Este desorden produce, en sus fases avanzadas, síntomas neurológicos.

Existen una gran cantidad de enfermedades que pueden afectarnos en mayor o menor medida. Muchas de ellas son causadas por infecciones bacterianas o víricas, unas infecciones que pueden aparecer por distintos motivos. Algunas de ellas son provocadas por las picaduras o mordeduras de otros seres vivos, como los insectos. Es lo que ocurre con la enfermedad de Lyme, de la cual vamos a hablar a lo largo de este artículo.

Enfermedad de Lyme: síntomas básicos

Relativamente frecuente en el hemisferio norte, la enfermedad de Lyme es una enfermedad infecciosa transmitida por la picadura de algunas especies de garrapatas. Se trata de una enfermedad de origen bacteriano, que puede ir evolucionando a través de diversas etapas. Asimismo estamos ante una vieja conocida de la humanidad: existen vestigios de su existencia incluso en la prehistoria, si bien los primeros casos documentados como tales son del siglo pasado.

Este alteración puede aparecer a cualquier edad y en cualquier sexo, no siendo estas variables determinantes a la hora o no de enfermar. Generalmente hay más probabilidad de aparición en aquellas personas que están frecuentemente al aire libre en zonas en que habitan los huéspedes habituales de dichas garrapatas.

Los síntomas más notorios de este trastorno son la presencia de un eritema en la zona de la picadura, que puede ir extendiéndose (se suele denominar eritema migratorio), junto con síntomas típicos de gripe. La presencia de náuseas, conjuntivitis, cefalea, sensación de fatiga y rigidez muscular son relativamente frecuentes.

Si la enfermedad avanza puede llegar la artritis, la pérdida de tono muscular, la parálisis facial, temblores, aumento de la tensión, problemas de memoria e incluso problemas respiratorios que podrían llegar a la parada de dicha función. También puede llegar a afectar al cerebro en forma de neuroborreliosis, generando parálisis y meningitis, e incluso síntomas psiquiátricos como alucinaciones.

Sin embargo, algunas personas pueden llegar a padecer una evolución de la enfermedad a una fase crónica, especialmente si no se han tratado o no se ha detectado a tiempo. Aunque se han descrito algunas muertes derivadas de ella (por ejemplo por parada cardiorrespiratoria), el deceso del sujeto por la enfermedad de Lyme no es habitual.

Causas

El origen de esta enfermedad se encuentra en la bacteria Borrelia burgdorferi (de hecho, la enfermedad de Lyme también se conoce como borreliosis) la cual es introducida en el organismo por la picadura de algunas especies de garrapatas (si bien otros insectos podrían transmitirla, como mosquitos y pulgas), siendo muy frecuente que la transmitan las garrapatas del género Ixodes.

Estas garrapatas son frecuentes en roedores, caballos y ciervos. El ser humano no suele ser huésped de estos seres, pero una exposición accidental a estos insectos puede generar una picadura. Pese a ello, no todas las garrapatas de este género transmiten la bacteria anteriormente citada, provocando la enfermedad de Lyme únicamente aquellas que están infectadas por ella. Aunque en este artículo se explora principalmente la enfermedad y los síntomas causados en humanos, también puede afectar a otros animales y mascotas.

Para llegar a transmitir la bacteria y provocar la enfermedad de Lyme, se calcula que la garrapata debe adherirse a la piel durante entre uno y dos días, si bien su pequeño tamaño puede hacer difícil conocer cuánto tiempo ha permanecido en el cuerpo al no poder localizarla.

La enfermedad de Lyme no es contagiosa entre personas: no se contagia a través del contacto físico, ni por la respiración, ni por vía sexual. Quien la padece no puede transmitirla a menos que una garrapata infectada por la bacteria pase de su portador a otro. Por ejemplo, si un perro padece la enfermedad no infectará a su cuidador per se, si bien puede tener garrapatas adheridas que sí podrían llegar a hacerlo.

Etapas de la enfermedad

Como hemos mencionado la enfermedad de Lyme puede ir pasando por una serie de etapas en las que distintos síntomas pueden ir apareciendo y desapareciendo. Desde la picadura a la aparición de síntomas pueden llegar a transcurrir semanas, si bien es frecuente que éstos últimos aparezcan entre unos días y una semana post-picadura. Concretamente, se destacan las siguientes fases.

1. Infección temprana localizada

En este estadio básicamente suele aparecer el eritema migratorio alrededor de la picadura de la garrapata, que puede generar picores y otras alteraciones sensaciones en la piel. En general no suelen aparecer más síntomas. En ocasiones aparecen también molestias y linfocitomas de color azulado en áreas como las orejas.

2. Infección temprana diseminada

La bacteria ha penetrado y se diseminado por el organismo, pudiendo generar otras lesiones en la piel en zonas diferentes a la de la picadura, junto con fatiga y dolores musculares. Algunos síntomas más graves pueden ser la aparición de arritmias y alteraciones cardíacas. Es en esta etapa cuando tienden a aparecer problemas neurológicos como la meningitis, parálisis o alucinaciones.

3. Infección tardía

Tras varios meses de infección no tratada, suelen generarse problemas articulares (de hecho una de las primeras denominaciones de esta enfermedad es la de artritis de Lyme) que pueden llegar a ser permanentes. También suelen aparecer problemas como pérdida de memoria y alteraciones del nivel de conciencia, y podría llegar a aparecer encefalitis.

Tratamiento

Generalmente la enfermedad de Lyme tiene un diagnóstico y tratamiento eficaces que suelen terminar con la recuperación completa del paciente.

El primer elemento a tener en cuenta es la posibilidad de que la garrapata que ha transmitido la bacteria o su aguijón aún permanezcan en el cuerpo del sujeto. Un primer paso a seguir es la retirada del arácnido del organismo mediante ganchos o pinzas, así como la desinfección de la zona. Si se identifica una picadura se recomienda la observación del paciente durante al menos un mes para comprobar si surge o no sintomatología.

Posteriormente se aplicarán diferentes antibióticos en función de las características del paciente, de la evolución de la enfermedad y de los síntomas. Este tratamiento generalmente cura la enfermedad en un periodo de varias semanas, si bien a veces pueden aparecer síntomas residuales. En los casos en que esta enfermedad se cronifica, puede ser necesaria la aplicación de un programa de tratamiento con antibióticos más continuado a lo largo del tiempo.

También pueden aplicarse analgésicos para combatir el posible dolor muscular u otros fármacos para controlar la fiebre y otros síntomas que aparezcan durante la afección.

Referencias bibliográficas:

  • Herrera, O.; Infante, J.; Ramírez, R. & Lavastida, H. (2012). Enfermedad de Lyme: historia, microbiología, epizootiología y epidemiología. Revista Cubana de Higiene y Epidemiología, 50 (2). Ciudad de la Habana, Cuba.
  • Dickinson, F.O. & Batlle, M.C. (1997). Borreliosis de Lyme: acercamiento a una enfermedad infecciosa emergente. Revista Cubana de Higiene y Epidemiología, 35 (2). Ciudad de la Habana, Cuba.