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El horóscopo y la astrología son utilizados de forma muy habitual para predecir el futuro. Son muchos los periódicos y páginas web que obtienen un número importante de lectores a causa de que incluyen predicciones diarias en función del signo zodiacal, no siempre siguiendo los métodos matemáticos y astrológicos “oficiales”.

No obstante, no sólo las interpretaciones de los diarios y de las webs son altamente susceptibles de ser falsas, sino que el propio horóscopo es una estafa; te explicamos por qué utilizando conceptos psicológicos muy básicos.

¿Qué es el horóscopo?

“Horóscopo” es un término de origen griego; “horoskopos” proviene de las palabras “hõra” (que se traduce como “tiempo”) y “skopeo” (“examinar”, “observar”).

La palabra hace referencia al sistema pseudocientífico usado para predecir el futuro de una persona en función de las posiciones de los astros en su nacimiento o en otro momento especial. Quienes interpretan estos signos son llamados astrólogos.

En la astrología occidental las predicciones se basan en la posición del sol, mientras que en el horóscopo chino se tiene en cuenta también la de la luna puesto que está basado en un calendario lunisolar y no en uno solar.

¿Qué son los signos del zodiaco?

La carta astral se divide en 12 sectores que representan distintas posiciones de la Eclíptica, es decir, el recorrido aparente que hace el sol alrededor de la tierra cuando es observado desde ésta. Cada uno de estos segmentos se identifica con un signo zodiacal.

Los signos del zodiaco representan las 12 constelaciones de la Eclíptica. A cada uno de ellos se le atribuyen distintas características que, se supone, influyen en la psicología de las personas nacidas en el momento en que el Sol atravesaba un sector determinado de la Eclíptica.

A cada signo se le atribuye un polo “positivo” o “negativo” (extrovertido y activo frente a introvertido y pasivo) y un elemento (agua, aire, tierra o fuego). Otros elementos importantes además de los signos zodiacales son los planetas, de los que también se dice que influyen en la personalidad, y las llamadas “casas”, que determinan la influencia relativa de cada planeta en la psicología de la persona.

¿Cómo se interpreta?

La carta astral se calcula utilizando la fecha exacta del nacimiento de la persona, incluyendo hora y minutos, y la latitud y la longitud del lugar donde se produjo.

Los cálculos de la carta astral tienen el objetivo de situar la “Ascensión Recta del Mediocielo”, que supuestamente determina qué planetas influyeron en nuestra personalidad en el momento en que nacimos.

Dentro de la astrología se considera que las interpretaciones realizadas utilizando tan sólo la posición de los planetas tienen una validez nula: según los expertos en el horóscopo es necesario hacer una serie de cálculos matemáticos en un orden determinado. Sin embargo la mayoría de veces se ignoran estas prescripciones, en especial en periódicos y webs.

Bases científicas

Se han llevado a cabo numerosos estudios con metodología científica para estudiar las hipótesis que proponen la astrología y el horóscopo, incluyendo estudios longitudinales con técnicas de control fiables.

Ninguno de estos estudios ha encontrado que la probabilidad de que los astros influyan en nuestra psicología sea superior a la de tener un rasgo de personalidad determinado por azar. Por tanto, podemos decir que las bases científicas del horóscopo son nulas ya que hay suficiente evidencia como para afirmar que la posición de los astros en el momento de nacer no influye en la personalidad.

Desde la astrología se han propuesto diversos mecanismos por los que los astros podrían influir en nuestro comportamiento, como el electromagnetismo y la gravedad, pero son escasamente plausibles desde un punto de vista físico.

Debido a estos motivos el horóscopo y la astrología se clasifican dentro del término “Esoterismo”, referido a prácticas no basadas en la ciencia sino en métodos aparentemente arbitrarios cuyo aprendizaje requiere ser entrenado por supuestos expertos.

Explicaciones psicológicas

Si bien desde la ciencia en general queda demostrado que el horóscopo es una estafa o al menos que sus predicciones no están basadas en la realidad, son necesarias aportaciones de la psicología para explicar por qué tanta gente cree que funciona.

El efecto Forer

Estudios científicos han demostrado que las personas solemos identificarnos con descripciones de personalidad muy vagas si se nos dice que nos describen a nosotros específicamente. Esto se conoce como “efecto Forer” o “efecto Barnum”.

Bertram R. Forer fue un psicólogo que hizo que sus estudiantes rellenaran un test de personalidad. Posteriormente les entregó una supuesta descripción de la personalidad de cada uno, pidiéndoles que valoraran del 0 al 5 en qué medida se sentían identificados con él; el resultado promedio fue de 4,2.

En realidad, Forer les había dado a todos una misma descripción basada en horóscopos. El texto incluía afirmaciones extremadamente vagas como “Aunque tienes defectos sueles ser capaz de compensarlos” o “A veces eres extrovertido, afable y sociable pero otras veces eres introvertido, cauto y reservado”.

Curiosamente, en otros estudios similares se ha demostrado que la gente tiende a identificarse más con descripciones de este tipo, incluidas las de algunos test de personalidad, que con los resultados de test psicológicos avalados por la ciencia.

Esto se debe a que nos creemos más fácilmente lo que dicen las personas a quienes consideramos expertas y a que las frases ambiguas nos permiten interpretar las descripciones de forma subjetiva, proyectando un significado personal a sus afirmaciones. Probablemente también influya el hecho de que en general los horóscopos nos dicen cosas positivas, mientras que no siempre sucede lo mismo con los test de personalidad serios.

El sesgo de confirmación

Denominamos “sesgo de confirmación” o “sesgo confirmatorio” a la tendencia que tenemos las personas a preferir la información que confirma nuestras creencias por encima de la que da apoyo a hipótesis alternativas, que ignoramos con mucha más facilidad.

En el horóscopo y otras vertientes del Esoterismo el sesgo de confirmación se manifiesta de forma muy frecuente. Normalmente cuando leemos un horóscopo o un “profesional” nos lee las cartas del Tarot llegan a nosotros un amplio número de afirmaciones, de entre las cuales haremos más caso a las que nos parezca que encajan con nuestra autoimagen. Además recordaremos en mayor medida las frases que “acierten” al describirnos.

El sesgo confirmatorio se da constantemente en nuestra vida. Siempre que buscamos, recibimos, recordamos o interpretamos información estamos favoreciendo involuntariamente los puntos de vista que ya teníamos. La única forma de evitar en algún grado este error de razonamiento es ser activamente conscientes de cuándo estamos cometiéndolo.

Si crees en el horóscopo, probablemente cuando leas esto preferirás pensar que quien se equivoca son los científicos que han estudiado las hipótesis de la astrología de forma sistemática y no tú; éste es un buen ejemplo del sesgo de confirmación.

El horóscopo es sólo una estafa más

Hay muchas pseudociencias, es decir, disciplinas que se autopresentan como científicamente plausibles pero que en realidad no siguen el método científico ni tienen pretensión de hacerlo. En general estas prácticas esotéricas se basan en premisas falsas y/o utilizan métodos arbitrarios.

Es importante dejar claro que, mientras que las ciencias son consideradas como tal porque sus perspectivas se derivan del conocimiento científico previo, las pseudociencias hacen afirmaciones similares pero no tienen un cuerpo investigativo sólido que las avale, de modo que en muchas ocasiones intentan aprovecharse del estatus que confiere el calificativo “científico” sin haber sido capaces probar sus hipótesis.

El sesgo de confirmación y el efecto Forer, que han sido ampliamente demostrados por la ciencia, pueden ser suficientes para afirmar que el horóscopo es una estafa, si los sumamos a los estudios que han refutado la hipótesis de que la posición de los astros en el momento del nacimiento influya en la personalidad.