¿Qué tratamientos psicológicos funcionan en el trastorno bipolar? Los principales son la psicoeducación, la terapia cognitivo-conductual, la terapia familiar y la terapia interpersonal y del ritmo social, que se combinan con la medicación. El trastorno bipolar (TB) es un trastorno crónico del estado de ánimo, caracterizado principalmente por fases de hiperexcitación e hiperactividad (hipomanía o manía) que se alternan con fases de ánimo decaído e inhibido (depresión) y con periodos en los que la persona se encuentra estable (eutimia).
Los tratamientos psicológicos para el trastorno bipolar se han desarrollado para trabajar sobre los síntomas depresivos, prevenir recaídas y favorecer la adherencia al tratamiento farmacológico, que es el pilar para controlar los episodios maníacos. Por el momento, no hay evidencia científica suficiente para tratar el trastorno bipolar solo con psicoterapia, pero sí para combinarla con la medicación.
Repasamos a continuación los tratamientos psicológicos que cuentan con mejores resultados en las distintas fases del trastorno, y al final explicamos de forma general qué papel cumple la medicación.
Los tratamientos psicológicos para el trastorno bipolar más usados
Esta es una breve clasificación de las terapias psicológicas y modalidades de intervención aplicadas en personas con trastorno bipolar. En conjunto, un metaanálisis de 39 ensayos clínicos con 3.863 participantes encontró que las terapias psicológicas estructuradas, añadidas a la medicación, reducen el riesgo de recaída frente a los tratamientos de control. La psicoeducación con práctica de habilidades funcionó mejor en grupo o en familia que de forma individual, y la terapia cognitivo-conductual se asoció a una mayor estabilidad de los síntomas depresivos.
1. La intervención psicoeducativa
La intervención psicoeducativa es uno de los tratamientos psicológicos con más trayectoria en el trastorno bipolar. Puede hacerse de forma individual, aunque también suele realizarse en formato grupal y familiar.
Consiste en proporcionar información sobre el trastorno bipolar para que las personas diagnosticadas puedan afrontarlo de la mejor manera posible y anticiparse a sus consecuencias. En formato individual, se compone de los siguientes módulos:
- Aumentar la conciencia de la persona acerca de su trastorno.
- Mejorar la adherencia al tratamiento.
- Entrenar la detección y el manejo de los síntomas prodrómicos, es decir, las primeras señales de un episodio.
- Ayudar a seguir un estilo de vida saludable y a evitar conductas perjudiciales, como el consumo de alcohol y otras drogas.
- Regularizar los hábitos, sobre todo el sueño, y aprender a manejar el estrés.

Los estudios sobre la efectividad de la psicoeducación señalan que es más efectiva si se aplica en formato grupal a lo largo de varios meses, empezando cuando la persona está estable y lo antes posible tras el diagnóstico. Algunos trabajos sugieren que quienes han tenido muchos episodios o tienen otros trastornos asociados se benefician menos, por lo que en esos casos puede ser necesario combinarla con otras intervenciones.
El Grupo Barcelona, del Hospital Clínic, desarrolló un programa de psicoeducación en grupo con buenas garantías científicas. Se aplica en 21 sesiones semanales en las que se trabajan los módulos anteriores. En su ensayo clínico, con 120 personas, la psicoeducación redujo de forma significativa las recaídas de todo tipo (maníacas, hipomaníacas, mixtas y depresivas) y las hospitalizaciones. A los cinco años, quienes la habían recibido tuvieron de media menos de la mitad de recaídas que el grupo de comparación y pasaron muchos menos días enfermos.
Los estudios recomiendan usar la intervención psicoeducativa de forma combinada con el tratamiento farmacológico. Tiene, además, un coste bajo en comparación con otros tratamientos psicológicos para el trastorno bipolar.
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2. La terapia cognitivo-conductual
La terapia cognitivo-conductual (TCC), aplicada al trastorno bipolar, se basa en la idea de que pensamientos, emociones y conductas interactúan entre sí, de modo que los pensamientos influyen en la forma de actuar y de sentir.
Por ello, su objetivo es entrenar a las personas con trastorno bipolar para que sean capaces de identificar, examinar y modificar los pensamientos disfuncionales, lo que repercute positivamente en sus conductas y emociones.
Este tipo de terapia puede hacerse de forma individual o grupal y durante un tiempo limitado. Algunas de las técnicas más utilizadas son la resolución de problemas, la modificación de los estilos de afrontamiento desadaptativos y la reestructuración cognitiva. Existen manuales específicos para el trastorno bipolar, entre los que destaca el de Lam y colaboradores, que organiza la terapia en 12 a 18 sesiones semanales.
La TCC incluye un componente psicoeducativo que refuerza los efectos de ambos enfoques. Sus principales beneficios son la detección precoz y el afrontamiento de los síntomas prodrómicos, la estabilización de la rutina de sueño, la mejora de la adherencia a la medicación y la identificación de los posibles desencadenantes de un episodio.
Es una de las terapias psicológicas más estudiadas en el trastorno bipolar y cuenta con un buen apoyo experimental, sobre todo para estabilizar los síntomas depresivos.
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3. La terapia familiar
Los tratamientos psicológicos para el trastorno bipolar en formato familiar tienen dos modalidades principales: la psicoeducación familiar y la terapia centrada en la familia.
Parten de una observación: cuando en el hogar hay niveles altos de hostilidad, crítica o sobreimplicación emocional (lo que se conoce como «alta emoción expresada»), las recaídas son más frecuentes y la recuperación es más lenta. No se trata de culpar a la familia, que a menudo vive con mucho estrés y sin información, sino de darle herramientas.
La terapia familiar tiene como objetivo brindar apoyo a la persona y a sus familiares para que conozcan en profundidad el trastorno bipolar y su tratamiento, y entrenarlos en estrategias para afrontarlo de forma adaptativa y reducir el estrés de todos. Sus componentes principales son la psicoeducación familiar, el entrenamiento en habilidades de comunicación y el entrenamiento en solución de problemas.
La intervención familiar más estudiada es la terapia centrada en la familia (FFT, por sus siglas en inglés) de Miklowitz y Goldstein, que está manualizada y se compone de 21 sesiones distribuidas a lo largo de 9 meses. En un ensayo con 293 personas en fase depresiva, quienes recibieron una terapia intensiva (centrada en la familia, interpersonal o cognitivo-conductual) se recuperaron con más frecuencia en un año que quienes recibieron una intervención breve: 64,4 % frente a 51,5 %.
La mayoría de las guías recomiendan combinar la intervención familiar con el tratamiento farmacológico. La guía británica NICE aconseja ofrecerla a las personas que viven con su familia o mantienen un contacto estrecho con ella. Puedes leer más sobre los distintos enfoques en «Terapia familiar: tipos y formas de aplicación».
4. La terapia interpersonal y del ritmo social
Otro de los tratamientos psicológicos más utilizados es la terapia interpersonal y del ritmo social, desarrollada por Ellen Frank para mejorar el estado de ánimo interviniendo sobre los episodios afectivos y para estabilizar los ritmos sociales y biológicos de la persona.
Se trabaja para que la persona aprenda a mantener horarios estables de sueño, comidas, trabajo y contacto social, a reducir la cantidad y la intensidad de los estresores interpersonales y a mejorar sus relaciones. El punto de partida es que los cambios bruscos de rutina, como una noche sin dormir, un viaje con cambio horario o una ruptura, pueden desestabilizar el reloj biológico y precipitar un episodio.
En un ensayo con 175 personas, quienes recibieron esta terapia en la fase aguda pasaron más tiempo sin nuevos episodios durante el mantenimiento, y esa mejora se relacionó con haber conseguido unos ritmos sociales más regulares.
5. El cuidado sistemático
Además de las terapias anteriores, existe una modalidad que engloba diversos tipos de intervención, como los equipos de intervención en crisis o el tratamiento asertivo comunitario.
Estas intervenciones se han desarrollado para personas con trastorno bipolar que presentan síntomas persistentes, dificultades importantes en su funcionamiento diario y un historial de hospitalizaciones involuntarias, por lo que necesitan un cuidado sistemático apoyado en varios dispositivos asistenciales (hospital de día, atención especializada, apoyo a domicilio, etc.).
El tratamiento asertivo comunitario ha mostrado buenos resultados en estas personas: mejoras en los síntomas y en el funcionamiento, más adherencia a la medicación y mayor satisfacción con la atención recibida. Además, reduce las hospitalizaciones y, con ellas, los costes sanitarios.
En España, uno de los primeros programas de tratamiento asertivo comunitario se puso en marcha en Avilés (Asturias) y cuenta con una larga experiencia.
Y la medicación, ¿qué papel tiene?
La Organización Mundial de la Salud recuerda que la medicación es fundamental en el trastorno bipolar, aunque por sí sola no basta. Los estabilizadores del estado de ánimo, como el litio y el valproato, y algunos antipsicóticos ayudan a controlar la manía aguda y a prevenir recaídas. El litio requiere controles clínicos y análisis de sangre periódicos, y es el fármaco con más pruebas de reducir el riesgo de suicidio en este trastorno.
Algunos fármacos tienen precauciones específicas. La OMS indica que el valproato no debe usarse en el embarazo, la lactancia ni en mujeres en edad fértil, y que los antidepresivos no deben tomarse durante un episodio maníaco; en las fases depresivas pueden combinarse con estabilizadores o antipsicóticos. Qué fármaco conviene y cómo ajustarlo es una decisión del psiquiatra, que valora cada caso. Si notas efectos secundarios, coméntalo en consulta y no cambies ni suspendas la medicación por tu cuenta, porque dejarla de golpe aumenta el riesgo de recaída.
La terapia psicológica complementa la medicación, pero no la sustituye. Y una de sus aportaciones más útiles es enseñar a reconocer las primeras señales de un episodio para actuar a tiempo, algo que veremos con detalle en el siguiente paso.
Si en algún momento piensas en hacerte daño, pide ayuda ahora: en España, 024 o 112; en México, Línea de la Vida (800 911 2000) o 911; en Colombia, 106 o 123; en Estados Unidos, 988.
Serie: Trastorno bipolar
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Este contenido es educativo y no sustituye terapia ni la valoración de un profesional de la salud mental.












