La cocaína está entre las drogas ilegales más consumidas a nivel global, y a diferencia de muchas, su uso está relativamente normalizado en todas las clases sociales. Por ello, la adicción a la cocaína es una de las más comunes en todo el mundo.

Pero no por ser popular es menos peligrosa como sustancia psicoactiva. Lo cierto es que la capacidad de esta droga a la hora de desgastar la calidad de vida del consumidor es notable, y hace notar sus efectos de daño acumulado en relativamente poco tiempo, al contrario de lo que muchas personas creen. Por ello, saber identificar las señales de alerta de la cocaína es fundamental. En este artículo veremos cuáles son, y qué hacer ante este trastorno.

Señales de alerta asociadas a la adicción a la cocaína

Con el fin de facilitar la identificación de este problema de salud en cualquier persona, a continuación explicaremos cuáles son los signos y síntomas típicos de la adicción a la cocaína.

1. Síntomas fisiológicos y psicológicos a corto plazo

En este apartado veremos sobre todo cuáles son los fenómenos fisiológicos y psicológicos que aparecen minutos después de haber consumido, si bien lo normal es que desaparezcan en cuestión de horas (aunque cabe la posibilidad de que la persona consuma varias veces a lo largo de la jornada, haciendo que existan cantidades relativamente grandes de esta sustancia en su sangre durante un periodo prolongado). Conocerlos sirve para tener constancia de hasta qué punto la persona en cuestión usa esta droga a menudo o no.

1.1. Síntomas fisiológicos a corto plazo

Las señales físicas provocadas por la cocaína suelen ser las más evidentes y fáciles de identificar en cualquier persona. Entre las principales destacan el aumento de la frecuencia cardíaca, lo que puede provocar taquicardias y el aumento de la temperatura corporal.

También se puede identificar el nerviosismo de la persona, así como en una inquietud o sobreexcitación notable, manifestada a menudo con un movimiento repetitivo de piernas u otras partes del cuerpo.

Además de eso, las pupilas dilatadas también son otro de los síntomas físicos fáciles de detectar por parte de un observador externo.

1.2. Síntomas psicológicos a corto plazo

La euforia es otra de las características clásicas ligadas al consumo de cocaína y uno de los efectos más identificables en la persona que la consume.

Se trata de una sensación de bienestar general tanto a nivel intelectual como físico, que empuja a la persona a realizar actos que en condiciones normales no haría. Por ello, es similar a lo que en casos de trastorno bipolar se conoce como hipomanía: la persona actúa desde un optimismo poco razonable acerca de sus propias capacidades, y sobrevalora sus posibilidades de tener éxito en cualquier cosa que se proponga.

Muchas veces, este estado de euforia artificial también provoca una verborrea desmedida en la persona, lo que se traduce en largos monólogos por parte del adicto.

2. Pérdida de apetito

Los circuitos neuronales encargados de controlar el apetito pierden su activación cuando la persona padece una adicción a la cocaína, ya que estas neuronas se vuelcan por completo en la tarea de recompensar (a través de sensaciones agradables y el cese del malestar por abstinencia) por la experiencia del consumo de la droga.

Este fenómeno se da en muchas otras drogas, y conlleva un proceso de deterioro, adelgazamiento y propensión a la enfermedad, en adictos a la cocaína. Sin embargo, hay que tener en cuenta que este es un efecto a largo plazo y de efectos acumulados a través de las semanas y meses; en los minutos siguientes al consumo, muchas personas pueden tener mucha sensación de hambre y darse atracones.

3. Alteraciones en la autopercepción

Algunas consecuencias directas de esta euforia son la percepción de un aumento en las propias capacidades físicas o intelectuales y una sensación de superioridad en general, lo que influye a la persona a llevar a cabo todo tipo de conductas disparatadas incluso cuando ya hace varias horas o días que no se consume.

Además de eso, los adictos a la cocaína también pierden por completo la sensación de dolor, cansancio o fatiga.

Debido a ello, no es raro ver que profesionales de entornos muy competitivos acepten siempre más carga de trabajo dado que esperan poder con todo por dar por hecho que la cocaína les dará ese “extra” de energía, siendo esta ilusoria (dado que el mal uso de los recursos del cuerpo sigue ocurriendo, aunque no se experimenta con tanto malestar de manera inmediata).

4. Insomnio

Los problemas a la hora de intentar conciliar el sueño por el efecto de la droga, que es una sustancia estimulante y como consiguiente activadora del sistema nervioso, es otro aspecto a considerar.

Se trata de una consecuencia directa de los efectos de la droga en el cerebro, que puede ocasionar también otros problemas de salud como son los dolores de cabeza, el malestar general y una mayor exposición a los trastornos de ansiedad (algo potenciado tanto por la droga en sí como por la falta de sueño).

5. Cambios radicales en el estilo de vida

Son muchos los cambios a nivel personal, social o laboral que se producen en la vida de un adicto a la cocaína en el transcurso de su adicción.

Los más destacables son un deterioro de las relaciones familiares o de amistad, una pérdida de interés por ocupaciones o actividades que antes interesaban a la persona y un cambio en los hábitos de ocio nocturno, con salidas y llegadas a casa que, dependiendo del contexto familiar, es frecuente que sean ocultadas. A la larga, también se da una bajada drástica del rendimiento académico, escolar o laboral, incluso si los efectos estimulantes de la cocaína y su impacto en la capacidad de trabajar eran uno de los motivos por los que la persona empezó a usarla en primer lugar.

Además de eso, también es habitual un aumento en los gastos diarios o semanas del adicto, puesto que la cocaína es una de las drogas más caras que existen.

6. Cambios en el estado de ánimo

Por último, entre las señales clásicas que presenta una persona adicta a la cocaína destacan los cambios de humor frecuentes, la irritabilidad ante las contrariedades, la ansiedad cuando no se está consumiendo o la depresión.

Estos síntomas emocionales pueden ser consecuencia de algunas de las señales anteriormente mencionadas, o también pueden ser la causa de algunas de ellas.

¿Cómo es el tratamiento?

El tratamiento de la adicción a la cocaína debe darse por una doble vía: la médico-psiquiátrica y la psicoterapéutica. Ambas funcionan combinándose entre sí para no solo hacer que los efectos que la droga ha tenido en el cuerpo se vayan desvaneciendo, sino también para que la persona aprenda a ser autónoma otra vez y aprenda a regular mejor sus propias emociones y sus patrones de comportamiento, evitando así las recaídas y llevando mejor el malestar inicial por la abstinencia.

En cuanto al tratamiento médico, resulta especialmente importante la fase inicial del tratamiento, en la que el cuerpo del paciente va eliminando los restos de droga que quedaban almacenados en la sangre y en los tejidos, y se evita que la persona caiga en conductas dañinas con tal de aliviar ese malestar de los primeros días. El acompañamiento psiquiátrico continuará durante todo el proceso, dando apoyo profesional ante el reto de vivir sin seguir consumiendo y ofreciendo herramientas para afrontar la posible ansiedad que pueda surgir debido a esto.

La psicoterapia también ayuda a que la persona sepa manejar las emociones negativas relacionadas con la retirada de la droga, pero más allá de esto, permite que el paciente vaya aprendiendo a encontrar nuevas fuentes de motivación, maneras efectivas de detectar a tiempo los pensamientos y las conductas que le pueden predisponer a recaer, y formas de relacionarse con los demás que lo alejen de la droga. Para ello se sirve de técnicas y estrategias muy diversas, como el Mindfulness, el uso de autorregistros, etc.

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Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association (APA). (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.
  • Goldstein, R.A.; DesLauriers, C., Burda, A.M. (2009). Cocaine: history, social implications, and toxicity--a review. Disease-A-Month, 55(1): pp. 6 - 38.
  • National Collaborating Centre for Mental Health (2008). Drug Misuse: Psychosocial Interventions. Leicester: British Psychological Society; NICE Clinical Guidelines, No. 51.