La psicología es una profesión, una disciplina académica y una ciencia que se encarga del análisis y el estudio de los procesos mentales en los seres humanos. Al pensar en esta rama de conocimiento y de diagnóstico clínico, la mayoría de personas suelen recurrir a la figura del psicólogo y el psiquiatra, dos profesiones bien asentadas en el panorama global de la salud mental.

Aún así, con el avance de la ciencia, cada vez se hacen más necesarias las distinciones entre distintas ramas. Por ejemplo, ¿sabías que términos tales como neuropsicología, psicobiología, neurobiología o neurología de la conducta están ampliamente relacionados con el mundo del comportamiento humano?

Así es, el conocimiento no tiene fronteras, y por lo tanto, cada vez es necesario especializarse más para entender cada proceso y motor que impulsa la conducta humana. Aquí veremos cuáles son las diferencias entre la neuropsicología y la psicobiología, términos relativamente recientes en el mundo de la salud mental.

Diferencias entre la neuropsicología y la psicobiología: del comportamiento a las neuronas

Para entender las diferencias entre ambos términos, es necesario acudir a las raíces etimológicas de ambas palabras. Como podemos observar, las dos contienen el elemento prefijal “psico”, proveniente del griego, el cual significa “alma” o “actividad mental”.

Hasta aquí llegan las similitudes lingüísticas, dándonos una pista acerca de que ambas ramas tienen algún tipo de relación con el estudio de la mente humana. En uno de los términos observamos el elemento prefijal “neuro”, que de nuevo, en griego, hace referencia al nervio o al sistema nervioso. El resto de la palabra del término segundo, “psicobiología”, es bastante autoexplicativo, pues hace referencia a la biología, la ciencia que estudia a los seres vivos y sus procesos vitales.

Así pues, solamente con las palabras, ya podemos intuir que una de las disciplinas se centrará en el sistema nervioso, y la otra, en explicar los comportamientos desde un punto de vista biológico, ¿verdad?. Ahora sí, comencemos con las diferencias entre neuropsicología y psicobiología.

1. Cuestión de enfoque

La neuropsicología se define como una disciplina y especialidad clínica que converge entre la neurología (especialidad médica de los trastornos del sistema nervioso) y la psicología. En palabras más sencillas, se podría decir que esta rama estudia los efectos de una lesión, accidente o anormalidad del sistema nervioso central sobre los distintos procesos cognitivos del ser humano. No todo es cuestión de enfermedades, pues también busca el conocimiento de las bases neurales de procesos mentales complejos en individuos sanos.

Estos “procesos mentales complejos” responden a mecanismos que los humanos ponemos en práctica de forma continua, hasta de forma inconsciente. Algunos de ellos son la atención, la memoria, el lenguaje, la percepción, praxias (habilidades motoras adquiridas), funciones ejecutivas y las emociones. Todos estos componentes, en su conjunto, nos definen tanto como especie como individuos, y condicionan nuestro día a día y la forma que tenemos de relacionarnos con el entorno.

Por otro lado, la psicobiología toma un enfoque mucho más primal y evolutivo, pues basa sus cimientos en la comprensión de los comportamientos animales mediante procesos biológicos.

Desde un punto de vista meramente psicobiológico, la conducta no es más que la respuesta que un ser vivo da ante un estímulo del medio que le afecta. Como el resto de actividades llevadas a cabo por los animales, la conducta respondería a una función adaptativa, un mero reflejo de la adaptación de la especie al medio en el que se encuentra, con el fin de maximizar sus probabilidades de supervivencia y dejar su impronta genética en futuras generaciones. Ahondemos más en este concepto.

2. ¿Qué es la conducta y cómo se modula?

La neuropsicología busca, como cualquier disciplina relacionada con la psicología, el entendimiento del comportamiento humano, pero en especial, la relación de éste con el funcionamiento del cerebro.

Si tenemos en cuenta que el cerebro es un órgano altamente plástico, podemos postular que sufrirá cambios en su actividad y estructura a lo largo de la vida del individuo (sobre todo en los primeros años del desarrollo), lo que dará lugar a variaciones conductuales.

Estas afirmaciones no se mueven en un ámbito meramente especulativo, pues diversos estudios han demostrado que, por ejemplo, la experiencia modifica el cerebro humano continuamente, fortaleciendo o debilitando las sinapsis que conectan a las neuronas. El cerebro, como vemos, es el punto y eje central de esta disciplina. Algunos de los dogmas de la neuropsicología son los siguientes:

  • Los aspectos psicológicos y conductuales dependen de la estructura cerebral.
  • Cada facultad psicológica depende de la región cerebral que la controla.
  • La calidad y eficacia de cada facultad depende del desarrollo de la masa encefálica asociada a la misma.
  • Estas facultades son innatas y heredables.

Como podemos ver, la conducta, según la neuropsicología, no puede ser entendida sin el cerebro y sus posibles modificaciones, tanto por alteraciones y patologías como por procesos naturales, como puede ser el aprendizaje.

La psicobiología, en cambio, no parece tener un interés específico en el cerebro humano. Por ejemplo, la rama evolutiva de la misma trata de entender la conducta como un producto de la selección natural. La selección natural, postulada por Darwin, nos dice que los individuos con características que fomentan su supervivencia son positivamente seleccionados, pues serán los que se reproducirán y darán lugar a descendencia. A lo largo del tiempo, las poblaciones heredarán estas características exitosas, pues los menos viables se quedarán a medio camino y no tendrán representación genética en futuras generaciones de la especie.

Por lo tanto, la conducta en sí puede ser entendida como un producto de una historia filogenética dentro de la especie humana. Es decir, como el conjunto de respuestas que, en tiempos antiguos, promovieron la supervivencia y el éxito reproductor de nuestros antepasados, los “logros evolutivos”.

Así pues, la conducta humana, según la psicobiología, no es tan dependiente de la corteza cerebral y sus componentes, como de la historia filogenética de nuestra especie, la dotación genética de cada individuo y cómo esta modula sus respuestas, y los factores ambientales que modulan las respuestas contenidas en los genes. Complejo, ¿verdad?

3. La respuesta a la agresividad: un caso práctico

Las diferencias entre la neuropsicología y la psicobiología se pueden entender cuando acudimos a estudios de ambas ramas. Por ejemplo, ¿cómo abordará cada una de ellas el estudio de la agresividad en el ser humano?

Por ejemplo, la neuropsicología se fijará, primero, en las diferencias estructurales en las regiones anteriores del córtex que modulan respuestas violentas. Se postularán preguntas tales cómo: ¿los desequilibrios corticales están relacionados con las respuestas agresivas? ¿qué relación tiene la neuroanatomía con los comportamientos antisociales y violentos? ¿qué regiones de la corteza prefrontal se relacionan con el comportamiento agresivo y qué pasa si se modifican?

En cambio, la psicobiología tomará un enfoque completamente diferente. Ante el comportamiento violento de ciertos humanos, se fijará primero en las relaciones de las hormonas causantes de estas conductas y qué significado evolutivo tienen las mismas sobre los humanos y el resto de vertebrados.

En estos casos, se postularán preguntas tales como: ¿qué agentes sociales provocan cambios en los niveles de serotonina en el cuerpo de la persona agresiva? ¿Cuál es la función de los componentes que propician la violencia y cómo se expresan en los animales? ¿Cuál es la significado etológico de este comportamiento? ¿Maximizó en sus tiempos la supervivencia de los seres que lo mostraban?

Conclusiones

Como hemos podido ver, neuropsicología y psicobiología son términos diferentes, pero no mutuamente excluyentes. La primera se encarga de explicar las variaciones conductuales en el ser humano utilizando al cerebro como eje central, sobre todo, en sus modificaciones morfológicas. La psicobiología, en cambio, se basa en estudiar la herencia filogenética de estas conductas, los mecanismos hormonales de las mismas, y cómo se traducen este tipo de respuestas en el mundo animal.

Por complejas que ambas ramas puedan parecer, una cosa es clara: el conocimiento de las conductas humanas, tanto desde un punto fisiológico como evolutivo, es esencial. Cuanto más sepamos sobre nosotros mismos, más rápido mejoraremos tanto como individuos como sociedad en conjunto.

Referencias bibliográficas:

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