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Infancia hiperestimulada: cuando los niños tienen demasiadas actividades y poco tiempo para ser niños

Así es como una sociedad llena de estímulos constantes influye en el desarrollo infantil.

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Si un niño no tiene clases por la mañana, tiene deporte por la tarde. Si no tiene deporte, tiene música. Si no tiene música, tiene tareas. Y si no tiene nada de eso, tiene una pantalla en la mano. Hoy en día, los niños están más ocupados que nunca. Sus agendas parecen las de un ejecutivo, llenas de actividades que no dejan ni un minuto de pausa.

La intención de los padres es buena: quieren que sus hijos aprovechen el tiempo, que aprendan, que sean competitivos, que desarrollen habilidades. Pero hay un problema que pocos ven: el exceso de estímulos no solo no es beneficioso, sino que puede ser perjudicial.

Cuando un niño nunca tiene espacio para aburrirse, nunca aprende a gestionar su propio tiempo, a desarrollar su creatividad o a disfrutar del simple hecho de ser niño. En lugar de sentirse estimulados, terminan agotados. Y lo más preocupante es que este ritmo frenético puede afectar su desarrollo emocional, su capacidad de concentración y su bienestar mental.

Hoy quiero hablarte del impacto de la hiperestimulación infantil y de por qué el aburrimiento no es el enemigo, sino un ingrediente esencial para el crecimiento.

Demasiadas actividades, poca infancia

A muchos padres les preocupa que sus hijos “pierdan el tiempo”. Creen que si no están aprendiendo algo constantemente, están desperdiciando su potencial. Pero, ¿realmente un niño necesita llenar cada hora del día con actividades estructuradas?

La respuesta es no. Un exceso de actividades puede tener consecuencias negativas en su desarrollo.

1. Estrés y agotamiento infantil

Los niños necesitan tiempo libre para jugar, relajarse y desconectar. Cuando su rutina está sobrecargada de clases, deberes y compromisos, terminan tan cansados como un adulto con exceso de trabajo. La diferencia es que un niño no sabe verbalizarlo, simplemente empieza a mostrarse irritable, desmotivado o con síntomas físicos como dolores de cabeza o problemas para dormir.

2. Falta de creatividad y autonomía

La creatividad no se enseña en una clase de arte, nace cuando un niño tiene tiempo para explorar, inventar y experimentar sin que un adulto le diga qué hacer. Cuando todo su tiempo está estructurado, pierde la oportunidad de desarrollar su imaginación y aprender a entretenerse solo.

3. Dificultades en la regulación emocional

El cerebro infantil necesita momentos de calma para procesar emociones y experiencias. Si todo el día está lleno de estímulos, el niño no tiene espacio para entender lo que siente. Esto puede hacer que se frustre con facilidad, tenga dificultades para concentrarse o incluso presente síntomas de ansiedad.

4. Dependencia de la estimulación constante

Muchos niños hiperestimulados se acostumbran a recibir entretenimiento externo todo el tiempo. Si no tienen una actividad planificada o una pantalla delante, se aburren y no saben qué hacer. Esto puede generar una baja tolerancia a la frustración y dificultades para disfrutar de momentos de tranquilidad.

Pantallas: El estímulo que nunca se detiene

Más allá de las actividades estructuradas, hay un elemento que ha llevado la hiperestimulación infantil a otro nivel: las pantallas.

Los dispositivos electrónicos no solo ofrecen entretenimiento constante, sino que lo hacen de una manera que el cerebro infantil no está preparado para manejar. Los colores brillantes, los cambios rápidos de imagen y la interacción inmediata generan una estimulación que desregula el sistema nervioso y puede afectar la capacidad de atención y autocontrol de los niños.

Algunos efectos del exceso de pantallas incluyen:

  • Reducción en la capacidad de concentración. Los niños acostumbrados a estímulos rápidos pueden tener dificultades para prestar atención en actividades más pausadas, como la lectura.
  • Mayor irritabilidad y cambios de humor. Un niño que pasa demasiado tiempo con pantallas puede volverse más impaciente y reactivo.
  • Alteraciones en el sueño. La exposición a pantallas antes de dormir afecta la producción de melatonina, lo que dificulta el descanso adecuado.

Las pantallas no son el enemigo absoluto, pero deben ser utilizadas con límites. Un niño que tiene tiempo para jugar al aire libre, imaginar historias o simplemente estar en calma, no dependerá de un dispositivo para entretenerse.

La importancia del aburrimiento

Muchos padres ven el aburrimiento como un problema que hay que solucionar de inmediato. Si un niño dice “me aburro”, la respuesta suele ser buscarle una actividad. Pero lo que no se dan cuenta es que el aburrimiento es esencial para el desarrollo infantil. Cuando un niño se aburre:

  • Aprende a buscar soluciones por sí mismo.
  • Desarrolla la creatividad e imaginación.
  • Se conecta con su mundo interior.
  • Su cerebro que está sobreestimulado constantemente descansa.

El aburrimiento no significa inactividad. Significa darle al niño la oportunidad de descubrir lo que le interesa sin que un adulto lo dirija. Un niño que aprende a disfrutar de su propio tiempo será un adulto con más capacidad para regularse, adaptarse y ser independiente.

Cómo encontrar el equilibrio: Menos estructura, más juego libre

Reducir la hiperestimulación no significa eliminar todas las actividades, sino encontrar un equilibrio entre aprendizaje, juego y descanso. Algunas estrategias para lograrlo son:

1. Reducir la cantidad de actividades dirigidas

No hace falta que un niño tenga clases de música, inglés, deporte y robótica en la misma semana. Deja espacios libres en su agenda para que tenga tiempo de jugar sin estructura.

2. Permitir el aburrimiento sin intervenir

Si un niño dice “me aburro”, no es necesario solucionarlo inmediatamente. En lugar de ofrecerle una actividad, anímalo a que busque por sí mismo qué hacer.

3. Fomentar el juego libre

El juego no dirigido es fundamental para el desarrollo. No tiene que ser algo complejo: jugar con bloques, inventar historias, explorar la naturaleza… todo esto fortalece la creatividad y el pensamiento crítico.

4. Establecer tiempos sin pantallas

Es importante que los niños tengan momentos del día en los que no haya dispositivos electrónicos. Esto les ayuda a desarrollar otras formas de entretenimiento y a mejorar su capacidad de atención.

5. Crear momentos de calma

No todo en la vida de un niño debe ser estimulación y actividad. Espacios de tranquilidad, como leer juntos, salir a caminar o simplemente disfrutar del silencio, ayudan a que el cerebro infantil aprenda a regularse.

La infancia hiperestimulada es una realidad en la sociedad actual. En un intento por brindarles lo mejor, llenamos las vidas de los niños con actividades y estímulos que, en lugar de beneficiarlos, los agotan.

Dra. Iratxe López Psicología

Dra. Iratxe López Psicología

Psicóloga Clínica

Profesional verificado
Bilbo
Terapia online

Pero la solución no es más estructura, sino más espacio para ser niños. Menos clases dirigidas y más juego libre. Menos pantallas y más momentos de calma. Menos prisa y más tiempo para explorar el mundo a su propio ritmo.

Porque al final, lo que realmente necesitan los niños no es estar ocupados todo el tiempo. Necesitan espacio para crecer, descubrir y simplemente ser.

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Iratxe López Fuentes. (2026, enero 13). Infancia hiperestimulada: cuando los niños tienen demasiadas actividades y poco tiempo para ser niños. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/desarrollo/infancia-hiperestimulada-cuando-ninos-tienen-demasiadas-actividades-poco-tiempo-para-ser-ninos

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