Como en todas las ramas de la ciencia de la conducta, la psicología forense también cuenta con su propio código de normas éticas.

Con este artículo podremos adentrarnos en algunos de los conceptos más importantes que todo psicólogo forense debe respetar durante la realización de su actividad para así no entrar en confrontación con la deontología de este campo.

La importancia de la ética y deontología en psicología forense

Todas las disciplinas que se dediquen a la salud han de estar regidas por unas normas muy claras en cuanto a la ética de las actuaciones de los profesionales. Es el caso, por ejemplo de la medicina y por supuesto de la psicología. En concreto vamos a hablar de la importancia de la ética y deontología en psicología forense, una de las ramas de esta ciencia que se dedica a su parte más jurídica.

Los psicólogos forenses, entre otras cosas, realizan informes periciales para asesorar a un juez acerca de los fundamentos psicológicos de diferentes actuaciones o situaciones.

Una tarea tan delicada, que implica no solo la intervención de una ciencia de la salud como es la psicología, sino decisiones judiciales que pueden restringir la libertad de un individuo, o dar la custodia de un menor a una u otra parte, han de realizarse con una cautela extrema, y siempre en un marco ético que de ninguna manera puede sobrepasarse, para tener las máximas garantías de que la actuación psicológica se está realizando con la mayor objetividad posible y sin vulnerar ni un solo derecho de los afectados.

Para lograr este objetivo, existen códigos deontológicos que se aplican a toda la práctica psicológica en general, pero también hay otros que son específicos para la vertiente forense de esta disciplina, y que proponen una serie de pautas para elaborar los informes periciales de una manera que asegure no vulnerar ningún criterio ético. A continuación veremos algunos de ellos y tomaremos ejemplos para ilustrar las buenas prácticas que se han de realizar para respetar la ética y deontología en psicología forense.

Ética general en psicología

Aunque existen algunos manuales de ética a nivel nacional, como el Código Deontológico del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos, e incluso europeo, como el Metacódigo de Ética de la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos, también es cierto que cada Colegio Oficial de sendas comunidades autónomas en España se encarga de realizar las guías que deben regir las actuaciones de los psicólogos colegiados en dicho territorio.

En este caso tomaremos como referencia aquellos realizados por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. En este caso, el primer documento que encontramos es el de Ética y Deontología en la práctica psicológica.

Lo interesante de esta guía es que en su introducción explica que surge como respuesta a una serie de estudios en los que se analizó la incidencia de varias cuestiones que podrían suponer una falta de ética en el día a día de la actividad de diferentes psicólogos en varias ramas diferentes de la profesión. Por lo tanto, se hizo necesario establecer una unicidad de criterios para evitar esas situaciones en las que, puede que por desconocimiento, no se estuviera obrando de la forma más correcta.

La ética y deontología en psicología forense también se deja ver en este manual, pues cuenta con una sección en concreto en la que se abordan las problemáticas propias de este campo. Una de las características de la disciplina forense frente al resto de las ramas de la psicología, es que en esta, por lo general, el psicólogo trabaja con personas que no desean estar allí por voluntad propia, sino que la relación viene impuesta por el proceso judicial en el que están inmersos y eso hace que la posición del psicólogo sea especialmente delicada.

No es de extrañar, por lo tanto, que el campo de la psicología jurídica (donde se engloba la forense) sea el colectivo que más denuncias por presunta mala praxis recibe en el este Colegio Oficial. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que todas ellas conlleven la apertura de un proceso disciplinario, pues en la mayoría de los casos se demuestra que no procede dicha denuncia, y por lo tanto queda desestimada. Pero sí es una muestra de la extrema delicadeza de este campo y las implicaciones que puede tener una mala actuación.

Los datos demuestran que el campo de la psicología forense recibe más del 25% del total de las denuncias a los profesionales de la psicología en general. De esa cantidad, más de la mitad son archivadas sin que se necesite una investigación, al no haber indicios de mala praxis. De las restantes, solo algunas, un 7% del total de denuncias presentadas, generan una apertura de expediente disciplinario. Una cifra realmente baja para el total de las intervenciones que se realizan en este campo.

Guías de buenas prácticas en psicología forense

Siguiendo con otros ejemplos de documentos que el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid ha editado para establecer unas pautas de actuación unificadas en cuanto a la ética y deontología en psicología forense, vamos a detenernos en algunos de los más importantes para descubrir su utilidad.

Custodia y régimen de visitas a menores

Si la práctica de la psicología pericial ya es extremadamente delicada, cuando implica decisiones que afectan a menores, estamos hablando de casos todavía más sensibles. De ahí que el COP de Madrid decidiera publicar la Guía de buenas prácticas para la elaboración de informes psicológicos periciales sobre custodia y régimen de visitas de menores.

Tras la aprobación de la ley de divorcio, la problemática de las custodias ha sido una constante, y la figura del perito psicólogo es fundamental para asesorar al juez sobre la opción más favorable para el menor, una vez evaluadas todas las posibilidades.

Y es que, el interés superior del menor es el pilar fundamental de la ética y deontología en psicología forense dentro de este ámbito. Una de las máximas que regirá estas actuaciones es que el psicólogo evalúa al total del grupo familiar, pues no es posible llegar a conclusiones razonables si únicamente se han estudiado las condiciones de custodia para uno de los progenitores o tutores. La evaluación, además, ha de realizarse siempre a través de criterios objetivos, obviamente.

Igualmente importante es que todos los miembros de la familia conozcan la finalidad del proceso evaluativo al que están siendo sometidos, y deben dar el consentimiento expreso para ello. El psicólogo, además, ha de informar a ambos padres o tutores de las técnicas que van a aplicar sobre los menores, y si alguno de ellos estuviera en contra, ha de interrumpir inmediatamente el procedimiento, a no ser que haya una orden judicial para continuar.

Si el anterior punto ya suponía un trabajo extremadamente delicado, todavía lo es más cuando se trata de la ética y deontología en psicología forense en casos de custodia de menores y régimen de visitas para víctimas de violencia de género. La sensibilidad de esos casos serán, si cabe, todavía mayor, por lo que el perito psicólogo tendrá que extremar sus precauciones y proteger a toda costa el interés superior del menor, que es la ley general que rige toda actuación que implique el trabajo con menores de edad.

Riesgo de violencia contra la mujer

El otro ámbito en el que se dan los casos más delicados dentro de la psicología forense, y que ya adelantábamos en el punto anterior, es el de los casos de violencia hacia la mujer. Para tener el mayor conocimiento sobre el modo de actuar, el COP de Madrid preparó la Guía de buenas prácticas para la evaluación psicológica forense de violencia contra la mujer en las relaciones de pareja (VCMP).

La figura del psicólogo forense en este campo es de una importancia vital, pues se va a convertir en el asesor del juez y va a ser uno de los profesionales que evalúe si se está dando una situación de violencia hacia la mujer, y en ese caso, de qué tipo está siendo, cuáles pueden ser sus repercusiones y los posibles riesgos. Es, desde luego, una tarea extremadamente complicada y ha de hacerse bajo unos protocolos muy estrictos que garanticen la máxima ética durante todo el proceso.

El psicólogo deberá dejar claro a las personas implicadas en la evaluación forense cuál es su función: asesorar al juez en un campo muy concreto, el de la psicología, dentro de la situación que se está juzgando, para que tenga toda la información sobre la mesa antes de tomar una decisión. Y es que, siempre, es el juez el encargado de dictar sentencia y decidir. Los peritos psicólogos son únicamente asesores que aportan una información muy valiosa para que dicha decisión sea lo más objetiva posible.

Referencias bibliográficas:

  • Bartolomé, A., Chacón, F., García, J.F., García, A., Gómez, M.R., Gómez, R., Vázquez, B. (2013). Guía de buenas prácticas para la elaboración de informes psicológicos periciales sobre custodia y régimen de visitas de menores adaptada a casos de violencia de género. Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.
  • Chacón, F., García, J.F., García, A., Gómez, M.R., Vázquez, B. (2009). Guía de buenas prácticas para la elaboración de informes psicológicos periciales sobre custodia y régimen de visitas de menores. Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.
  • COP Madrid (2011). Ética y Deontología en la práctica psicológica. Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.
  • Gómez, M.R., Muñoz, J.M., Vázquez, B., Gómez, R., Mateos, N. (2012). Guía de buenas prácticas para la evaluación psicológica forense del riesgo de violencia contra la mujer en las relaciones de pareja (VCMP). Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.