Un resumen de las diferencias y características de estos tipos de violencia. Unsplash.

Hablar de violencia sexual puede resultar controvertido, dado el impacto que tiene para la sociedad y debido a la creencia popular transmitida históricamente con respecto al tema.

Cuando oímos alguna noticia acerca de una agresión sexual, automáticamente imaginamos a un individuo varón, con algún trastorno mental y un tanto desajustado de la sociedad, que acecha en la oscuridad a una joven que no conoce para forzarla sexualmente en algún lugar escondido y nos sorprendemos sobremanera al descubrir que en la gran mayoría de los casos, no es esto lo que sucede.

Algunas estadísticas para comprender el problema

Según una macroencuesta realizada por el gobierno en 2017, sólo en un 18% de los casos la agresión sexual es llevada a cabo por un desconocido, lo que supone que un 82% de las agresiones sexuales se producen por personas conocidas por la víctima.

Otro dato relevante que destaca el informe sobre agresiones sexuales múltiples en España (2016-2018) es que en el 98% de los casos los agresores son varones, con una edad comprendida entre los 18 y 47 años, y las víctimas mujeres entre los 18 y los 32 años de media. Así mismo, los escenarios más comunes donde tuvieron lugar las agresiones fueron la calle y la vivienda de la víctima con un mismo porcentaje del 27%.

Cabe mencionar, no obstante, que en las agresiones sexuales llevadas a cabo por desconocidos, suele ejercerse una mayor violencia contra la victima por parte del victimario y la vivencia de ésta suele derivar en un mayor sentimiento de indefensión y temor por la propia supervivencia en la víctima.

¿Cómo explicar la motivación para agredir sexualmente?

Es difícil realizar un perfil de agresor sexual, aunque sí pueden establecerse algunos rasgos comunes.

Son personas de apariencia normal con una inteligencia media, provenientes de todos los grupos culturales, religiosos y económicos, que no necesariamente presentan una patología psiquiátrica. Aunque sí pueden presentar rasgos de neuroticismo, introversión, inmadurez, egocentrismo y baja autoestima. Pero por sí solos, los rasgos expuestos no serían suficientes ni determinantes para llegar a cometer una agresión sexual.

Deben considerarse, además, otros factores, como un aprendizaje pobre de la inhibición conductual, pobres modelos educativos paternos, una disciplina paterna severa e inconsistente, padres agresivos y/o alcohólicos, abusos físicos y sexuales en la infancia y notables déficits sociales, que les impiden establecer relaciones adecuadas a su edad.

Así mismo, el hecho de cometer un delito de índole sexual puede estar precedido por estados emocionales de estrés prolongado, excitación sexual, estallidos de cólera, consumo abusivo de alcohol y estados de ánimo como depresión, ansiedad, ira o soledad o la interrelación de uno o más de estos factores.

Finalmente, cabe mencionar dos aspectos importantes e inherentes al ejercicio de cualquier tipo de violencia: un pensamiento distorsionado que pueda llegar a justificar a nivel racional la conducta realizada y a minimizar el daño ocasionado en la víctima y un contexto o circunstancias propicias para realizar la agresión.

¿Qué pasa con las agresiones sexuales grupales?

Lo expuesto hasta ahora nos serviría para explicar las agresiones sexuales que se producen por un único individuo con la intención de satisfacer sus deseos y fantasías sexuales, pero... ¿qué ocurre en el resto de casos?

Hasta hace un par de años, las agresiones sexuales realizadas en grupo no eran contempladas en los estudios y eran casi invisibles para la sociedad. Desde el año 2016, somos testigos de un aumento de denuncias de violaciones grupales, pasando de denunciarse 15 casos en ese año a 25 casos, entre enero y junio de 2018. A pesar de este aumento de las denuncias, seguimos sin tener datos que nos ayuden a aclarar por qué ocurren este tipo de agresiones.

Según los expertos, en las violaciones en grupo tiene lugar un hecho paradójico; la mayoría de los miembros de un grupo agresor nunca violaría en solitario, no hace falta que el sujeto sea un psicópata, un sádico o un antisocial para que se vea envuelto en una actuación grupal de este tipo, hecho que los diferencia y aleja del perfil propio de un agresor sexual.

Intentando explicar este fenómeno, el Dr. N. G. Berrill, psicólogo forense, afirma que las violaciones en grupo suelen llevarse a cabo por adultos jóvenes y argumenta que “existe algo relacionado con la psicología social típica de estos grupos que podría contextualizar comportamientos violentos en grupo que de otro modo, resultarían inexplicables”.

Otros autores, como el grupo del Doctor Oliveros, apoyan la hipótesis de la influencia y la cohesión del grupo como explicativa de la realización de agresiones sexuales, argumentando que los adolescentes y adultos jóvenes se encuentran en etapas de la vida en las que el sentido de pertenencia al grupo, la importancia de la reputación y el sometimiento al líder adquieren una relevancia extraordinaria.

Retomando al ya citado Dr. Berrill, éste alega que el hecho de que los violadores en grupo sean hombres no es producto de la casualidad, dado que la amenaza de sentirse rechazados o censurados por sus compañeros es motivación suficiente para que algunos jóvenes cometan violaciones.

Aunque el autor también señala a un subdesarrollo neurológico, característico de esta etapa evolutiva. El lóbulo frontal, donde se ubican las funciones de ejecución, como la distinción entre el bien y el mal, se encontraría aún en desarrollo.

Por otra parte, algo en lo que todos los autores coinciden es en señalar las drogas y el alcohol como factores que aumentan el riesgo de cometer una agresión sexual en grupo. Por otra parte, una de las características más significativas, al realizar conductas violentas de forma grupal, es que la responsabilidad por los propios actos queda diluida y no recae en uno mismo, sino en todos los miembros.

Concluyendo

A pesar de lo expuesto, parecen faltar argumentos que lleguen a explicar este tipo de agresiones y cabe preguntarse el peso de la cultura tradicional, patriarcal y machista, en la comisión de este tipo de delitos, ¿son un intento de demostrar la superioridad masculina? ¿Una tentativa de someter a la mujer? Expertas en violencia de género abogan por esta hipótesis, aún así, nos encontramos ante un fenómeno con difícil explicación.

Referencias bibliográficas:

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