Hablar de impulsividad en Psicología es meterse en un terreno mucho más complejo de lo que parece a primera vista. No estamos solo ante “hacer cosas sin pensar”, sino ante un conjunto de tendencias relativamente estables que influyen en cómo tomamos decisiones, regulamos emociones y respondemos a recompensas inmediatas. Por eso, desde hace décadas, la investigación ha intentado responder a una pregunta clave: ¿existen tipos de personalidad especialmente asociados a los problemas de impulsividad? La respuesta corta es sí, pero con muchos matices interesantes.
Impulsividad y personalidad: una relación nada simple
En los modelos actuales de personalidad, la impulsividad no se entiende como un rasgo único y homogéneo. Más bien se concibe como un conjunto de disposiciones que aumentan la probabilidad de actuar de forma rápida, poco planificada y guiada por el momento presente. Esto explica por qué una persona puede ser impulsiva cuando está enfadada, otra cuando está eufórica y otra cuando aparece una recompensa atractiva, aunque por motivos psicológicos distintos.
Los modelos de rasgos “normales”, como el Big Five o el modelo UPPS-P, han sido especialmente útiles para ordenar este puzzle y conectar la impulsividad con dimensiones amplias y bien estudiadas de la personalidad.
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1. Baja responsabilidad: el autocontrol como punto débil
Uno de los hallazgos más sólidos en la literatura es la relación entre impulsividad y baja responsabilidad o concienciación Este rasgo del Big Five incluye aspectos como la planificación, la perseverancia, la organización y la capacidad para inhibir impulsos.
Las personas con niveles bajos de responsabilidad tienden a tener más dificultades para pensar a largo plazo, tolerar el esfuerzo sostenido y frenar conductas atractivas a corto plazo. No es casualidad que este perfil aparezca de forma recurrente en estudios sobre consumo de sustancias, problemas de autorregulación y conductas de riesgo. Aquí la impulsividad no suele ser explosiva o emocional, sino más bien una falta de freno interno.
2. Neuroticismo e impulsividad emocional
Otro perfil especialmente relevante es el de alta inestabilidad emocional, también conocida como alto neuroticismo. Estas personas experimentan emociones intensas con facilidad y suelen tener más problemas para regularlas de forma adaptativa.
Cuando la intensidad emocional se combina con estrategias de regulación pobres, aparece lo que muchos autores llaman impulsividad emocional. En estos casos, la conducta impulsiva funciona casi como una vía de escape: actuar rápido para aliviar malestar, enfado, ansiedad o incluso euforia. Este patrón es clave para entender comportamientos como los atracones, las autolesiones o ciertas explosiones de ira.
3. Búsqueda de sensaciones: cuando el riesgo resulta atractivo
No toda la impulsividad nace del malestar. En algunos perfiles, el motor principal es la búsqueda de sensaciones o novelty seeking. Estas personas muestran una fuerte atracción por la novedad, la intensidad y la estimulación, y una mayor tolerancia al riesgo.
La investigación ha vinculado este rasgo con conductas impulsivas de tipo exploratorio o recreativo, como el consumo experimental de sustancias, el juego, la velocidad o determinadas conductas antisociales. A diferencia del perfil emocional, aquí la impulsividad no surge tanto por pérdida de control, sino por una motivación activa hacia experiencias intensas.
El modelo UPPS-P: cinco caminos hacia la acción impulsiva
Uno de los avances más importantes en este campo ha sido el modelo UPPS-P, que propone cinco rasgos de impulsividad de personalidad: urgencia negativa, urgencia positiva, falta de premeditación, falta de perseverancia y búsqueda de sensaciones.
Las urgencia, tanto negativa como positiva, describen la tendencia a actuar de forma precipitada bajo emociones intensas, ya sean desagradables o agradables. Numerosos estudios muestran que estas dimensiones son especialmente potentes para predecir conductas adictivas, problemas de control de impulsos y comportamientos de riesgo. Esto refuerza la idea de que la emoción, más que la falta de normas, suele ser el detonante principal.
Trastornos de la personalidad e impulsividad
Cuando pasamos del terreno de los rasgos normales al ámbito clínico, la impulsividad adquiere aún más protagonismo. En los trastornos de la personalidad del clúster B, la impulsividad no es un rasgo secundario, sino un elemento central del cuadro.
En el trastorno límite de la personalidad, la impulsividad aparece estrechamente ligada a la inestabilidad emocional. Estudios con medidas como el UPPS-P muestran niveles elevados de urgencia emocional, falta de premeditación y búsqueda de sensaciones, asociados a autolesiones, agresividad y conductas de alto riesgo.
En el trastorno antisocial de la personalidad, la impulsividad adopta una forma más desinhibida y orientada a la recompensa inmediata. Aquí suelen confluir baja responsabilidad, alta búsqueda de sensaciones y escasa consideración por las consecuencias, un patrón que también se observa en muestras forenses y en personas con rasgos psicopáticos.
Impulsividad, adicciones y espectro externalizante
La impulsividad es uno de los factores de personalidad más consistentemente asociados a los trastornos por uso de sustancias, el juego patológico y otros problemas externalizantes. Las revisiones longitudinales muestran que distintas facetas de impulsividad predicen diferentes trayectorias de riesgo.
Por ejemplo, la urgencia emocional se asocia más al consumo problemático como estrategia de regulación afectiva, mientras que la búsqueda de sensaciones predice conductas de riesgo más exploratorias. Además, niveles elevados de impulsividad suelen relacionarse con mayor gravedad clínica y peor pronóstico, lo que subraya su relevancia terapéutica.
Una visión integradora de la impulsividad
Los modelos estructurales actuales coinciden en que la impulsividad no puede reducirse a un único mecanismo. Estudios factoriales distinguen entre elección impulsiva, acción impulsiva y rasgos impulsivos de personalidad, siendo estos últimos los más directamente vinculados a los perfiles de personalidad.

Esther Tomás Ruiz
Esther Tomás Ruiz
Psicóloga, coach y terapeuta de familia y parejas
Así pues, podríamos decir que los problemas de impulsividad se asocian especialmente a una combinación de baja concienciación, alta reactividad emocional, urgencia emocional y búsqueda de sensaciones, así como a determinados trastornos de la personalidad del clúster B. Comprender estas diferencias no solo mejora la teoría, sino que ayuda a diseñar intervenciones más ajustadas a cada perfil psicológico.


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