en la respuesta de defensa, es uno de los músculos más afectados.
Tensión muscular crónica y desregulación emocional
La tensión mantenida en el psoas no solo tiene consecuencias físicas —dolor lumbar, limitación de movilidad, rigidez— sino también psicológicas.
Desde una perspectiva integradora, cuerpo y mente forman un sistema interdependiente.** Cuando el cuerpo permanece en estado de alerta, el cerebro interpreta que sigue existiendo peligro**.
Esto perpetúa un círculo de retroalimentación: tensión corporal → sensación de amenaza → activación emocional → más tensión corporal.
Este fenómeno es especialmente relevante en personas con historia de trauma, ansiedad generalizada o estrés sostenido, donde el sistema nervioso pierde flexibilidad para alternar entre activación y relajación.
Beneficios de liberar el psoas
Trabajar el psoas no es únicamente una intervención física; tiene implicaciones directas sobre la regulación emocional. Entre los principales beneficios destacan:
- Reducción de la activación fisiológica
- Mejora de la postura y la movilidad
- Disminución del dolor lumbar inespecífico
- Mayor sensación de calma y seguridad corporal
- Favorecimiento de la regulación del sistema nervioso
En términos psicológicos, liberar el psoas puede facilitar el paso de un estado de hiperactivación a uno de mayor equilibrio, lo que contribuye a reducir la ansiedad y mejorar el bienestar general.
Ejercicios prácticos para trabajar el psoas
A continuación, se proponen algunas estrategias sencillas que pueden ayudar a reducir la tensión en este músculo. Es importante realizarlas de forma progresiva y respetando las sensaciones del propio cuerpo.
1. Postura de descarga
- Tumbarse boca arriba
- Rodillas flexionadas y pies apoyados en el suelo
- Brazos relajados a los lados
- Mantener la posición entre 10 y 15 minutos Este ejercicio permite que el psoas se libere de forma pasiva, facilitando la relajación profunda.
2. Respiración diafragmática
- Inspirar lentamente por la nariz
- Llevar el aire hacia el abdomen
- Exhalar de forma prolongada
La respiración profunda reduce la activación del sistema nervioso simpático y favorece la relajación muscular.
3. Estiramiento suave del psoas
- Colocar una pierna adelantada y otra atrás (posición de zancada)
- Mantener la pelvis en posición neutra
- Inclinar ligeramente el cuerpo hacia delante Se debe notar un estiramiento suave en la zona de la cadera, sin dolor.
4. Movimiento consciente
Actividades como el yoga, el pilates o el trabajo corporal lento permiten reconectar con las sensaciones internas y disminuir la rigidez muscular.
Conclusiones: escuchar el cuerpo como vía de regulación
El psoas ilíaco es mucho más que un músculo implicado en el movimiento. Es una estructura profundamente vinculada a la respuesta de estrés y, por tanto, al mundo emocional.

Miguel Ángel Hernández Vigo
Miguel Ángel Hernández Vigo
PGS Especializado en Trauma y Crisis Vitales
Cuando la tensión se cronifica, el cuerpo puede quedar atrapado en un estado de alerta que se manifiesta a través del dolor, la rigidez o la incomodidad persistente. Intervenir sobre el cuerpo —y en concreto sobre el psoas— puede ser una puerta de entrada eficaz para la regulación emocional.
No obstante, es fundamental subrayar que estas estrategias no sustituyen la intervención psicológica. Cuando el estrés, la ansiedad o el malestar emocional son intensos o persistentes, es recomendable acudir a un profesional cualificado. El trabajo terapéutico permite abordar el origen del problema, integrar la experiencia emocional y acompañar al paciente en la recuperación de un estado de equilibrio más estable y saludable.


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