Un aspecto importante de la infidelidad es el hecho de que, en general, se da en secreto. Por tanto, suele implicar una traición al compromiso pactado entre las partes implicadas, los cónyuges. Este es un elemento fundamental a la hora de romper la confianza sobre la que se establece la relación de pareja.

Cuando se produce una infidelidad, el “agraviado” sufre una profunda herida en su autoestima que será necesario sanar. Uno de los retos más difíciles al que tendrá que exponerse será el perdonar lo ocurrido, con independencia de que se desee restaurar la relación o no.

¿Qué es el perdón?

El perdón es un proceso que tiene efectos saludables en la persona que perdona, promoviendo así su salud mental. Sin embargo, perdonar es un asunto complejo que llevará tiempo, deseo de perdonar, determinación y compromiso.

En este proceso tendremos que cambiar actitudes, pensamientos y conductas. Mediante esta reestrucutación cognitiva, podremos ser capaces de reconciliarnos con esos sentimientos que fueron violentados, y volver a la normalidad.

El proceso de perdón tras una infidelidad

El primer paso será reconocer el daño sufrido. Es importante no intentar engañarse minimizando lo ocurrido, al contrario, será desde la importancia del evento desde donde el “agraviado” se dará la oportunidad de perdonar.

En el análisis de lo ocurrido es preciso entender las circunstancias en que se da la infidelidad. De este modo, sabemos que atribuciones externas (atribuir la responsabilidad a las circunstancias externas a la persona), inestables (que varían) y específicas (concretas y puntuales) de la infidelidad facilitan el perdón frente a la atribuciones internas (atribuir la responsabilidad al carácter de la persona), estables (que no cambia) y globales (generalizables) que lo dificultan.

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El segundo paso es mostrarnos interés por perdonar lo ocurrido, al menos como una posibilidad.

Ideas erróneas sobre el proceso de perdón

Para ello tendremos que analizar y reconocer lo que significa para nosotros perdonar para detectar posibles pensamientos o ideas que pueden interferir de forma negativa sobre el proceso de perdón. Algunas de estas ideas erróneas pueden ser:

1. “Perdonar implica olvidar lo ocurrido”

La memoria es una función cerebral que interviene en todos los procesos de aprendizaje del ser humano. Cuando aprendemos algo, no se borra de nuestro “almacén”, no podemos hacerlo desaparecer. El fin no es olvidar lo ocurrido, el fin será recordarlo sin que nos haga daño.

2. “Perdonar es sinónimo de reconciliación”

Esta es una de las ideas más extendidas en consulta: “Si no quiere volver conmigo es porque no me ha perdonado, si lo hubiera hecho estaríamos juntos”. El perdón no incluye necesariamente restaurar la relación con alguien, es necesario, pero no suficiente. 

3. “Perdonar es minimizar o justificar lo ocurrido”

¿Cuántas veces hemos escuchado frases del tipo: “no es para tanto”, “intenta ver lo positivo”, “estas cosas pasan”,...? Perdonar no implica cambiar la valoración del hecho; de modo que es muy probable que éste siempre se valore de forma negativa e injustificable. Sin embargo, lo que cambiará será que, a pesar de que la valoración del hecho es negativa, la actitud hacia el “ofensor” no implicará deseos de venganza o necesidad de “devolver el daño causado” en busca de justicia.

4. “Perdonar es signo de no valorarse o de debilidad”

Cuando nos hacen daño, aprendemos que es necesario protegernos de aquella persona que nos ha herido. El enfado es un mecanismo de defensa que nos protege del otro (el odio me permite “controlar” parte de lo ocurrido, te hace sentir importante y restaura parte de la confianza perdida en uno mismo).

Cambiando nuestros pensamientos para poder perdonar

El tercer paso que nos lleva a perdonar, y esto pasa por cambiar nuestra conducta (lo que hacemos) y aceptar el sufrimiento y la rabia. En el caso de la infidelidad, consiste en dejar de hacer conductas destructivas abiertas y explícitas (buscar venganza o justicia, arremeter contra el “agresor”,…) o encubiertas e implícitas (desear mal al agresor, rumiar sobre la traición y el daño infringido...).

La cuarta etapa pasa por establecer estrategias dirigidas a auto-protegerse. Perdonar no significa “fe ciega en el otro”, precisamente implica reconocer que no hay certezas de que no volverá a ocurrir y que el riesgo forma parte de lo que significa vivir y compartir la vida con otro, aunque uno intente reducir la probabilidad de que vuelva a ocurrir. Es importante no caer en el control excesivo que nos lleve a manifestar una conducta celosa.

Superando una situación complicada

Perdonar una infidelidad, por tanto, es posible. Sin embargo, ello no significará retomar nuevamente la relación, es requisito necesario pero no suficiente. 

Por otro lado, es importante darse tiempo, el perdón solo es posible una vez hemos pasado el proceso de duelo que conllevará la pérdida de confianza tanto en la pareja como en uno mismo, dado los efectos tan devastadores que tiene sobre la autoestima.

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