Los problemas de comunicación en la pareja son el principal indicador de que la relación está en un proceso de deterioro; a su vez, si no se hace algo para solucionarlos, llevan a más situaciones problemáticas que se van acumulando y que se suman a las ya existentes.

Dicho de otra forma, son tanto causa como consecuencia del desgaste de la convivencia y del vínculo afectivo.

Por eso, buena parte de los objetivos que se fija la terapia de pareja tienen que ver con mejorar los patrones de comunicación entre las dos personas que acuden a la consulta del psicólogo. Aquí veremos un resumen de cómo se consigue.

Posibles problemas de comunicación en una relación de pareja

Este es un resumen de los principales problemas de comunicación en las relaciones de pareja, y de sus características.

1. Falta de asertividad

Algunas personas tienen una gran facilidad a la hora de expresar claramente sus sentimientos, intenciones o voluntades de manera franca y sin herir o menospreciar los sentimientos de la otra persona, habilidad social que se conoce como “asertividad”.

Pero hay quien tiende a reprimir los propios sentimientos al creer que expresarlos puede generar malestar en la otra persona; es una de las peores maneras de afrontar una discusión o cualquier tipo de problema en pareja.

Cerrarse emocionalmente a la otra persona para evitar enfrentamientos, dejar de comunicar las propias opiniones, impresiones o necesidades y perder la confianza a la hora de compartir todo aquello que nos preocupa es una de las señales más inequívocas de que existe un problema de comunicación.

Los déficits de asertividad, habilidad asociada a la facilidad para no dejar nada importante sin explicar, constituyen un verdadero obstáculo para conseguir estar bien en la relación, ya que en cualquier conversación o discusión acalorada existe una incapacidad de defender la propia postura.

2. Déficits en la escucha activa

La escucha activa es otro de los pilares fundamentales para el buen funcionamiento de cualquier relación de pareja, y la falta de ésta lleva a situaciones en las que al menos una de las personas involucradas en la relación se siente sola o incomprendida.

Tanto en el ámbito de la pareja como en el de las relaciones sociales en general, escuchar activamente consiste no solamente en atender a lo que dice el interlocutor, sino que también se basa en una voluntad profunda de entendimiento y en un interés genuino en lo que plantea la otra persona, y en hacerlo saber a través del lenguaje no verbal mientras el otro habla.

3. Tendencia a los reproches

Otro clásico en los problemas de comunicación en pareja que pueden deteriorar la relación son los reproches recurrentes.

Recordar en cada oportunidad problemas del pasado, o culpabilizar a la otra persona de sucesos vividos y en teoría ya superados o usar los ataques como defensa durante una discusión es un modelo de comunicación muy negativo y puede generar, a la larga, sentimientos de resentimiento por una o ambas partes, malestar, hartazgo o frustración.

4. Errores de interpretación por sesgo optimista o pesimista

Los errores frecuentes de interpretación de lo que dice el otro son otro de los problemas más frecuentes en la comunicación de las parejas y estos se dan más cuando la pareja ya atraviesa por un mal momento en la relación, en el cual son habituales las discusiones airadas, la negatividad y la conflictividad.

Es en esos casos en los que cada argumento o comentario emitido por uno de los miembros de la pareja es interpretado de maneras que casan más con la propia manera de pensar que según lo que sabemos acerca de cómo suele pensar la otra persona; por ejemplo, esto puede ocurrir a partir de un sesgo pesimista, creyendo que cualquier comentario ambiguo es una acusación, o desde un sesgo optimista, asumiendo que la otra persona está conforme con lo que hemos hecho a pesar de que en realidad tendríamos que interesarnos más por su verdadera opinión sobre ello.

¿Qué se hace en terapia de pareja para superar los problemas de comunicación?

Estos son algunos de los principales procesos en los que la terapia de pareja es aplicada para dar salida a esos problemas de comunicación en un noviazgo o un matrimonio.

1. Puesta en práctica de la asertividad

La asertividad puede mejorarse atendiendo practicando a través de conversaciones en tiempo real, y mejorando las habilidades para “romper el hielo”. Esto se hace teniendo en mente la idea principal a comunicar y fijando momentos en los que esta debe ser expresada claramente en un tiempo mínimo, aunque teniendo en cuenta que no hay que herir emocionalmente sin motivo a la otra persona.

2. Desarrollo de la escucha activa

Esto incluye tanto un programa de entrenamiento en gestión de la capacidad de concentración como en el aprendizaje de esas convenciones sociales acerca de cómo se muestra que se presta atención.

3. Gestión de las discusiones desde una lógica constructiva

Para evitar que cada vez que se discute sobre algo el diálogo se convierta en una lucha de egos y en un intercambio de reproches, es necesario tomar consciencia de que criticar algo o quejarse por un suceso que no nos ha gustado no implica pelear o buscar el enfrentamiento.

Para ello, en terapia de pareja se trabaja facilitando que ambas personas vayan acostumbrándose a colaborar en “mesas de diálogo” adaptables al contexto de cada momento, en las que una serie de señales indican que ambos tienen la voluntad de aportar a la relación y poner de su parte para dar solución a lo que ocurre. Y también incluye la práctica de esta manera de colaborar sin ceder a las ganas de dejar que el enfado o la frustración eclipse las ganas por buscar el bien de los dos a medio y largo plazo (lo cual no siempre implica hacer que ambos sacrifiquen lo mismo, a veces uno de los dos debe ceder mucho más o/y reparar el daño causado)

4. Interiorización de los patrones comunicativos del otro

Es necesario conocer muy bien el estilo comunicativo al que tiende la otra persona para adaptar a este nuestra interpretación de lo que dice o hace. Esto no implica aferrarse a un estereotipo rígido acerca de cómo piensa esa persona, sino que más bien se basa en las actitudes generales, los valores éticos de lo importante para el otro, y el grado en el que puede haber una diferencia entre lo que piensa y siente y lo que comunica explícitamente.

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Referencias bibliográficas:

Caballo, V. (1983). Manual de entrenamiento y evaluación de las habilidades sociales. Madrid: Siglo XXI. Carreño, M. (1991). Aspectos psicosociales de las relaciones amorosas. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela. Dattilio, F.M. & Padesky, C.A. (2004). Terapia Cognitiva con parejas. Bilbao: Editorial Desclée De Brouwer.