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Desde hace siglos la idea de dejar descendencia y hacer que la sociedad en la que se vive se expanda ha sido visto como algo bueno.

Sin embargo, en los últimos tiempos se está popularizando una manera de pensar según la cual tener hijos es poco deseable, no solo por los problemas demográficos relacionados con la sobrepoblación, sino por una especie de nihilismo y pesimismo vital muy relacionado con una creencia: la especie humana debería dejar de existir. Se trata del antinatalismo.

¿Qué es el antinatalismo?

El antinatalismo es una ideología desde la cual se ve el nacimiento de más seres humanos como un problema político, ético o social. Fundamentalmente, desde esta posición ideológica se anima a no dejar descendencia ni reproducirse de ninguna manera.

Así pues, no es un movimiento contrario al sexo ni favorable al suicidio; simplemente, se defiende que la población humana debe decaer o incluso desaparecer por causas naturales una vez que se ha llegado al punto en el que ya no nacen más personas.

Los orígenes de esta filosofía

Los primeros antinatalistas aparecieron en el siglo XIX con la publicación de los trabajos de Thomas Malthus, quien detectó la presencia de crisis demográficas producidas por la descompensación entre recursos disponibles y cantidad de población.

Así pues, el antinatalismo era una postura muy relacionada con la economía. Sin embargo, con el desarrollo del existencialismo esta idea se transformó en algo que formaba parte de una filosofía de vida.

El antinatalismo pesimista

Los antinatalistas que aparecieron en el siglo XX, a diferencia de los anteriores, bebían de un principio filosófico, no económico. Partían de la pregunta fundamental acerca de cuál es el sentido de la vida y concluían que, del mismo modo en el que podemos elegir hacer de nuestra vida algo que merezca la pena creando un significado para la propia existencia, también es legítimo suponer que no deberíamos obligar a otros a venir a la existencia y tomar decisiones de ese tipo, las cuales pueden producir mucho dolor.

Así pues, el antinatalismo que bebe del existencialismo parte de la idea de que vivir no es esencialmente mejor que no hacerlo, y que incluso el hecho de crear vida puede ser criticado. De algún modo, los antinatalistas tienen en cuenta la peor de las situaciones posibles (una en la que sol una minoría pueda hacer de su vida algo que valga la pena) y actúa de manera coherente a la hora de juzgar si tener hijos e hijas es bueno o malo.

Evitar posibles sufrimientos

En la actualidad, este tipo de antinatalismo se ve reflejado en personas o parejas que deciden no tener hijos para no dar posibilidad a tener un hijo o hija infeliz. También está plasmado en la obra del escritor y profesor David Benatar: Better Never to Have Been.

Estas posturas tienen mucho que ver con el modo en el que se percibe la calidad de vida de nuestras sociedades o el modo en el que se juzga lo bien o mal que se comportan los demás: cuánto se ayudan, en qué medida mienten, etc. No son decisiones tomadas de manera introspectiva, sino mirando alrededor y reflexionando acerca de si el lugar en el que se vive es apropiado para traer vida al mundo.

La misantropía

Otra variante del modo de pensar vinculado al antinatalismo se basa en la misantropía. La idea aquí no se basa en una decisión racional económica o política, sino moral; como se parte de la idea de que el ser humano es despreciable o, en todo caso, algo opuesto a lo bueno, lo lógico es defender que no se produzcan más nacimientos.

Este modo de pensar ha sido utilizado tanto en movimientos políticos vinculados al animalismo y al veganismo como en grupos ecologistas, aunque su influencia es muy limitada. Se pretene proteger todo lo bueno que existe en la naturaleza evitando que el ser humano lo corrompa, ya sea degradando los ecosistemas del planeta o mediante la explotación animal.

Por ejemplo, el Voluntary Human Extinction Movement es un ejemplo de antinatalismo extremo motivado por razones vinculadas al ecologismo: se ofrece como una organización en la que se coordinan esfuerzos para hacer que la población humana vaya decreciendo hasta desaparecer, dejando la naturaleza libre de la influencia de la civilización.

¿Filosofía de vida o trastorno?

Las ideas radicales de algunos antinatalistas pueden hacer que muchas personas se planteen si todo esto forma parte de un trastorno mental. Lo cierto es que no: el antinatalismo es simplemente una ideología poco común, y no aparece a partir de ideas delirantes ni alucinaciones; los antinatalistas acostumbran a ser personas con buena formación y con las facultades mentales preservadas, como cualquier otro colectivo.

En ese sentido, pretender atribuir su forma de pensar a la enfermedad mental es más bien un intento de minimizar sus opiniones a través de la estigmatización por finalidades políticas.

Sin embargo, el antinatalismo sí está relacionado con la salud mental, ya que allí donde se da es muy posible que se experimente un malestar difícil d definir y de carácter decididamente psicológico; a fin de cuentas, los antinatalistas que no lo son por motivos malthusianos existen porque experimentan malestar que no desean a otros. Por eso, estas formas de pensamiento sofisticadas y tan vinculadas a ideas abstractas son un reto que debe ser abordado desde el mundo de la psicoterapia.