¿Significan lo mismo estos dos términos?

En el lenguaje popular, cuando se habla de aspectos relacionados con la inteligencia y capacidades cognitivas en general, es frecuente oír las expresiones cociente intelectual y coeficiente intelectual usadas como si fueran sinónimos.

No es poco común encontrar a personas, tanto las que están especializadas en psicología como aquellas que han estudiado medicina y otros campos, que utilizan ambos términos de forma indiferenciada. Incluso libros que abordan esta temática usan ambas palabras indistintamente.

El objetivo de este artículo es explicar cuál es el término apropiado, además de aclarar la diferencia entre cociente y coeficiente, poniendo algunos ejemplos relacionados con sus definiciones y abordando este debate desde una perspectiva histórica.

Cociente o coeficiente intelectual: ¿qué diferencia hay?

Recurriendo al diccionario de la Real Academia Española (RAE), podemos encontrar las definiciones para “cociente” y “coeficiente”.

De acuerdo a la RAE, la palabra cociente hace referencia al resultado que se obtiene al dividir una cantidad por otra, mientras que la palabra coeficiente tiene entre sus acepciones el término utilizado para referirse a una expresión numérica de una propiedad o característica, que se expresa generalmente como la relación entre dos magnitudes. Pese a que la RAE da definiciones diferenciadas para “cociente” y “coeficiente”, lo cierto es que las ejemplifica con una expresión similar: coeficiente/cociente intelectual.

Este mismo caso ocurre en otra institución especializada en aclarar dudas lingüísticas: la Fundéu BBVA. De hecho, esta organización tiene una entrada en su página web que trata sobre el debate “cociente” vs “coeficiente intelectual”, indicando que, en esencia, son lo mismo, y que ambas expresiones son correctas.

Así pues, partiendo de las definiciones dadas y recurriendo al mundo de las matemáticas, vamos a ejemplificar con fórmulas qué son exactamente los términos “cociente” y “coeficiente”. Para ello, dejaremos de lado su relación con el constructo de inteligencia, para posteriormente volver a él.

Definiciones básicas

Un coeficiente es, en esencia, un factor, es decir, algo que multiplica a otra cosa, como por ejemplo una función lineal: y = ax + b. En esta fórmula, a es el coeficiente de x, porque lo multiplica.

También con coeficiente, en campos científicos como la física, se hace referencia a una fórmula con la que se pretende discernir el valor de la propiedad de un determinado elemento, como es el “coeficiente de dilatación” , que relaciona la longitud de un objeto con su incremento de temperatura:ΔL = α Δt, siendo ΔL el incremento en la longitud,α el coeficiente de dilatación y Δt el incremento de temperatura.

Un cociente es, básicamente, dividir algo por algo. Un ejemplo claro de ello es cómo se calculaba el CI en su inicios, por psicólogos de la talla de Alfred Binet y William Stern. Básicamente dividían edad mental por edad cronológica y lo multiplicaban por 100 para quitar valores decimales. Algunos podrían pensar que realmente es un coeficiente porque se multiplica por 100, pero lo cierto es que no lo es porque este valor no es siempre el mismo, además, no multiplica a un valor variable.

Como se puede ver, en instituciones especializadas en lengua como lo es la RAE o la Fundéu BBVA, a veces no se tiene en cuenta cuál es la opinión especializada de los profesionales de un determinado campo, como lo son los psicólogos y pedagogos.

Estas instituciones se centran en cómo es utilizado el lenguaje en la sociedad y cómo este evoluciona. Por este motivo, en los últimos años se han aceptado en los diccionarios términos como “toballa” o “cocreta”, aunque especificando que su uso no es formal, pero reflejando la realidad lingüística.

Pese a que los psicólogos y otros profesionales especializados en ciencias de la salud y sociales respetamos los criterios y profesionalidad de lingüistas, filólogos y otros especialistas en campos de humanidades y letras, sí que reclamamos que se reconozca como única expresión correcta la de “cociente intelectual”.

Antecedentes históricos

La primera persona en utilizar la expresión “cociente intelectual” fue el psicólogo alemán William Stern, en 1912, creando la palabra en alemán “intelligenzquotient”. Éste término hace referencia a la capacidad intelectual relativa de una persona en el momento de ser evaluada. Ésta es valorada mediante los resultados que haya obtenido en pruebas psicométricas, y comparándolas con el resto de personas de su mismo grupo de edad. El cociente intelectual se distribuye en la población en forma de campana de Gauss, teniendo como valor central 100 y desviación típica 15.

Alfred Binet, otro psicólogo de gran importancia nativo de Niza, Francia, calculaba el cociente intelectual de los niños que acudían a su consulta mediante una división: la edad mental de la persona dividida por su edad cronológica, y multiplicado el resultado por 100. Así pues, el término apropiado es cociente debido a que se realiza una división.

Como ya hemos dicho, el término original venía del alemán “intelligenzquotient”, y al ser traducido al inglés se hizo de forma literal, “intelligence quotient”. En cambio, en español los hablantes, ya sean especializados o no, siguen vacilando hoy en día, y más si las instituciones de la lengua tratan tanto “cociente” como “coeficiente” como si fueran sinónimos en la práctica.

Aunque hoy en día el cálculo del CI ha cambiado y se han propuesto alternativas a los tests que parten de los utilizados por Binet y Stern, entre otros psicólogos de la época, lo cierto es que lo apropiado sigue siendo la expresión “cociente intelectual”.

No obstante, como hemos indicado antes, son muchos, tanto los especializados en psicología como los que no, que siguen utilizando la expresión “coeficiente intelectual”. En base a este artículo y lo explicado en él, ya no hay motivo para caer en el error.

Referencias bibliográficas:

  • Cociente. (2018.). En Diccionario de la Real Academia Española (23ª edición). Recuperado de https://dle.rae.es/?w=cociente
  • Coeficiente. (2018). En Diccionario de la Real Academia Española (23ª edición). Recuperado de https://dle.rae.es/?id=9e8d8Dc