En el síndrome de Tourette, los tics son muy frecuentes.

Todos las personas hemos experimentado a lo largo de nuestra vidas situaciones en las que, debido a nuestro nivel de estrés o nerviosismo, han aparecido una serie de tics nerviosos suaves pero habitualmente bastante molestos.

Aunque esto suele ser temporal y no tiene porqué estar ligado a ninguna condición médica, los tics nerviosos pueden llegar a establecerse de manera crónica; desencadenando síntomas de angustia y ansiedad que tienden a empeorarlos.

¿Qué es un tic nervioso?

Por tics se entienden todos aquellos movimientos corporales involuntarios que aparecen como consecuencia de una contracción nerviosa. Estos movimientos pueden aparecer en multitud de grupos de músculos que, en resto de ocasiones, la persona sí mueve a su voluntad.

Por regla general, la persona puede controlar más o menos estos tics, no sin que esto requiera de un gran esfuerzo por su parte. No obstante, lo más probable es que estos aparezcan de repetidamente y de manera más grave o intensa.

Asimismo, tanto la intensidad como la frecuencia de los tics nerviosos será mucho mayor en en situaciones altamente estresantes.

Algunos de los movimientos involuntarios tradicionalmente asociados a tics nerviosos son:

  • Muecas faciales.
  • Aumento de la cadencia de parpadeo.
  • Aleteo de las fosas nasales.
  • Movimientos laterales de la cabeza.
  • Estirar un brazo repetidamente.
  • Levantar las cejas.
  • Morderse los labios.
  • Toser o carraspear continuamente.
  • Repetición continua de una palabra.

Habitualmente, estos tics nerviosos se dan por primera vez en la etapa infantil, sobre todo alrededor de los cinco años, siendo además más frecuentes en hombres que en mujeres. En la mayoría de los casos los tics se mantienen de manera limitada en el tiempo, atenuándose y desapareciendo a lo largo de un año aproximadamente. No obstante en algunos casos pueden llegar a convertirse en un trastorno crónico, sobre todo cuando estos van asociados a algún tipo de trastorno o alteración física.

Todas aquellas personas que sufren algún tipo de tic nervioso suelen referir un alto grado de angustia e irritación en relación a ellos, debido tanto a que tiende a llamar la atención en aquellos que le rodean como a que no resulta agradable experimentar movimientos bruscos en los momentos más inoportunos. Esta angustia puede derivar en sensaciones de ansiedad y estrés las cuales pueden llegar a empeorar aún más la situación, ya que a más ansiedad más posibilidad hay de que aparezcan los tics nerviosos.

¿Qué tipos de tics existen?

Existe una pequeña clasificación para los tics nerviosos, los cuales pueden diferenciarse entre tics fónicos o vocales y tinc motores. Además, cada uno de estos grupos pueden subclasificarse en tics simples o complejos. Por lo tanto, la agrupación sería la siguiente.

1. Tics motores simples y complejos

Los tics nerviosos de categoría motor simple son aquellos que se dan con mayor frecuencia en la población general. Estos utilizan solamente un número limitado de músculos; como por ejemplo: movimientos de párpados y cejas, manos o brazos.

Por otra parte, los movimientos motores complejos utilizan y combinan diferentes grupos de músculos, dando lugar a saltos, golpes, piruetas o ecopraxias, en las cuales la persona afectada realiza imitaciones involuntarias de los movimientos de otra persona.

2. Tics fónicos simples y complejos

Tal y como su propio nombre indica, los tics nerviosos, tanto simples como complejos, hacen referencia a la emisión involuntaria e incontrolable de sonidos. En los simples la persona puede realizar conductas como resoplidos, carraspeos o estridencias nasales, mientras que los complejos consisten en la repetición automática y no controlada de palabras.

¿Qué ocurre con el Síndrome de Tourette?

El Síndrome de Tourette es considerado como el desorden neurológico complejo en el cual se combinan tics nerviosos fónicos y tics nerviosos motores. Para que se consideren dichos tics como sintomáticos del Síndrome de Tourette estos deben de haber estado presentes durante más de un año, sin un periodo de latencia de más de dos meses.

Además, esta afección suele aparecer en combinación con otros síntomas como conductas de naturaleza obsesiva-compulsiva y Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

Se ha determinado la causa genética de este síndrome, estableciendo la hipótesis de que se transmite de manera autosómica dominante. No obstante, existen otras condiciones genéticas que pueden estar implicadas; tales como la amplificación genética, la cual hace referencia al deterioro gradual de la enfermedad a través de las generaciones.

Habitualmente, este síndrome se inicia con mediante síntomas de nerviosismo e inquietud que pueden ser confundidos con TDAH para a continuación aparecer síntomas motores como tics nerviosos faciales y pequeñas sacudidas. Finalmente, aparecen los tics fónicos los cuales suele confirmar el diagnóstico de Síndrome de Tourette.

Causas y factores de riesgo de los tics nerviosos

Exceptuando el caso del Síndrome de Tourette, cuyas causas se han establecido como genéticas, por el momento ha sido imposible determinar las causas exactas de los tics nerviosos no asociados a otra afección. Como la Corea de Huntington, la cual también presenta tics y posee un origen genético.

No obstante, numerosas líneas de investigación apuntan hacia la posibilidad de que la química cerebral, concretamente neurotransmisores como la dopamina, la serotonina o aminoácidos como el glutamato, posea un papel fundamental en la aparición y desarrollo de estos tics nerviosos.

Por otra parte, existen algunos casos concretos en los que sí se puede determinar la causa del tic. Estos son:

  • Efectos secundarios de una cirugía.
  • Lesiones cerebrales.
  • Intoxicación por ciertos venenos.
  • Accidentes cerebrovasculares.
  • Infecciones cerebrales.

Por lo que respecta a los factores de riesgo, existe una serie de situaciones que facilitan la aparición de tics nerviosos. Esas son:

  • Factores genéticos: familias con miembros que experimentan accesos de tics nerviosos.
  • Sexo: se ha observado que la incidencia de aparición de tics es mucho mayor en hombres que en mujeres.

¿Existe un tratamiento?

Tal y como se menciona anteriormente, en la mayoría de los casos los tics nerviosos remiten de manera automática y sin necesidad de ningún tipo de tratamiento. No obstante, en aquellas personas en las que lo movimientos involuntarios interfieran de manera importante en su día a día, existen tratamientos muy eficaces a la hora de atenuar o solventar el problema.

El tipo de tratamiento más adecuado para el paciente dependerá del tipo de tic, así como de su gravedad. No obstante, existen tres categorías de tratamiento que son susceptibles de combinar para una mayor efectividad de este. Estos incluyen la terapia psicológica, la medicación o la estimulación cerebral profunda.

1. Terapia psicológica

Mediante técnicas como la prevención de la exposición y la respuesta (ERP) o la terapia de reversión del hábito, las personas pueden identificar cuándo va aparecer un tic y prevenirlo o utilizar movimientos incompatibles con estos.

2. Tratamiento farmacológico

Bien solos o como complemento a la intervención psicológica existen ciertos medicamentos bastante útiles a la hora de reducir la aparición de los tics. Estos medicamentos son:

  • Relajantes musculares.
  • Inyecciones de toxina botulínica.
  • Fármacos anticonvulsionantes.
  • Medicación antidopaminérgica.
  • Fármacos para la sintomatología asociada como antidepresivos o ansiolíticos.

3. Estimulación cerebral profunda

En aquellos pacientes en los que los tratamientos anteriores no hayan sido eficaces y que los tics supongan un grave problema para la calidad de vida de este, se puede recurrir a la estimulación cerebral profunda. Por medio de esta técnica, se implanta en el cerebro del paciente un dispositivo que mediante estimulación eléctrica consigue reducir la intensidad y aparición de los tics nerviosos.