La teoría interpersonal de Harry Stack Sullivan sobre el desarrollo de la personalidad es una de las más conocidas en el ámbito del psicoanálisis. 

En este artículo describiremos los principales conceptos y postulados de este modelo, cuyo foco en las relaciones interpersonales influyó de forma muy significativa los desarrollos posteriores de la psicoterapia.

La teoría interpersonal de H. S. Sullivan

Harry Stack Sullivan (1892-1949) publicó en el año 1953 la obra “La teoría interpersonal de la psiquiatría”; en esta desarrolló su modelo de la personalidad, que se enmarca en el paradigma del psicoanálisis. De forma más concreta podemos clasificar a Sullivan en el neofreudismo, junto con autores como Carl JungKaren Horney, Erik Fromm o Erik Erikson.

Sullivan defendió una concepción de la psiquiatría según la cual esta ciencia debía tener como objeto de estudio las interacciones entre seres humanos. De este modo destacó la relevancia fundamental de las relaciones interpersonales (tanto las reales como las imaginarias) en la configuración de la personalidad, y en consecuencia también de la psicopatología.

Para este autor la personalidad se puede definir como un patrón de comportamiento relativo a las situaciones de interacción con otras personas. Se trataría de una entidad estable y compleja, determinada tanto por las necesidades fisiológicas e interpersonales innatas como por el aprendizaje a través de experiencias tempranas y el proceso de socialización.

En este sentido, la personalidad se formaría progresivamente en función del contacto con el entorno social y de la propia capacidad para satisfacer las necesidades, así como la tensión que estas causan tanto desde un punto de vista biológico como desde uno psicológico. Los fallos en este tipo de aprendizajes y la falta de adaptación psicológica llevarían a la patología.

La teoría de la personalidad de H. S. Sullivan, y en particular su focalización en las interacciones sociales, llevaron al surgimiento de la escuela del psicoanálisis interpersonal. Esta corriente también difiere de la variante freudiana en su interés por la individualidad y por la importancia que da a la relación mutua entre terapeuta y paciente.

Factores estables que forman la personalidad

Según Sullivan, el constructo que conocemos como “personalidad” está compuesto por tres aspectos estables: los dinamismos y las necesidades, el Sistema del Yo y las personificaciones

Todos ellos se desarrollan a partir de la interacción con otras personas y de cómo resolvemos nuestros impulsos fisiológicos y sociales.

1. Necesidades y dinamismos

El psicoanálisis interpersonal define dos grandes conjuntos de necesidades humanas: las de autosatisfacción y las de seguridad. Las primeras se asocian con la fisiología e incluyen la alimentación, la excreción, la actividad o el sueño; las necesidades de seguridad tienen un carácter más psicológico, como la evitación de la ansiedad y el mantenimiento de la autoestima.

Los dinamismos son patrones de conducta complejos y más o menos estables que tienen la función de satisfacer una necesidad básica determinada -o, en palabras de Sullivan, de “transformar la energía física del organismo”. Hay dos tipos de dinamismos: los que se relacionan con partes específicas del cuerpo y los asociados a experiencias de miedo y de ansiedad.

2. El Sistema del Yo

El Sistema del Yo se desarrolla a lo largo de la infancia a medida que experimentamos ansiedad y la aliviamos a través de otras personas. Se trata de una estructura psíquica que cumple la función de manejar la ansiedad, esto es, de lidiar con las necesidades de seguridad. Con la edad adopta también la función de proteger la autoestima y la imagen social.

3. Las personificaciones

Sullivan utiliza el término “personificación” para hacer referencia a los modos por los cuales los niños interpretan el mundo: atribuyendo a personas y colectivos características de otros, basándose tanto en experiencias de interacción como en creencias y fantasías personales. Las personificaciones tendrán una gran importancia en las relaciones sociales a lo largo de la vida.

Modos de experiencia: el desarrollo de la mente

Siguiendo los planteamientos de Sullivan, la personalidad se forma mediante el traspaso de lo interpersonal a lo intrapsíquico. De este modo, si las necesidades de una persona durante la infancia quedan cubiertas satisfactoriamente, logrará un sentido de autoconfianza y de seguridad; si no, desarrollará una tendencia a sentir inseguridad y ansiedad.

Los modos en que experimentamos nuestro entorno físico y social cambian en función de la edad, del grado de dominio del lenguaje y de la correcta satisfacción de las necesidades. En este sentido Sullivan describió tres modos de experiencia: la prototáxica, la paratáxica y la sintáctica. Cada una de ellas se subordina a las que aparecen posteriormente.

1. Experiencia prototáxica

Los bebés experimentan la vida como una sucesión de estados organísmicos no relacionados entre ellos. No existe una concepción de causalidad ni un verdadero sentido del tiempo. Progresivamente se irá tomando conciencia de las partes del cuerpo que interactúan con el exterior, en las cuales se dan sensaciones de tensión y de alivio.

2. Experiencia paratáxica

Durante la infancia las personas nos diferenciamos del medio y obtenemos conocimientos sobre los modos de satisfacer nuestras necesidades; esto permite la aparición de símbolos personales a través de los cuales establecemos relaciones entre eventos y sensaciones, como las de causalidad.

Sullivan habló de “distorsión paratáxica” para hacer referencia al surgimiento de experiencias de este tipo en etapas más avanzadas de la vida. Consisten fundamentalmente en relacionarse con otros de forma equivalente a la que se dio con personas significativas en el pasado; esto se manifestaría en la transferencia, por ejemplo.

3. Experiencia sintáctica

Cuando el desarrollo de la personalidad se produce de forma saludable aparece el pensamiento sintáctico, que tiene un carácter secuencial y lógico y se modifica constantemente en función de las nuevas experiencias. Además los símbolos son validados a través del consenso con otras personas, lo cual da un sentido social al comportamiento.