La cocaína es probablemente la droga no legal más consumida en el mundo occidental, y la que mueve más dinero. No es por casualidad: es una de las más adictivas, y además se consume en contextos muy variados, incluso en el ámbitos vinculados al trabajo.

Sin embargo, la cocaína es también una sustancia muy dañina para el organismo, capaz de producir un gran desgaste físico, psicológico y social. Por ello, en este artículo veremos un resumen acerca de en qué consiste el proceso de desintoxicación de la cocaína.

La naturaleza de la dependencia de la cocaína

La cocaína es una sustancia cuyos efectos en el sistema nervioso producen una sensación de euforia y activación general de las funciones del cerebro, lo cual ayuda a que se consuma en contextos festivos y de ocio y también en el ámbito laboral.

De hecho, existen círculos sociales compuestos por profesionales que tienen relativamente normalizado consumir cocaína para (en teoría) rendir lo suficiente, consecuencia de unas condiciones laborales demasiado duras.

A medida que el acto de consumir cocaína se va instalando en el día a día de la persona y se transforma en un hábito, el modo en el que esta sustancia interactúa con las neuronas hace que la estructura del cerebro cambie, haciendo que el consumo de esa droga se convierta en la prioridad y, poco a poco, en la única fuente de satisfacción.

Además, como consecuencias indirectas de esta modificación en el sistema nervioso y de los hábitos de consumo, la persona también se expone más al riesgo de desarrollar otro tipo de adicciones, especialmente alcoholismo.

Así pues, el proceso de desintoxicación de la cocaína debe romper con ese círculo vicioso favoreciendo un cambio de comportamientos y de contextos a los que exponerse, entre otras cosas. Vemos más en detalle cómo se puede contribuir a esto desde el ámbito de los profesionales de la salud expertos en adicciones.

El proceso de desintoxicación de la cocaína, paso a paso

Estos son los principales elementos del tratamiento de desintoxicación de la cocaína en un contexto de tratamiento profesional.

1. Fijación de metas a muy corto plazo

Las primeras horas del proceso de desintoxicación son cruciales, porque establecen el grado de compromiso con la terapia.

En esta fase inicial, se intenta que la persona rompa con sus antiguas dinámicas de consumo, ayudando no a que bloquee su malestar (eso sería imposible) sino ofreciéndole otras maneras de dirigir la atención hacia estímulos alternativos. Esto se consigue, entre otras cosas, estableciendo objetivos muy concretos a corto plazo; tener la sensación de que en muy poco tiempo se puede llegar a una de las metas del proceso de desintoxicación motiva más y hace menos probable que se tire la toalla.

2. Trabajo en la autoestima

En terapia, también se trabaja desde la psicología para reforzar la autoestima de la persona, haciendo que se cuestione las creencias que juegan en contra de su propia autonomía y empoderamiento. Esto hace que los pacientes crean más en sus posibilidades de desintoxicarse.

3. Entrenamiento en la detección de pensamientos de auto-sabotaje

Es importante que las personas que se están desintoxicando de la cocaína aprendan a detectar a tiempo los pensamientos que pueden conducir a la tentación de recaer. Esto resulta especialmente crucial en el caso de drogas como esta, que se consumen en contextos muy variados.

4. Monitorización del proceso

Los profesionales de la salud no son los únicos que van realizando un seguimiento de los procesos del paciente; además, se contribuye a que este último también sea capaz de mirar atrás y reconocer sus mejoras, para que compruebe lo que ha sido capaz de conseguir y aprenda lo que ha funcionado mejor y peor.

¿Y después de la desintoxicación?

Hay que tener en cuenta que la desintoxicación es solo una de las fases de lo que implica dejar atrás una adicción; una vez se ha pasado por esto, los profesionales de la salud seguimos ofreciendo apoyo ante otro tipo de metas ligeramente distintas, aunque también relacionadas con vivir al margen de la fuente de dependencia. Sin embargo, es probablemente la más importante, porque supone la primera gran victoria para la persona, y superarla le demuestra que es capaz de vivir al margen de la droga, habiéndola vencido en un momento en el que resultaba muy duro dejar de consumirla.

¿Buscas apoyo ante las adicciones?

Clínicas CITA

Si te interesa superar una adicción a la cocaína o a cualquier otro tipo de sustancia, o bien un fenómeno de dependencia sin sustancias (juego patológico, adicción a los videojuegos, etc.), puedes ponerte en contacto con nuestros profesionales. En Clínicas CITA nos especializamos en los trastornos de tipo adictivo, y ofrecemos tratamiento tanto médico como psicoterapéutico. Puedes encontrarnos en nuestros centros de Barcelona y Dosrius (Mataró), o ver más información sobre nosotros en esta página.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association (APA). (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.
  • Center for Substance Abuse Treatment. (1999). Treatment for Stimulant Use Disorders.
  • Goldstein, R.A.; DesLauriers, C.; Burda, A.M. (2009). Cocaine: history, social implications, and toxicity--a review. Disease-A-Month. 55(1): pp. 6 - 38.
  • Rockville (MD): Substance Abuse and Mental Health Services Administration: Treatment Improvement Protocol (TIP) Series, No. 33.
  • Kalivas, P.W., Volkow, N.D. (2005). The neural basis of addiction: a pathology of motivation and choice. The American Journal of Psychiatry. 162(8): pp. 1403 - 1413.
  • Kauer, J.A.; R.C. Malenka (2007). Synaptic plasticity and addiction. Nature Reviews Neuroscience. 8(11): pp. 844 - 58.
  • Karila, Laurent; Zarmdini, Rim; Petit, Aymeric; Lafaye, Geneviève; Lowenstein, William; Reynaud, Michel (1 de enero de 2014). «[Cocaine addiction: current data for the clinician]». Presse Médicale (Paris, France: 1983) 43 (1): 9-17.
  • Valbuena, A.; Largo, R.; Quintero-Gutiérrez, J.; García-Resa, E.; y Correas, J. (2001). Comorbilidad en alcohólicos ingresados. Implicaciones clínicas y sociosanitarias. Adicciones, 13(3): pp. 297 - 304.