Conversamos sobre el uso de este tipo de terapias psicológicas.

Aveces se habla de la psicoterapia como un proceso en el que el psicólogo simplemente se limita a eliminar el síntoma concreto, sin tener en cuenta el malestar responsable de la aparición de este fenómeno.

Sin embargo, esta crítica no se corresponde bien con la realidad. De hecho, existe un conjunto de abordajes psicoterapéuticos diseñados precisamente para poner por encima de todo el bienestar general de los pacientes: se trata de las terapias contextuales, también llamadas terapias de tercera generación.

Las terapias de tercera generación van más allá del síntoma y ponen el objetivo en el bienestar general de la persona.

Sin embargo, esta explicación no deja de ser una simplificación, y en realidad hay muchas más características interesantes que hacen de este abordaje psicoterapéutico una opción muy a tener en cuenta a la hora de buscar asistencia psicológica. Por eso, lo mejor es contar con el punto de vista de un experto.

Entrevista a Adrián Muñoz Pozo, psicólogo experto en terapias contextuales

Para conocer mejor los detalles acerca de las terapias de tercera generación conversamos con Adrián Muñoz Pozo, psicólogo que ofrece asistencia psicológica en Málaga y Fuengirola, de manera que nos explique este ámbito del trabajo en salud mental.

Si tuvieses que resumir en qué consisten las terapias de tercera generación en una sola frase, ¿cómo lo harías?

Complicada tarea, la de resumir todo un cambio de paradigma en una sola frase. Pero vamos allá.

En una frase: comprender la conducta humana (verbal o no verbal) dentro del contexto en el que se genera, analizando las funciones que mantienen los comportamientos para emplear estrategias de intervención dirigidas a crear un repertorio conductual más flexible que permita a las personas alcanzar un horizonte lleno de propósitos vitales.

¿Cuáles son las diferencias entre esta nueva propuesta de intervención psicológica y la terapia cognitivo-conductual clásica? ¿Crees que rompen totalmente con los pilares en los que se sustenta esta última?

Sí, totalmente. Las terapias de tercera generación constituyen un replanteamiento contextual de la psicología clínica, una nueva forma de entender los problemas psicológicos y su abordaje.

Las terapias de segunda generación o cognitivo-conductual entienden que la causa de los ‘trastornos mentales’ se halla en las alteraciones de las cogniciones (pensamientos, creencias, atribuciones, expectativas). Y, por consiguiente, el tratamiento de estos problemas consistirá en la elaboración de técnicas específicas para revertir tal situación.

Por lo tanto, estamos ante un modelo basado en el esquema Input-Output (I-O) del cognitivismo que es internalista, nosológico, nomotético, biomédico y centrado en la eliminación del síntoma como propósito clínico.

En cambio, las terapias de tercera generación se basan en un modelo ideográfico, holista y contextualista para entender el origen y mantenimiento de los problemas psicológicos, basándonos en el conductismo radical de Skinner y la vuelta al uso del análisis funcional de la conducta.

Desde esta perspectiva no se entiende la sintomatología como algo disfuncional y que debe ser eliminado, sino que se pone todo el énfasis en la construcción de tratamientos que vayan en la dirección del abandono de la lucha contra la eliminación de los síntomas y la construcción de vidas personales más plenas.

Entre todas las terapias de tercera generación, tú te especializas en una que se llama Terapia de Aceptación y Compromiso. ¿En qué consiste?

En la terapia de Aceptación y Compromiso, ACT, se contempla el malestar psicológico como parte de la vida. El sufrimiento es intrínseco al hecho de vivir. Sin embargo, las personas tratamos de evitar estar en contacto con todos aquellos eventos internos (pensamientos, emociones, sensaciones) que nos producen malestar. Estos intentos por eliminar, reducir o modificar los eventos privados “negativo” es lo que se conoce como “Trastorno de evitación experiencial”.

En ACT, el objetivo es que los clientes aprendan a darse cuenta de su agenda de control (comportamientos de evitación) y que abandonen estos comportamientos que no les ha servido para desprenderse de su malestar.

A su vez, se entrena a los clientes a generar un estado de aceptación ante los eventos privados que le causan malestar como alternativa a la evitación mediante ejercicios y metáforas que tienen el objetivo de que las personas generen un estado de de-fusión cognitiva. Es decir, aprender a observar los eventos privados tal y cómo son: meros pensamientos y emociones que se tienen en un momento dado por las circunstancias e historia que nos rodea. Es decir, aprender a ver los eventos privados con perspectivas y no a través de ellos.

Pero en ACT no se trata de exponer al cliente a su sufrimiento por que sí. Exponerse a sus eventos privados molestos es un medio para un fin mayor: llevar la vida que quieres, en concordancia con tus valores, entendiendo los valores como todas aquellas cosas que hacemos y que le aportan sentido a nuestra vida.

Usualmente, las personas, pensamos que solo y únicamente podemos llevar la vida que queremos si eliminamos el malestar y nos encontramos en un estado ideal de bienestar. Sin embargo, como ya mucho de vosotros, los lectores, habréis podido comprobar que no tenemos mucho control en cuanto a seleccionar qué pensamientos o sensaciones queremos tener o no tener en un determinado momento para realizar cualquier tipo de actividad.

Por ello, en ACT les enseñamos a los clientes a que no tienen que eliminar o modificar sus malestar como premisa para llevar la vida que quieren. Les enseñamos a que se centren y depositen su tiempo y esfuerzo en lo que realmente les importa (ser mejor padre o madre, ser mejor empleado/a, tener una mejor la salud, ser más cercano con las amistades, etc.) y realizar acciones comprometidas para conseguirlo, independientemente de los eventos privados que tengamos.

El trabajar en centrarse en sus valores, aprender a aceptar y tomar distancia de los eventos privados que le generan malestar y que se interpretan como incapacitares es lo que promueve la flexibilidad psicológica y con ello el subsiguiente fruto de llevar una vida que, a pesar de tus eventos privados, califiques como satisfactoria y llena de sentido, puesto que estás dedicando tu tiempo, tu vida, a las cosas que realmente te importan, y no a tratar de controlar algo que es incontrolable.

Una de las claves de este tipo de intervención psicológica es que se ayuda a no generarse uno mismo problemas añadidos al sentirse responsable de su malestar. ¿Cómo se consigue esto?

Cierto. Muchos de mis clientes, y sobre todo tras realizar el ejercicio de desesperanza creativa, tienden a pensar que ellos son los culpables de sentirse como se sienten. A lo que yo siempre hago alusión a la metáfora de cavar:

“Imagina que has caído en un hoyo, un hoyo muy muy profundo y quieres salir de él para continuar con tu camino. Entonces echas mano a tu mochila y sacas la herramienta que llevas: una pala. Y te pones a cavar y cavar…al cabo de un tiempo, te das cuenta de que sigues en el hoyo. Es más, ahora estas más hundido".

El problema no es que te hayas caído (como te sientes), ni la persona que se ha caído, sino que el único problema es que se ha estado usando una herramienta que no está indicada, que es ineficaz, para resolver el problema de salir de un hoyo.

Esta pala es una herramienta que llevamos todos incorporados de serie en nuestra mochila y que el único error ha sido usarla donde no es eficaz. Dicho esto, no nos queda otra opción que soltar la pala, más adelante descubriremos qué hacer para salir. Pero ahora, lo principal, es dejar de usar algo que no nos ayuda a solucionar el problema.

Con esta metáfora ayudamos a nuestros clientes a que no generen esas sensaciones de culpabilidad hacia ellos mismo. Sino, que se responsabilicen de las acciones que han estado llevando a cabo para eliminar su malestar. Cómo estas acciones no le han resultado fructífera y así propulsarlos a que emprendan nuevas acciones en dirección a valores.

¿En qué tipo de pacientes crees que se notan más las ventajas de la Terapia de Aceptación y Compromiso?

En general, todos los pacientes que acaban contactando con ACT notan una gran mejoría en la calidad de sus vidas.

Pero, en particular, aquellas personas en las que su problema es crónico, o llevan muchos años luchando por solucionar su malestar es en los que mejor se observa las mejorías rápidamente. Al contrario de lo que se podría pensar.

Los clientes que llevan mucho tiempo sumergidos en su malestar son los que más conductas de evitación han desarrollado con el propósito de eliminar, reducir o modificar su malestar.

Lo que facilita que se pueda dar un cambio más rápido en el abandono de la lucha por controlar sus eventos internos, ya que su experiencia les dice que ha resultado imposible librarse de su malestar por muchas cosas que hayan intentado a lo largo de su historia. Es lo que se conoce en ACT cómo generar un estado de desesperanza creativa.

¿Cómo suelen desarrollarse las sesiones de psicoterapia fundamentadas en este paradigma?

En general, en las terapias contextuales y en particular en ACT, las sesiones suelen desarrollarse en un ambiente distendido y cálido, donde psicoterapeuta y cliente están sentados uno frente al otro, en condición de igualdad, de persona a persona.

Desde esta posición el psicoterapeuta muestra a su cliente que, al igual que él, nosotros también estamos expuestos al sufrimiento humano y que por ende, los entendemos y compartimos la misma experiencia.

A la hora de abordar el motivo de consulta, esto se realiza desde el análisis funcional de la conducta. Es decir, analizamos junto al cliente el repertorio conductual que despliega ante su malestar para que él mismo sea quien vislumbre su propia agenda de control y vea la ineficacia de su conducta de evitación.

Además, las sesiones en ACT son sesiones dinámicas, en las que se practican muchos ejercicios experienciales para exponer al cliente ante sus eventos privados temidos; así como el uso de metáforas, adaptadas al cliente, con el propósito de generar aceptación y de-fusión con el contenido mental. Y también hay que tener en cuenta el uso de actividades dirigidas a la clarificación de valores y el compromiso con la acción dirigida hacia ellos.

Finalmente… ¿podrías explicarnos un caso de mejora de un paciente del que te sientas especialmente satisfecho y orgulloso?

Por supuesto. Recuerdo uno de mis casos que mejor ejemplifica el cambio que produce ACT en la vida de los clientes que demandan ayuda, y a su vez uno de esos casos que te hacen aprender.

Aún recuerdo a esta clienta, mujer, de unos 38 años, licenciada en química, con pareja estable, aunque vivía con sus padres en el domicilio familiar. La llamaremos Ana.

Llegó a consulta demandando asistencia debido a que estaba pasando por una etapa de su vida en la que experimentaba síntomas de ansiedad y estrés descontrolado.

Explorando sus antecedentes, pudimos ver cómo había crecido en un seno familiar muy protector y en el que no se reforzaban los logros. Además, a lo largo de su vida, siempre que se exponía a una situación temida, la abandonaba. Le daba miedo buscar trabajo fuera de su ciudad por alejarse de sus padres. Tenía miedo de independizarse y no poder sostenerse económicamente. Miedo a irse y perder los amigos y hobbies que tenía en su entorno, etc.

Comenzamos a trabajar siguiendo las directrices de ACT que he explicado en la pregunta anterior, y desde muy pronto empezamos a explorar problemas, puesto que ella estaba muy focalizada en tratar de eliminar sus eventos privados que le causaban malestar. Aún así, continuamos con mucho esfuerzo, dinámicas y ejercicios diversos.

Recuerdo que pasaban las sesiones, que trabajábamos en flexibilizar este tipo de comportamientos y en sus valores, pero ella seguía insistiendo en la condición de eliminar sus eventos privados como condición para llevar la vida que quería llevar. A pesar de esta queja, yo le insistía en abrirse a su experiencia, y trabajábamos muchos ejercicios de aceptación y de-fusión cognitiva unidos a realizar acciones en dirección a sus valores.

Ana tenía la carrera de profesora, y era su verdadera vocación. Sin embargo, solo había ejercido como tal en contadas ocasiones, cubriendo las vacaciones de verano en el colegio de su ciudad.

A lo largo de las sesiones, Ana se dio cuenta de que el trabajo en el que estaba no era de su agrado (no estaba ligado a la educación) y dio un paso muy valiente. Que, hasta entonces, era impensable. Dejó su trabajo, a pesar de la incertidumbre y el miedo que le creaba esta nueva situación. Empezábamos a observar cambios en ella: estaba más abierta a los cambios, a su malestar, y sobre todo, emprendía más acciones en dirección a sus valores.

Una vez dado este paso, nos pusimos en marcha para que buscara nuevos objetivos laborales en dirección a su vocación como profesora. Empezó a prepararse las oposiciones y comenzó a inscribirse en bolsas de trabajo. Al cabo de unas semanas, la llamaron de una bolsa en Melilla para cubrir un puesto. Y lo aceptó.

Hizo las maletas y se fue a emprender esta nueva aventura en Melilla junto a su pareja. Recuerdo que lo vivía con mucho miedo y que teníamos que trabajar mucho el vivir el momento presente, puesto que tenía mucha angustia y ansiedad ante el miedo a fracasar. Aún así, persistió.

A día de hoy, ya ha transcurrido un año y medio desde que Ana pisó Melilla. Sigue trabajando allí, vive con su pareja, practica deporte y ha creado un circulo de amistad con el que realiza escapadas. Todo lo que ella deseaba y que, a su juicio, sus miedos le impedían conseguir. Y lo mejor de todo, lo ha conseguido sin tener que parar su vida para eliminar su miedo y ansiedad.

Cuando le pregunto cómo esta, siempre me recuerda que hay días en el que siente ansiedad, en los que vuelve el miedo, en los que se enreda con su mente… pero yo siempre le recuerdo lo mismo: “mírate donde estás, ¿es la vida que quieres llevar?” Sí. “Pues hazle hueco a ese malestar y sigue construyendo una vida rica y satisfactoria”.

Sin embargo, cuando le pregunto por cuán satisfecha está con su vida, me responde algo del estilo de: “es lo mejor que he podido hacer. Puede que sienta miedo y ansiedad pero que está a gusto con lo que hace y siente que es profesora de verdad, algo con lo que siempre había soñado”.

Este es un caso que me gusta mucho porque ejemplifica muy bien cómo se trabaja desde ACT. Desde ACT perseguimos que las personas construyan vidas valiosas, vidas que quieran ser vividas. Y para ello, empleamos técnicas que ayudan a las personas a dejar de controlar sus emociones o pensamientos, desarrollando una actitud de espectador ante ellas.

En cambio, fomentamos y reforzamos todas aquellas acciones que van en dirección de conseguir una vida más plena, una vida orientada hacia sus valores.