Aunque lo lógico es pensar que todos los trabajadores van a actuar siempre conforme a los intereses de la empresa, esto no siempre es así.

Vamos a descubrir en qué consisten los comportamientos contraproducentes en el trabajo, qué es lo que caracteriza a este tipo de conductas, cuáles son los contextos en los que se produce y quiénes son las personas más proclives a cometerlos.

¿Qué son los comportamientos contraproducentes en el trabajo?

Los comportamientos contraproducentes en el trabajo son aquellas conductas que realizan algunos empleados, de forma consciente y deliberada, y que chocan frontalmente con los intereses de la compañía, generando por lo tanto daños o pérdidas en alguno de sus niveles. Este comportamiento puede suponer un hecho aislado o una constante que acabe suponiendo unas cifras muy serias en cuanto a costes de reparación por los daños causados.

Dependiendo del tipo de conducta y de la intensidad del sabotaje llevado a cabo por el empleado, la empresa puede tener que hacer frente a un imprevisto económico, ya sea de forma directa, porque ha de reponer o reparar los elementos que han quedado dañados por las conductas del trabajador en cuestión, o bien de forma indirecta, porque haya dejado de generar una cierta riqueza. Ambos casos suponen una pérdida que genera un daño a la compañía.

Y no solo se trata de las pérdidas a nivel económico, sino que los comportamientos contraproducentes en el trabajo también generan graves problemas en su reputación, pues el hecho de contar con empleados que boicotean deliberadamente las acciones de la empresa supone una evidente mancha para la marca, y se deben destinar más recursos para recuperar la imagen de marca que se tenía antes de dichos calamitosos actos.

Otro de los perjuicios que estas acciones pueden conllevar es perder a miembros del equipo muy valiosos, ya que es posible que los empleados que han ejercido los comportamientos contraproducentes en el trabajo, anteriormente fueran personas altamente eficientes y aportasen un gran valor a la compañía a través de su notable trabajo. Las razones que podrían llevar a ese cambio de actitud tan radical las exploraremos más adelante.

En último lugar, otro de los efectos negativos que pueden llegar a provocar los comportamientos contraproducentes en el trabajo son las repercusiones judiciales, puesto que si la empresa logra demostrar que uno de sus empleados realizó acciones con el objetivo de perjudicar a la empresa, lo más probable es que opten por demandarle y llevarle a juicio, para que la justicia le imponga la sanción correspondiente. Pero este escenario no deja de ser un contratiempo más para la compañía, que se podría haber evitado.

Tipos de comportamientos contraproducentes en el trabajo

Estas conductas se pueden categorizar en diferentes tipos, según su naturaleza. Veámoslas con mayor detenimiento.

1. Robos

El primero de los tipos de comportamientos contraproducentes en el trabajo ya lo hemos anticipado, y se trata del robo. Obviamente, hay grados, puesto que esta categoría engloba desde la sustracción de un bolígrafo u otro material de oficina, hasta robar efectivo directamente de la caja. El daño provocado a la empresa dependerá del valor de lo sustraído, pero no hay que olvidar que en última instancia, robar es robar, y cualquier acción de esta índole es reprochable.

Para hacernos una idea, según una investigación, los robos por parte de empleados suponen, cada año, unas pérdidas de 40.000.000 de dólares a las empresas estadounidenses. Se trata de una cifra nada desdeñable y que permite tener una mejor perspectiva para entender el alcance de este tipo de problemática.

2. Sabotaje

El segundo tipo de comportamientos contraproducentes en el trabajo es el de los sabotajes. Esta conducta implica, deliberadamente, dañar o destruir material de la empresa, o interferir para que los procesos pierdan eficiencia de alguna manera. Retomando el tema de la ética, en ocasiones las personas que ejercen estas acciones consideran que están totalmente justificadas

Para poder comprenderlo mejor, pondremos un ejemplo. Imaginemos un trabajador de oficina que deliberadamente deja caer su café sobre el ordenador y provoca una avería irreparable. En un primer momento pensaríamos que su conducta solo busca el hacer daño, pero su razonamiento podría ser que ese ordenador ya era muy viejo, tenía errores constantemente y su superior no le proporcionaba uno nuevo.

Así que, éticamente, la persona pensaría que su conducta no sería un sabotaje como tal, puesto que él necesitaba un ordenador en condiciones para poder trabajar sin problema y ser así más eficiente. La realidad es que a la empresa le ha supuesto un coste inesperado debido a una acción deliberada del empleado, por lo que entraría en los comportamientos contraproducentes en el trabajo.

No hay que tomar a la ligera el sabotaje. En conjunto con los robos y otro tipo de fraudes a la empresa por parte de personal interno, se estima que estas conductas generan de un 10% a un 20% del número total de quiebras anuales de empresas en Estados Unidos, por lo que son factores a tener muy en cuenta, y las empresas deben establecer medidas y programas de concienciación para evitar que ocurran, en la medida de lo posible.

3. Consumo de sustancias

Entramos en un terreno diferente dentro de los comportamientos contraproducentes en el trabajo, y es que el siguiente elemento de la lista se refiere al consumo de sustancias tóxicas, como alcohol y drogas, dentro del horario laboral, o antes de él, siempre que los efectos se sitúen dentro del tiempo de trabajo del individuo. Se trata de un problema invisibilizado, pero muy grave para algunas empresas.

Este tipo de conductas puede generar pérdidas de unos 30 millones de dólares al año en el conjunto de empresas de EEUU, ya que conlleva una acumulación de pérdida de eficiencia de los trabajadores que acaba repercutiendo en los procesos de la organización y por lo tanto también en sus resultados (y en sus beneficios).

4. Tiempo muerto

El último de los tipos de comportamientos contraproducentes en el trabajo sería el que tiene que ver con la inactividad dentro de la jornada laboral, ya sea en forma de absentismo injustificado al puesto de trabajo, en descansos más abundantes y prolongados de lo que marcan las normas empresariales o incluso la realización de otras tareas ajenas a la compañía durante el tiempo de trabajo, como navegar por páginas web con objetivos personales o revisar constantemente el teléfono móvil.

Se trata de un tiempo de trabajo en el que no se está ejerciendo la actividad que en principio se debería estar haciendo y que por lo tanto supone un notable descenso en la productividad del empleado, dificultando cada vez más el conseguir los logros marcados.

Perfil del transgresor

Para las empresas resulta vital tener claro cuál es el perfil del trabajador que puede llegar a tener comportamientos contraproducentes en el trabajo y así poder anticiparse a esas maliciosas acciones, evitando de esta manera las terribles repercusiones que hemos conocido en el punto anterior. No siempre ha de cumplir las mismas características, pero existen algunas cualidades que suelen repetirse entre estos individuos.

El primer factor que suele aparecer es el de la falta de empatía, y es que se entiende que los trabajadores que tratan de boicotear a su propio centro de trabajo, por lo general, han de tener un nivel de empatía bajo, puesto que no logran entender las necesidades de la empresa ni las identifican como propias, a pesar de formar parte de ella. Por el contrario, actúan en contra de sus intereses, lo que, en definitiva, también le estaría causando un perjuicio a él mismo.

Sin embargo, las investigaciones demuestran que estas personas no siempre tienen un nivel de empatía bajo, ni mucho menos. En algunos casos, los empleados que ejercen comportamientos contraproducentes en el trabajo cuentan con un alto índice de empatía. ¿Cómo se explica esto, entonces? Aquí entra en juego otro factor, que es el de la ética, y eso es algo muy personal.

La cuestión es que, a ojos de la persona, las acciones que está realizando pueden ser perfectamente éticas. Si su código moral o su forma de percibir la realidad le hace comprender que sus comportamientos contraproducentes en el trabajo en realidad son conductas totalmente justificadas, no tendrá problema ético alguno en realizarlas, porque no le supondrá un choque de creencias.

Esta justificación ética puede ser real, porque creamos que las acciones no son perjudiciales, o que persiguen un bien mayor, o incluso puede ser construida, como una forma de autorregulación del individuo. En ese caso, lo que hará será adaptar sus creencias a la conducta realizada, de manera que no se produzca una discrepancia que desembocaría en un malestar. Eso es precisamente lo que se conoce como disonancia cognitiva.

Por último, hay un factor importante que nunca se debe olvidar: el aburrimiento, o falta de motivación. Algunos comportamientos, como los que veíamos relativos a los tiempos muertos, las consultas excesivas del teléfono personal, etc., se deben simple y llanamente a que el trabajador se encuentra muy desmotivado frente a su tarea y constantemente busca evadirse de ella a través de ese tipo de acciones.

Referencias bibliográfias:

  • Bruursema, K., Kessler, S.R., Spector, P.E. (2011). Bored employees misbehaving: The relationship between boredom and counterproductive work behaviour. Work & Stress. Taylor & Francis.
  • Fox, S., Spector, P.E., Goh, A., Bruursema, K., Kessler, S.R. (2012). The deviant citizen: Measuring potential positive relations between counterproductive work behaviour and organizational citizenship behaviour. Journal of Occupational and Organizational Psychology. Wiley Online Library.
  • Omar, A., Vaamonde, J.D., Uribe, H. (2012). Comportamientos contraproducentes en el trabajo: diseño y validación de una escala. Diversitas: Perspectivas en Psicología.