Ser un adolescente en el año 2021 es difícil, muy difícil. Casi un acto continuo de resistencia, diría yo. Quiero empezar estas líneas con esta idea, ya que creo que no está de más romper una pequeña o gran lanza en favor de todos y todas los que en este año atraviesan esta etapa vital que ya de por sí, y sin pandemias mundiales de por medio, se define con la palabra “crisis”.

Podríamos verlo como una suerte de matrioshka de crisis superpuestas que se envuelven unas a otras. Una crisis mundial, una nacional, un sistema educativo en crisis, familias en crisis y adolescentes en crisis vital por la propia etapa que les toca vivir y además conviviendo en el fondo de esta muñeca cebollera que se ha convertido en el año 2020 y el inicio de 2021.

La falta de apoyo y de referentes en la adolescencia

Desde el primer momento en el que decidimos escribir acerca de la psicología del desarrollo o la evolución vital del ser humano, la adolescencia ha sido la etapa de cambio por antonomasia. Momento de transición, se ha venido diciendo, en el que el niño o la niña transita hacia la edad adulta, y que viene marcado por una serie de cambios físicos y psicologícos palpables.

Hasta hace bien pocos años, este momento de la vida venía acompañado por una especie de guía generacional. Los antecesores del adolescente y el entorno inmediato del mismo entendían que el infante estaba quedando atrás y comenzaba a asomar en ese miembro de la familia un pequeño adulto al que había que acompañar hacia la madurez.

Eran comunes los ritos implícitos que marcaban este cambio y daban al adolescente o la adolescente señales de que el momento de crecer se acercaba. Podían consistir en un acto tan cotidiano como poder jugar a las cartas con tu padre y sus amigos, aprender a utilizar la cuchilla de afeitar o sentarte en las reuniones familiares en la zona de la mesa donde comían los adultos. Todos ellos, símbolos comunitarios que indicaban al adolescente que a la vez que su cuerpo cambiaba también el entorno lo colocaba en un lugar social diferente.

Conforme han pasado los años y la vida se ha acelerado de manera exponencial, estos “ritos” comunitarios han caído en decadencia y esa actitud orientadora que aportaba el entorno inmediato se ha diluido en un mar de prisa, exigencia y falta de consciencia. Los y las jóvenes adultos han perdido en la época reciente una orientación muy valiosa en el caótico e incierto mar hormonal que comprende el momento que les toca vivir.

Son, precisamente, la celeridad con la que vivimos los adultos, nuestras mentes ocupadas en constante rumiación y la desconexión emocional que nos impide ver al otro, las que dejan a nuestros adolescentes vendidos a la hiperestimulación de un mundo tecnológicamente voraz y laberíntico en extremo a la hora de orientar la atención hacia el crecimiento y el bienestar.

Con su cortex prefrontal inmerso en la poda neuronal propia de esta etapa evolutiva, los chicos y chicas cuentan con menor capacidad de gestionar sus impulsos; además, su pensamiento crítico se encuentra en eclosión pero inmaduro todavía, lo que genera que se conviertan en carne de cañón de un sistema que va a tratar de desconectarlos y acelerarlos buscando el seguidismo de la inercia imperante.

La importancia del Mindfulness en esta etapa de la vida

Es ante este drama actual, donde la esencia milenaria de actividades como la meditación se presentan como herramientas más que apropiadas para acompañar a los jóvenes adultos que viven en este momento refugiados y aislados tras la protección del pantalleo digital.

Desde Vitaliza, hacemos una propuesta ante este reto en el trabajo terapéutico con estas chicas y chicos, queriendo combinar procesos individuales con un espacio grupal en el que, acompañados por un profesional, se pueda generar un lugar seguro para ellos donde vencer esa defensa de aislamiento y desconexión emocional y favorecer en compañía de otros chicos y chicas que se encuentran en la misma situación, el redescubrimiento del propio cuerpo como tambor donde resuenan todas las experiencias y guía vital del camino que deberán transitar para iniciar una vida adulta consciente, regulada y con sentido.

Autor: Arturo Lecumberri, psicólogo en Vitaliza.

Arturo Lecumberri