https://pixabay.com/es/beb%C3%A9-ni%C3%B1o-reci%C3%A9n-nacido-armas-499976/

Suele creerse que el nacimiento es el momento en el que empieza nuestra vida como seres capaces de ir ganando su autonomía. Es fácil pensar que la vida social del ser humano tiene su inicio cuando ya no hay una separación física entre nosotros y los demás. Cuando somos capaces de respirar el mismo aire, ver las mismas cosas y mirarnos a los ojos.

Todo esto resulta muy intuitivo y parece hasta natural que sea así, pero no es cierto. Mucho antes de salir del útero de nuestra madre ya tenemos la posibilidad de aprender cosas sobre el entorno en el que un día viviremos, tal y como demuestran múltiples experimentos.

La percepción empieza aún dentro del útero

Es sabido que somos capaces de reconocer las vocalizaciones de la madre desde mucho antes de nacer. Esto ya es un ejemplo de aprendizaje, ya que tiene que ver con conocimientos formados a través de experiencias repetidas y con un fin práctico (reconocer a la persona que nos va a cuidar una vez hemos nacido). De hecho, se recomienda que las madres hablen a sus bebés no nacidos para que ya desde los primeros momentos estos cuenten con estímulos diversos y puedan ir ejercitando sus diferentes habilidades. Sin embargo, este fenómeno es sólo una muestra de las muchas maneras en las que la experiencia talla nuestro comportamiento durante el periodo de embarazo.

El reconocimiento de sonidos no se limita a las voces de las personas cercanas. Puede hacerse extensible a otros sonidos del día a día durante los meses que dura el embarazo. Por ejemplo, existen evidencias según las cuales los bebés que aún no han nacido pueden reconocer en la música de las series de televisión que su madre ve habitualmente.

Además, los bebés son capaces no sólo de reconocer la voz de su madre, sino también su olor. Curiosamente, los recién nacidos prefieren el olor de sudor si este es el de sus madres. Los bebés de pocas semanas de edad reaccionan de manera muy fuerte cuando son expuestos al olor del líquido amniótico en el que han estado envueltos. Este hecho puede dar una idea sobre cuál es la clave que permite reconocer el olor de la madre en objetos que ella deja.

Más allá de los sentidos del oído y el olor, el tacto también juega un papel en el aprendizaje durante el embarazo. Una reciente investigación cuyos resultados se han publicado en PLoS ONE muestra cómo los fetos tienden a responder a las caricias que la madre realiza sobre su vientre haciendo algo parecido con su cuerpo. De hecho, los bebés que se utilizaron como muestra respondieron de manera más intensa a estas caricias que a la voz de la madre, y lo hicieron tocándose el propio tórax de manera similar a como lo estaba haciendo otra persona al otro lado del vientre. Los investigadores creen que esto es un intento de comunicarse con la madre.

Las investigaciones continúan

Estas son algunas de las conclusiones a las que se ha llegado por la vía experimental, pero es probable que existan otros ejemplos de aprendizaje antes del nacimiento que aún no han sido descubiertos. En conjunto, estas investigaciones muestran que el útero materno es un entorno tan válido como cualquier otro para aprender, aunque lo hagamos sin haber empezado a cumplir años siquiera.

Referencias bibliográficas:

  • Beauchamp, G. K., Katarina, K., Yamazaki, K., Mennella, J. A., Bard, J. y Boyse, E. A. (1995). Evidence suggesting that the odour types of pregnant women are a compound of maternal and fetal odour types . PNAS, 92, pp. 2617 - 2621.
  • Hepper, P. G. (1988). Fetal "soap" addiction. The Lancet, 23(2), pp. 1347 - 1348.
  • Marx, V. y Nagy, E. (2015). Fetal Behavioural Responses to Maternal Voice and Touch. PLoS ONE, consultado aquí.