Los cambios de contexto, la transición de un entorno y una serie de actividades a otro entorno con sus propias reglas de comportamiento, acostumbran a ser momentos clave para el bienestar emocional de las personas.

El fin de una temporada en la que hemos estado alejados del lugar de trabajo es un buen ejemplo de eso: la reincorporación laboral tiene implicaciones psicológicas para nosotros, tanto para lo bueno como para lo malo. Y si ese regreso a la rutina puede llegar a ser complicado ya de por sí, la combinación de este con la crisis del COVID-19 supone un reto aún mayor para muchas personas.

La reincorporación laboral en tiempos de pandemia

Contrariamente a lo que muchas personas creen, los estados emocionales que experimentamos en nuestro día a día no son un fenómeno básicamente mental; no empiezan y terminan en nuestra cabeza, y por mucho que intentemos evitar expresar ninguna emoción, estas surgen en la interacción entre nosotros y el entorno.

No es que los sentimientos y nuestras experiencias subjetivas nazcan en nuestro cerebro y luego queden plasmadas “hacia afuera” en lo que hacemos, sino que no podrían existir si realmente hubiese una separación entre lo que nos rodea y lo que ocurre en nuestra mente.

Por eso, cuando pasamos de estar inmersos en un contexto a estar inmersos en otro, inevitablemente se produce una transformación psicológica en nosotros. Y lo que ocurre en la reincorporación laboral tras un periodo de no trabajar (al menos, remuneradamente) es muestra de ello. Para muchas personas, tener que enfrentarse a una oleada de nuevas tareas por hacer, o tener que adaptarse a un sistema de trabajo ligeramente distinto, resulta difícil de digerir, o directamente las desborda.

Pero este año, además, a la vuelta al trabajo tras la temporada de vacaciones de verano se le suma un contexto social y sanitario sin precedentes, el cual ha sacudido tanto la política como la economía mundial; el coronavirus hace que exista mucha menos certeza acerca de lo que estaremos haciendo a un par de meses vista, y también aumenta el riesgo de perder el trabajo y/o el nivel de ingresos al que dábamos por sentado.

Eso significa que hay incluso más elementos a tener en cuenta a la hora de adaptarnos a los primeros días de trabajo, algo que, si no se gestiona bien, puede desencadenar problemas psicológicos significativos, tanto en lo emocional y cognitivo como en lo relativo a las relaciones personales y el rendimiento laboral.

Posibles focos de malestar en una situación así

Tal y como hemos visto, la transición que supone la reincorporación laboral puede fomentar o dar pie a cambios significativos a nivel psicológico.

Hay que tener en cuenta que a veces estos cambios son a mejor; por ejemplo, alguien que haya empezado a desarrollar una adicción durante su viaje de vacaciones tiene mayores probabilidades de dejarla atrás simplemente volviendo a su ciudad y a sus rutinas habituales. Sin embargo, en muchas ocasiones estos cambios suponen un desajuste al tener que “volver a aprender” a asumir numerosas responsabilidades.

Algunos de estos posibles focos de problemas propiciados por la reincorporación laboral en la crisis del coronavirus son los siguientes.

1. Incerteza

La incertidumbre acerca de lo que pasará es en sí algo que nos sesga hacia el pesimismo. En un momento de crisis sanitaria y económica, lo más habitual es que la falta de información sea percibida como una mayor presencia de elementos peligrosos, con el consiguiente aumento del nivel de ansiedad.

2. Sensación de pérdida de control

En principio, nosotros somos los dueños de lo que hacemos en nuestras vidas privadas, y esto incluye el grado de riesgo de contagio que estamos dispuestos a asumir. Pero en el contexto laboral, muchas personas pueden llegar a sentirse muy inseguras por tener que encajar con aquello que se espera de su rol profesional. Incluso aunque la organización en la que se trabaja utilice protocolos de seguridad eficaces, el hecho de no tener control total sobre el grado de exposición al virus puede conllevar un desgaste psicológico importante mediante el estrés y la ansiedad.

3. Mayor riesgo de desarrollar síntomas de la depresión

Si la vuelta al trabajo está marcada por los pensamientos catastrofistas acerca de lo que nos ocurrirá y el miedo por lo que está por venir (por ejemplo, si sentimos que no nos estamos adaptando al ritmo de trabajo lo suficientemente rápido o que la empresa entrará en crisis), es probable que muchos de los incentivos que nos mantenían satisfechos con ese trabajo dejen de funcionar.

Esa combinación entre ansiedad y falta de incentivos se correlaciona mucho con los trastornos de estado de ánimo, entre los que destaca la depresión. No es de extrañar que un gran porcentaje de quienes sufren ansiedad por su vida laboral desarrollen también depresión.

4. Consecuencias psicológicas negativas derivadas de las anteriores

En todo lo relacionado con la psicología, las experiencias vinculadas al malestar generan un efecto dominó con gran facilidad. El estrés y la angustia aumentan las probabilidades de sufrir insomnio, por ejemplo, así como patrones de gestión de la ansiedad que en sí constituyen otro problema: adicciones, trastornos del control de los impulsos, etc.

¿Se puede hacer algo al respecto?

Mucho de lo que hemos visto hasta ahora no depende tan solo de lo que uno mismo haga, sino de lo que pasa a nuestro alrededor. Por ejemplo, un entorno laboral en el que las condiciones de trabajo son muy malas o incluso hay explotación, suele dar paso a problemas psicológicos cuya causa está más allá de nuestras acciones.

Sin embargo, en otros casos hay bastante margen de maniobra para potenciar la salud mental sin necesidad de cambiar de trabajo.

En situaciones así, la psicoterapia resulta muy eficaz, ya que puede servir para progresar en los siguientes aspectos, entre otros:

  • Gestión de la ansiedad en el momento en el que nos hace sentir mal.
  • Potenciación del auto-conocimiento para ser eficiente buscando soluciones ante el malestar.
  • Desarrollo de habilidades de gestión del tiempo y mejora del rendimiento.
  • Adopción de hábitos más adecuados en las relaciones personales y potenciación de las habilidades sociales.
  • Aumento de la facilidad al detectar patrones de gestión del malestar que son problemáticos.
  • Aumento del control sobre los impulsos.
  • Mejora de las aptitudes de manejo de la concentración en la tarea.

¿Buscas apoyo psicológico profesional?

Ignacio García Vicente

Si notas que estás sufriendo un desgaste psicológico debido a la situación que estás viviendo en el ámbito laboral, te animo a que te pongas en contacto conmigo. Soy psicólogo especializado en terapia cognitivo-conductual y en terapias de tercera generación, y atiendo a pacientes de edad adulta ante una amplia variedad de problemas: estrés laboral, trastornos de ansiedad y fobias, depresión, Trastorno Obsesivo-Compulsivo, adicciones, conflictos de pareja… En esta página puedes encontrar más información sobre cómo trabajo, y mis datos de contacto.

Referencias bibliográficas:

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  • Melchior, M. et. al. (2008). Work stress precipitates depression and anxiety in young, working women and men. Psychological Medicine, 37(8): pp. 1119 - 1129.
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