El uso y abuso de las drogas es un problema social y sanitario grave a escala mundial. El abuso de sustancias mata, de forma directa o indirecta, a unos 11,8 millones de personas de forma anual.

El alcohol y la nicotina se llevan el dudoso premio en lo que a letalidad se refiere: por ellos, 11,4 millones de personas mueren antes de lo esperado cada año. Según la OMS, hasta la mitad de las personas que consumen tabaco acaban muriendo gracias a él.

La prevalencia de los trastornos por el uso de sustancias se estima en el 1,5% de la población mundial, aunque en algunas regiones desfavorecidas este porcentaje aumenta al 5%. Por bajos que parezcan estos datos, no te dejes engañar: una de cada 5 personas en el mundo (20%) consumen tabaco. El hecho de que una conducta adictiva no se refleje en datos epidemiológicos depende, únicamente, de si la persona tiene suerte a la hora de no pagar esta dependencia a nivel fisiológico.

Con todas estadísticas solamente queremos dejar claro que el consumo de sustancias adictivas se cobra tantas vidas y causa tantas patologías como muchos eventos pandémicos provocados por virus y bacterias. Con la intención de tomar una aproximación más biológica y anatómica a este problema global, aquí realizaremos un repaso al tema de cómo afectan las drogas al sistema nervioso.

Las bases de las drogas

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como “droga” a toda sustancia terapéutica o no que, introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce una alteración, de algún modo, del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y es, además, susceptible de crear dependencia. Cabe destacar que la dependencia desarrollada puede ser fisiológica, psicológica o ambas.

La Asociación Estadounidense de Psicología (APA) reconoce varios tipos de drogas al uso, englobadas en 10 categorías diferentes: alcohol, cafeína, cannabis, alucinógenos, inhalantes, opioides, sedativos, hipnóticos (entre ellos ansiolíticos), estimulantes (cocaína y otros) y tabaco. Estas son las sustancias que se consideran adictivas a día de hoy, pero seguramente no las únicas.

Entre las actividades que pueden generar dependencia, en la actualidad solo se considera una como potencialmente patológica: los juegos de azar. Aunque resulte sorprendente, se ha demostrado que el circuito alterado de recompensa en un paciente adicto al juego responde de manera similar al estímulo (ganar un premio en metálico) que un adicto a la cocaína al recibir una nueva dosis. Aún se están evaluando otras actividades que podrían compartir mecanismos con las drogas, como los videojuegos, las compras compulsivas y el ejercicio practicado de forma crónica.

Las drogas y su efecto en el sistema nervioso del cuerpo humano

Comencemos con lo más básico: la nicotina. Cuando una persona fuma un cigarrillo, la nicotina pasa al torrente sanguíneo, luego al cerebro y solo en 7 segundos produce la excitación en parte de las neuronas situadas en el área tegmental ventral (ATV), que envían las señales al núcleo accumbens. Este último es el encargado de producir dopamina, el neurotransmisor y hormona que nos hacen sentir ese “rush” o choque de bienestar.

En el caso del tabaco, esta sensación es muy efímera, pues tan pronto como actúa la nicotina deja de hacerlo: el pico fisiológico de esta droga es de 7 segundos y su rango de bajada otros 7. Además, cuanto más se expongan a las neuronas y circuitos del núcleo accumbens a la sustancia, más cantidad de la misma será necesaria para provocar la respuesta deseada. Así se genera la tolerancia y la dependencia a largo plazo.

Para averiguar cómo afectan las drogas al sistema nervioso, podemos acudir a otra bastante más agresiva: la heroína. Esta droga ingresa con rapidez al cerebro, se adhiere a los receptores opioides de células ubicadas en distintas zonas y provoca cambios en la excitabilidad de las neuronas, estimulando la liberación presináptica de ácido gamma-aminobutírico (GABA), entre otras cosas.

Cuando se entra en contacto con esta droga a nivel nervioso, se produce un efecto sedante generalizado y un bienestar indescriptible (el nivel de dopamina en el sistema de recompensa descrito se aumenta en un 200% en modelos experimentales). Todo esto provoca euforia, somnolencia, sensación de calor y pérdida paulatina de conciencia, acompañado de un potente efecto analgésico. Las personas que la han consumido no mienten cuando afirman estar “en una nube” en los momentos posteriores a la inyección.

Drogas

Por último, podemos diseccionar los efectos a nivel nervioso de la cocaína, la tercera de las drogas más presentes en la cultura general. Una vez se consume, los efectos a nivel del sistema nervioso central se notan en cuestión de 10 segundos (inhalada) y 3-5 minutos, en caso de que se consuma por vía intranasal. Este compuesto inhibe la acción de los transportadores de monoaminas, lo que resulta en vasoconstricción en el sistema sanguíneo, elevación de la presión arterial, taquicardia y un mayor gasto cardíaco. Todo esto reporta una sensación de activación y euforia muy características.

El abuso crónico de la cocaína pone al paciente en riesgo de muchos eventos, como sufrir un derrame cerebral (accidente cerebrovascular), hemorragias subaracnoideas, hemorragias intraparenquimatosas y otras muchas cosas más. En general, todo adicto a una droga tiene siete veces más probabilidades de sufrir un infarto isquémico, valor que se multiplica aún más en aquellos que hacen uso de la cocaína.

Más allá de todos estos mecanismos, cabe destacar que la dependencia por sí sola también modifica el funcionamiento del sistema nervioso del paciente. Cuando se produce el síndrome de abstinencia (a las 72 horas de cortar del todo el uso de una sustancia), la persona experimenta ansiedad, inquietud, dificultades para concentrarse, nerviosismo, estrés y otras sensaciones asociadas. El cerebro del adicto solo puede funcionar “normalmente” con la presencia de los químicos descritos. Cuando se retiran, el sistema nervioso falla.

Resumen

Como has podido comprobar, las drogas tienen un funcionamiento similar al de los neurotransmisores al uso circulantes en el cuerpo humano: llegan a una zona, estimulan o inhiben la actividad celular y generan una respuesta a corto plazo. Cuando su pico de actividad cesa, el estado fisiológico individual vuelve a la normalidad, pero a medida que se genera dependencia, llegar a esta “normalidad” es cada vez más complejo.

Además, debes tener en cuenta que nos hemos movido en terrenos meramente fisiológicos. La adicción a una sustancia también puede tener bases psicológicas y, por ello, hay personas que pueden manifestar mecanismos adictivos hacia sustancias que realmente el cuerpo no necesita en el momento de crisis. Sin duda, aún nos queda mucho por investigar como sociedad para dilucidar los mecanismos de dependencia en la mente humana.

Referencias bibliográficas:

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  • Xi, Z. X., & Stein, E. A. (2000). Increased mesolimbic GABA concentration blocks heroin self-administration in the rat. Journal of Pharmacology and Experimental Therapeutics, 294(2), 613-619.