El concepto del suicidio ampliado, a raíz de varios lamentables sucesos acontecidos en los últimos años, se ha vuelto conocida. Se trata del acto de primero asesinar a un ser querido y después suicidarse.

A continuación vamos a definir más a fondo de qué se trata esta expresión, qué criterios diagnósticos utilizan expertos en el tema para delimitar cuándo se está ante un caso de suicidio ampliado, factores de riesgo y comentar por qué es una expresión con controversia.

¿Qué es el suicidio ampliado?

El suicidio ampliado es un evento trágico en el que el individuo primero acaba con la vida de un ser querido, normalmente un hijo o hija, para después suicidarse. La víctima de la persona quien acabará suicidándose suele ser una persona a quien tiene aprecio, y considera que, lejos de estar arrebatándole el futuro, la está salvando de un porvenir adverso.

En este tipo de homicidio no es que la madre, o el padre en según qué situaciones, odie a sus hijos u otros seres cercanos, o haya tenido un comportamiento mayormente negligente para con ellos. No estamos hablando de un caso en el que la persona homicida-suicida haya cometido malos tratos previamente. El suicidio no se da como acto de arrepentimiento por el asesinato del ser querido, sino que se coinciden en el tiempo. Primero se asegura de quitarle la vida para después quitársela a sí misma.

Habitualmente, la persona quien comete este acto se encuentra profundamente deprimida, teniendo una idea muy pesimista de cómo irá el futuro tanto para ella como para sus seres queridos. Debido a este patrón de pensamiento, y considerando que no hay forma alguna de salir del callejón sin salida en el que cree estar, la madre o el padre decide, como acto que entiende como altruista, acabar con la vida de su hijo para luego acabar con la suya propia.

La forma en la que se acaba con la vida del hijo o ser querido suele ser, más o menos rápida y, en la mayoría de los casos, tan indolora como es posible. La persona homicida trata de evitarle todo sufrimiento a su hijo, pese a que está haciéndole el mayor mal de todos los males: asesinarlo. Entre estos métodos de asesinato “suaves” y menos traumáticos se encuentran el uso de psicofármacos, liberación de gas, apuñalamiento en zonas estratégicas y de rápido sangrado, tirarse de una gran altura...

De acuerdo con Save the Children, cerca del 24% de las muertes de niños y niñas registrados desde el año 2012 fueron asesinatos perpetrados por sus madres, 36% por sus padres y el 7% como consecuencia de un suicidio por acoso escolar. El 33% restante de los fallecimientos infantiles se debían a homicidios imprudentes o asesinatos realizados por personas externas a la familia. Cerca de un tercio de las madres quienes asesinan a sus hijos intentan suicidarse después, y el 23% de ellas lo consigue.

¿Qué signos indican que se está ante este tipo de homicidio?

Existen criterios diagnósticos para determinar que se está ante un caso de suicidio ampliado, o que la persona corre el riesgo de intentar quitarle la vida a un ser querido para posteriormente intentar suicidarse. Los más destacables son los siguientes:

  • Intención del agresor de morirse.
  • Inclusión de una segunda persona en el acto suicida sin su consentimiento.
  • El suicidio no es consecuencia del homicidio. Se dan al mismo tiempo.
  • Motivación altruista o pseudoaltruista (p. ej., “ahorrarle sufrimiento a mi hijo”).
  • Decisión espontánea, sin darse cuenta de las consecuencias de su acto.

Factores de riesgo

Se han dado diferentes explicaciones para comprender el por qué una persona, en la mayoría de los casos de mujeres quienes cometen homicidio-suicidio, comete suicidio ampliado, aunque en la mayoría de los casos la explicación recurre a la psicopatología, especialmente cuando se sufre depresión mayor.

En la mayoría de los casos, se trata de mujeres quienes se encuentran deprimidas, ya sea a causa de malos tratos o por otros factores como rupturas matrimoniales y problemas económicos. Se encuentran tan desesperadas que no creen que vaya a haber una alternativa mejor que la muerte. Es especialmente común cuando la persona tiene síntomas psicóticos o delirantes, como los que se pueden encontrar en los casos de esquizofrenia paranoide.

Se ha visto que el historial suicida previo a la realización de este intento de suicidio ampliado, sea este exitoso o no, es un factor de riesgo. Además de esto, sufrir un trastorno de personalidad grave, como lo es el TLP, es algo que puede influir de forma significativa en la consecución de este tipo de homicidio-suicidio. El consumo e intoxicación por sustancias también puede contribuir a que ocurra.

A todo esto, no se debe caer en el error de estigmatizar a las madres quienes hayan pasado o estén pasando por un episodio depresivo, se les haya dado diagnóstico de esquizofrenia o, en el pasado, hayan cometido intentos autolíticos. Como ya vimos, los malos tratos y problemas matrimoniales, junto con laborales y económicos pueden influir en el que una persona se sienta tan sobrepasada por los acontecimientos que no vea forma alguna de mantener a salvo a los hijos, y decida acabar con todo de una vez.

Un concepto controvertido

Matar a un hijo u otro ser querido, sea cual sea la motivación que empuje a cometer este tipo de acto, es algo deleznable y desde luego no se puede justificar de forma alguna, se sea hombre o se sea mujer.

El concepto de suicidio ampliado ha sido criticado, dado que, a veces, y tal y como lo exponen algunos medios de comunicación, más que tratarlo por lo que es, un homicidio seguido de un suicidio, se presenta de forma muy diferente a la parte agresora. En función de la ideología del medio, el que una madre asesine a su hijo se puede ver o bien como un acto heroico contra la sociedad machista, o bien justo lo contrario, poniendo énfasis en la falta de críticas hacia el comportamiento de quien ha matado.

Es importante destacar que hay poca información acerca de la cantidad de casos en los que, realmente, se estaría ante un suicidio ampliado propiamente dicho. Es decir, la madre acaba con la vida de su retoño porque no ve un futuro prometedor.

En estos casos estaríamos ante una persona quien está sufriendo un problema psicológico, mayormente de tipo depresivo combinado con síntomas psicóticos e ideas delirantes. Esto no perdona el acto homicida, pero permite entender que quien lo ha realizado no lo hace por cuestión de venganza u odio hacia el marido o hacia la víctima, sino que cree que está siendo altruista.

Por otro lado, estaría la idea de que, efectivamente, hay casos, aunque pocos, en los que la madre no tendría trastorno mental alguno y el acto homicida lo habría cometido en un contexto de violencia doméstica, en una situación que se le habría ido de las manos.

Los registros en los que se tienen en cuenta los casos de suicidio ampliado se realizan a posteriori, es decir, una vez han sucedido y la persona suicida ya no puede explicar su realidad porque está muerta.

Esto hace que la investigación, aunque eficiente en la mayoría de los casos, no sepa siempre con total exactitud cuál fue la motivación de la homicida-suicida. Si la persona estaba deprimida pero no acudió a un profesional, no habrá historial médico ni psiquiátrico que permita contextualizar el asesinato y, si fuera el caso de que ella era quien cometía malos tratos pero el marido no los denunció, se hace difícil estar seguro de si las declaraciones del marido después del evento son verdaderas o inventadas.

Reflexión final

Ante todo esto, cabe una reflexión final, y es la de que no se deben menospreciar los trastornos del estado anímico ni tampoco la violencia doméstica, sea quien sea el agresor y la víctima.

Todo el mundo puede sufrir, en algún momento de su vidas, una depresión, la cual puede agravarse en función de las características de personalidad del individuo y de los factores externos a él, como la vivencia de malos tratos que cientos de mujeres sufren cada día y que se relacionan con la mayoría de los casos de suicidio ampliado que se ven en los medios. Tiene que ver con la situación que le ha tocado vivir y ciertos factores que le han predispuesto a creer que lo mejor que puede hacer es acabar con todo de esta forma.

Todo el mundo puede vivir en una situación que, lejos de buscar una solución realista o buscar el apoyo de seres queridos y autoridades, crea que el mejor final de todos es la muerte. Se debe ayudar a la persona que sufre lo antes posible, reaccionar ante síntomas de extrema tristeza que puedan indicar psicopatología, ver si se está dando un aislamiento progresivo o la persona no muestra signos de disfrutar de aquello que antes le gustaba.

Es por todo esto que es de vital importancia entender que se deberían establecer y fomentar las unidades psiquiátricas especializadas en ver cómo se da el vínculo madre-hijo (o padre-hijo según el caso) para observar si hay riesgo de que se cometa este tipo de homicidio-suicidio. Además, se deberían refinar las intervenciones delante de crisis suicidas y garantizar que, especialmente, el hijo o ser querido implicado en el acto suicida no salga herido.

La intervención debe ser pluridisciplinar, en la que psiquiatras, trabajadores sociales, psicólogos y médicos trabajen de forma colaborativa y coordinada para asegurarse el máximo bienestar tanto de la madre/padre como de sus hijos ante un caso de trastorno anímico. También es necesaria una mayor sensibilidad por parte de otros profesionales que no trabajan de forma directa con pacientes psiquiátricos ni casos de malos tratos, como pueden ser ginecólogos, médicos de familia y pediatras.

Referencia bibliográfica:

  • Meszaros, K., Fischer-Danzinger, D. (2000). Extended suicide attempt: psychopathology, personality and risk factors. psychopathology, 33(1), 5-10. doi: https://doi-org.sire.ub.edu/10.1159/000029111