7 objetos cotidianos inventados en la Edad media (y su historia)

Exploramos la historia de los inventos medievales que se han convertido en parte de nuestra vida.

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Ya sabemos que la Edad Media es la época más denostada de la historia. Parece ser que, en los mil años que duró, los seres humanos no inventaron nada de importancia, puesto que, según la vox populi, la humanidad sufrió un retroceso considerable.

¿Qué hay de verdad en todo esto? Bastante poco. La Edad Media no solo fue un periodo interesado en los descubrimientos y la invención, sino que situó las bases de lo que más tarde sería la Revolución Científica. ¿Reacio a creerlo? Sigue leyendo. Hoy te presentamos varios elementos que usamos actualmente que tienen origen medieval.

Objetos cotidianos de origen medieval

Las lentes (predecesoras de nuestras gafas modernas), el libro, los botones… existe una larga lista de objetos cotidianos que se inventaron en la época medieval. Te presentamos 7 de ellos, junto con un resumen de su historia.

1. Las lentes

Los siglos XIII y XIV son los siglos que ponen las bases para la posterior revolución científica del Renacimiento. En esos años, y en parte gracias a la llegada de Aristóteles a Europa, se empieza a cuestionar la Escolástica tradicional y empieza a insinuarse una separación entre la razón y la fe y lo empírico. Con Guillermo de Ockham (1287-1347) y su famosa “navaja”, la separación será ya irreversiblemente definitiva.

Es precisamente en esta época de promoción del empirismo cuando, de la mano de eruditos como Roger Bacon (1214-1294), empiezan a realizarse serios estudios sobre la óptica (que, muy probablemente, también tendrían su efecto en el desarrollo de la perspectiva en el arte). Pero, sobre todo, esta revolución tiene como consecuencia la invención de las lentes, que solucionaron los problemas de visión de muchas personas. Al principio carecían de patillas y se sujetaban con pinzas en la nariz, los famosos quevedos, y fueron un verdadero alivio para los intelectuales que deseaban seguir leyendo y estudiando a una edad avanzada.

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2. Los botones

La moda siempre ha existido, por supuesto. Desde que el ser humano vive en un contexto cultural y social, la vestimenta ha ejercido un papel preponderante para plasmar el estatus del individuo y también a la hora de reivindicar el sentido de lo bello.

Sin embargo, la “moda” tal y como la conocemos hoy empezó a desarrollarse a partir de los siglos XIII y XIV. Y en ello tuvo un papel crucial un elemento que se inventó entonces y que, sin él, no podríamos entender nuestra cotidianidad. Nos estamos refiriendo al botón.

En los siglos intermedios de la Edad Media empieza a desarrollarse la economía, con las ciudades emergentes como epicentro de poder y riqueza. Esto se refleja en el modo de vestir de la gente: de los trajes holgados, sin forma, de los primeros siglos medievales (herederos de la época clásica), la moda evoluciona hacia una figura mucho más ceñida, tanto en hombres como en mujeres. Esto no habría sido posible sin el botón, que permitió ajustar las prendas hasta niveles insospechados en las épocas anteriores.

3. El tenedor

Parece que hayamos tenido este instrumento desde siempre, pero lo cierto es que es un invento del siglo XI. El tenedor, que en aquel tiempo solo poseía dos puntas, fue puesto de moda en Europa por la duquesa veneciana Teodora Selvo (1058-h. 1075). Es decir, si bien la duquesa no lo inventó, si que fue una entusiasta defensora del tenedor como utensilio imprescindible en las comidas.

Antes de la llegada del tenedor a nuestras vidas, la gente tomaba el alimento con las manos. Los únicos cubiertos eran las cucharas (para consumir o remover líquidos) y los objetos cortantes que, a menudo, también servían para pinchar y llevar el alimento a la boca.

Por supuesto (y como suele suceder siempre con las innovaciones), al principio el objeto causó admiración y rechazo por partes iguales. Algunos vieron en su forma un inquietante parecido con la horca del diablo (forca), por lo que fue rápidamente tachado de instrumento demoníaco. De hecho, en muchas lenguas permanece el recuerdo en el nombre del instrumento: en catalán es forquilla y, en italiano, forchetta. Afortunadamente, el tenedor superó estas vicisitudes y, ya con su forma de tres o cuatro puntas, ha llegado hasta nuestros días.

4. El jabón

La época más injustamente tachada de “oscura” y “sucia” es la que generalizó el jabón. Cierto es que no lo inventó, pero sí es cierto que los siglos medievales son los siglos en los que el jabón se expande con rapidez inédita por toda Europa. Los romanos, a pesar de ser tremendamente limpios, no lo utilizaban con profusión, aunque, por supuesto, tenían otros métodos higiénicos.

En su interesante ensayo El olor de la Edad Media: salud e higiene en la Europa medieval (ver bibliografía), los historiadores Javier Traité y Consuelo Sanz de Bremond afirman que, en el Medievo, todo el mundo fabricaba jabón, bien fuera para uso particular, bien para comercializar. En los burgos abundaban las tiendas de jaboneros; el jabón era un elemento que causaba auténtico furor en los siglos medievales, así como los perfumes y las esencias para quemar, que se usaban para aromatizar las estancias de las casas. Así que no; desechemos de una vez por todas el concepto de que “en la Edad Media eran sucios…”.

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5. El libro

Sí, así es. Si no fuera por los medievales, tú ahora no estarías leyendo libros. Es decir, leerías, pero en otro soporte; en concreto, en los interminables rollos que usaban los romanos, cuyas hojas solo tenían una cara y que había que ir desplegando a medida que se leía.

El libro tal y como lo conocemos (el códice medieval), es un invento de la Edad Media, que surgió en los monasterios. Su encuadernación era laboriosa y muy cara, amén de que el pergamino, que se obtenía a través de la piel de óvidos, suponía un enorme gasto (sin contar las iluminaciones de los monjes, realizadas con pigmentos igualmente caros, que incluían, a menudo, el oro). Por todo ello, poseer un libro era poseer un auténtico tesoro. Más tarde, con la imprenta de Gutenberg, el libro medieval abarató costos y puedo llegar a mucha más gente.

6. Las notas musicales

Los que os dediquéis a la música debéis estar especialmente agradecidos a la era medieval. Y es que música siempre ha habido, pero su plasmación en un lenguaje que se pudiera interpretar posteriormente es genuinamente medieval. Con anterioridad, las melodías se transmitían oralmente, y los músicos las ejecutaban de oído.

Durante la Edad Media, el canto gregoriano alcanzó su apogeo. Cuando se empezaron a añadir varias líneas de voz a la melodía principal, pronto se hizo evidente que era necesario plasmar las tonalidades por escrito; de otro modo, los monjes a menudo se perdían en medio del canto.

Fue entonces, en el siglo XI, cuando un monje benedictino, Guido de Arezzo (h. 992-1050), inventó el tetragrama, un conjunto de cuatro líneas horizontales predecesor de nuestro pentagrama moderno, con el objetivo de situar lo más ajustadamente posible los sonidos del canto. Y lo que quizá todavía es más importante: Arezzo “bautizó” las notas musicales, cuyo nombre tomó de las primeras sílabas de un canto (el famoso Himno a San Juan Bautista), cuyas líneas, precisamente, empezaban con cada una de las notas.

7. La universidad

Bien, no se trata de un “objeto”, pero sí que es un elemento fundamental en nuestra sociedad. Las universidades, tal y como las conocemos hoy, son fruto de la Edad Media; en concreto, de la Edad Media urbana que surgió en el siglo XII.

Mayormente supeditadas a la Iglesia, en las universidades se enseñaban las artes liberales y, en un segundo nivel, y dependiendo de la universidad en cuestión, se impartía Medicina, Teología y Derecho. Estas universidades medievales eran muy parecidas en su organización a las nuestras, e, igualmente como ahora, solían ser foco de revueltas estudiantiles.

Fue en las universidades donde se forjaron la mayoría de los grandes eruditos del Medievo: Pedro Abelardo, Tomás de Aquino y, por supuesto, los relacionados con el círculo de la Universidad de Oxford (Roger Bacon y compañía), que sentaron las bases de la futura ciencia moderna.

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Conclusiones

Existen muchos más elementos que usamos en nuestra vida cotidiana que tienen su origen en la Edad Media. Podríamos citar muchos: el estribo para montar, las mangas de la ropa, la brújula, los hospitales… Como se puede ver, nada que ver con aquella “época oscura” carente de inventiva y de ambición.

La civilización occidental es hija de Roma, por supuesto, pero también debe muchísimo a los siglos medievales. Esperemos que este pequeño repaso haya servido para que veáis la Edad Media con otros ojos y, si puede ser, aumente vuestra curiosidad hacia la realidad de este periodo absolutamente fascinante.

  • FRUGONI, C. (2008), Botones, bancos, brújulas y otros inventos de la Edad Media, ed. Paidós
  • TRAITÉ, J., y SANZ DE BREMOND, C. (2023) El olor de la Edad Media: salud e higiene en la Europa medieval, ed. Ático de los Libros
  • Inventos medievales que todavía usas, podcast de Historia y Vida, episodio 3, 28 de julio de 2021

Periodista

Licenciada en Humanidades y Periodismo por la Universitat Internacional de Catalunya y estudiante de especialización en Cultura e Historia Medieval. Autora de numerosos relatos cortos, artículos sobre historia y arte y de una novela histórica.

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