El ser humano aumenta cada vez más el consumo de recursos naturales, lo que se traduce en cambios ambientales a nivel ecosistémico y global. El daño que estamos causando al planeta es cuantificable, pues según la Unión Internacional Para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), 32.000 especies de seres vivos se encuentran, ahora mismo, en peligro.

El panorama no es mucho más alentador si acudimos a cifras más específicas. Por ejemplo, científicos teorizan que, mientras lees estas líneas, se están extinguiendo de 150 a 200 especies cada día. Muchas de ellas nunca llegarán a ser descubiertas ni clasificadas, una realidad descorazonadora para cualquier biólogo o amante de la naturaleza.

Tal y como indican todos estos datos, es hora de tomar cartas en el asunto. A veces las modificaciones antrópicas son completamente irreversibles y solo queda tratar de no repetir tamaños crímenes contra el ecosistema, pero en otras ocasiones, la biología de la conservación tiene ciertas herramientas bajo la manga.

Este es el caso de la resilvestración o rewilding, a través del cual los seres humanos tratamos de devolver al ambiente el equilibrio que merece. Aquí te lo contamos todo sobre esta concepción de la conservación a gran escala. Quédate con nosotros, pues en materia de restauración ambiental, aún existe una luz al final del túnel.

Resilvestración o rewilding: devolviendo al planeta lo que es suyo

La resilvestración se define como una concepción de la conservación a gran escala, destinada a restaurar y proteger áreas naturales mediante la reintroducción de especies clave y fomento de la conectividad entre zonas disgregadas por actividades antrópicas.

En un principio, el término rewilding se acuñó para poner en marcha ciertas estrategias enfocadas en reintroducir especies superdepredadoras clave en un ecosistema, buscando así la restauración del equilibrio trófico del mismo. Un claro ejemplo “de libro” de esto son los lobos de Yellowstone, que fueron liberados en el parque tras el crecimiento masivo de alces que había supuesto la desaparición de este cazador en el año 1926.

Lo cierto es que, a día de hoy, la resilvestración abarca un paraguas terminológico mucho más multidisciplinar. No solo se trata de reintroducir especies, sino de restaurar la integridad ecológica del ambiente y reducir el impacto humano sobre el mismo. El objetivo es claro y conciso: buscamos una restauración ecológica hasta el punto en el que el ecosistema sea capaz de autorregularse de forma natural de nuevo.

Las bases de la resilvestración

La resilvestración se apoya en el análisis y actuación sobre tres pilares ecosistémicos esenciales: la complejidad trófica, las alteraciones naturales y la conectividad. A continuación, desgranamos en detalle cada una de estas bases.

1. Complejidad trófica

Se trata del enfoque más parecido al concepto de rewilding original. Los animales herbívoros grandes generan diversas influencias sobre el ecosistema en el que se encuentran, ya que, con su actividad de ramoneo y consumo de vegetales, afectan de forma directa a otros taxones como pueden ser pequeños pájaros, micromamíferos, insectos y plantas. Los ecosistemas naturales se encuentran en un equilibrio absoluto, pues los superdepredadores mantienen a raya a estos grandes seres vivos para que su actividad no se descontrole y básicamente cualquier ambiente se convierta en un secarral.

Cuando el ser humano mete mano donde no le corresponde, este equilibrio puede verse trastocado de forma drástica. Ya sea por falta de presas, destrucción de los lugares de alimentación o caza directa, en muchos casos estos superdepredadores y otras especies clave terminan sufriendo los efectos de las modificaciones antrópicas, lo que se traduce en una drástica reducción de sus números poblacionales e incluso una posterior desaparición completa.

El rewilding trófico no solo contempla reintroducir especies que previamente se encontraban en el ecosistema y eran clave para su mantenimiento, pues también puede abordarse bajo un enfoque pasivo y preventivo. Se puede fomentar la coexistencia del ser humano con las especies del ecosistema o legislar en pos de limitar o prohibir la caza de los seres vivos amenazados, y esto se conoce como rewilding pasivo.

En caso de que la especie de interés haya desaparecido de forma completa se puede contemplar su reintroducción o el reemplazamiento ecológico (cambiar una especie por otra más apta en el ecosistema que ha perdido el equilibrio con la misma función), si bien los efectos de esta última técnica pueden ser muy peligrosos a largo plazo. Desde luego, al alterar los ecosistemas hay que andarse con pies de plomo, pues los efectos pueden ser irreversibles.

2. Alteraciones naturales

Aunque no lo parezca a primera vista, no todas las catástrofes naturales son negativas a nivel ecosistémico. Por ejemplo, la surgencia de pestes biológicas, los incendios a pequeña escala o las inundaciones producidas por un régimen climático normal pueden llegar a fomentar la reconfiguración de los ecosistemas y sus especies, lo que se traduce en una mayor heterogeneidad biológica.

En los ambientes antropizados, las alteraciones naturales son usualmente suprimidas o controladas de forma determinística, hecho que puede generar catástrofes a escala mucho mayor (por ejemplo, varios fuegos pequeños pueden evitar que se produzca uno masivo en un futuro). Este pilar del rewilding busca recuperar la estocasticidad de los eventos naturales: no se trata de que todo sea controlado por el ser humano, sino de que el ecosistema se autorregule de la forma más lógica posible.

3. Conectividad

La conectividad es esencial entre las poblaciones de seres vivos, pues el flujo génico evita que los efectos de la deriva genética terminen siendo deletéreos para las especies en la naturaleza. Sin ánimo de entrar en términos genéticos que se escapan a esta oportunidad, podemos resumir todo este proceso en el siguiente concepto: un nuevo individuo visitante en una población es un soplo de aire fresco, pues puede traer consigo variaciones nuevas en sus genes que se transmitirán, mediante la reproducción, a las futuras generaciones.

Por desgracia, muchas estructuras de origen humano limitan o cortan directamente la conectividad entre poblaciones. Algo tan simple como una carretera puede suponer una barrera infranqueable para muchos seres vivos, hecho que evita la interacción entre distintos núcleos poblacionales de una misma especie.

Esta rama del rewilding aborda este problema mediante la creación de corredores ecológicos (estructuras que permiten a los animales moverse a pesar de las construcciones humanas) o simplemente evitando la construcción de estas estructuras en primera instancia. Las medidas para la conectividad de las poblaciones son múltiples, pero el fin general es tratar de restaurar el flujo génico que se producía en el ecosistema de forma natural.

Algunos ejemplos

No todo se queda en la teoría, pues la resilvestración se ha llevado a la práctica en múltiples ocasiones. Existen portales como este que recogen diversos eventos en los que se ha tratado de restaurar el equilibrio de muchos ecosistemas altamente influenciados por la acción humana, ya sea basando los esfuerzos en uno de los pilares mostrados o utilizando un enfoque multidisciplinar.

Muchos de estos proyectos van más allá de la reintroducción de depredadores. Por ejemplo, en el valle de Côa del norte de Portugal se está explorando la reintroducción de especies herbívoras domesticadas y en semilibertad, con el fin de aumentar la actividad de pasto y así evitar la presencia de arbustos y terrenos amplios susceptibles a fuegos.

Otro de los casos sonados en la actualidad es la resilvestración de los Apeninos centrales de Italia. En este caso, se está promoviendo la creación de los corredores ecológicos anteriormente nombrados, medidas de conservación para aumentar los números poblacionales del oso Ursus arctos marsicanus y el fomento del turismo ecológico.

Como podemos ver, no todos los eventos de rewilding se basan únicamente en introducir ejemplares vivos de especies clave: en la mayoría de los casos, es necesario un enfoque multidisciplinar.

Resumen

Tal y como hemos recogido en estas líneas, el concepto de rewilding ha sufrido un proceso de evolución en las últimas décadas, donde se busca la integración de múltiples parámetros: restaurar la complejidad trófica, dar paso a las alteraciones naturales y fomentar la conectividad poblacional. Más allá de esto, también se busca legislar a favor de la protección de los ecosistemas vulnerables y sus especies, fomentar el interés poblacional por los elementos naturales que nos rodean y promover una coexistencia entre el entorno y las actividades humanas.

El rewilding tiene un fin concreto: recuperar todo lo que se pueda la autorregulación que un día caracterizó al ecosistema dañado. Esto se consigue con estrategias que, generalmente, van mucho más allá de la reintroducción de una especie depredadora. Como en la mayoría de los casos, en la variedad de herramientas está la clave del éxito.

Referencias bibliográficas:

  • Making Europe a wilder place, rewildingeurope.com. Recogido a 8 de noviembre en https://rewildingeurope.com/
  • More than 32,000 speciesare threatened with extinction, IUCNredlist.org. Recogido a 8 de noviembre en https://www.iucnredlist.org/
  • Perino, A., Pereira, H. M., Navarro, L. M., Fernández, N., Bullock, J. M., Ceaușu, S., ... & Pe’er, G. (2019). Rewilding complex ecosystems. Science, 364(6438).