Con frecuencia, solemos escuchar a alguien decir “X sujeto tiene mal carácter” o “Y chica es de carácter fuerte”. No resulta extraño, si tenemos en cuenta lo mucho que nos gusta clasificar a las personas según su manera de ser y lo poco que nos cuesta etiquetar a las personas según su manera de comportarse. Pero ¿sabemos con exactitud que significa “carácter”, qué es lo que engloba y cuáles son los factores que lo constituyen?

Los siguientes párrafos están dedicados a responder los anteriores interrogantes. 

Definiendo en concepto de carácter

Antes de nada, conviene aclarar y definir adecuadamente los conceptos. ¿Qué es el carácter? 

Según la Real Academia Española, la acepción número seis en la entrada dedicada a la palabra, define carácter como “El conjunto de cualidades o circunstancias propias de una cosa, de una persona o de una colectividad, que las distingue, por su modo de ser u obrar, de las demás”, y propone algunos ejemplos de su uso: “El carácter español. El carácter insufrible de Fulano”. 

Esta explicación, sin embargo, sirve para hacerse una idea sobre el uso que se le da popularmente al término de carácter (lo cual está bien y entra dentro de los objetivos de la RAE), pero si queremos entender lo que es de un modo más global tenemos que saber qué dicen sobre el carácter los psicólogos que se dedican a investigar a partir de esta idea. Y es que el carácter es uno de los conceptos más usados en la psicología de las diferencias individuales para categorizar las diferencias entre individuos; de hecho, está muy relacionado con otros conceptos, como el de personalidad o el de temperamento.

Distintas formas de abordar el concepto

Son muchos los psicólogos y psiquiatras que todavía expresan discordancias sobre el significado específico que le dan al concepto de “carácter”. Pese a ello, entre las semejanzas que podemos encontrar en las explicaciones de aquellos investigadores que trabajan para extraer conocimiento relacionado con el tema, se encuentra la idea de que el carácter de una persona resume la manera en la que esta persona reacciona habitualmente frente a una situación, circunstancia o acción determinada. Dicho con otras palabras, el carácter no es algo que sea producido por nuestro cuerpo, sino que e basa en la interacción

Ernest Kretschmer, importante investigador alemán sobre la constitución del carácter, bien reconocido sobre sus estudios biotipológicos, afirma que el carácter “resulta del conjunto de las características biológicas fundamentales basadas en los sustratos anatómico-fisiológicos de la constitución individual y de las características que se desarrollan bajo la influencia del ambiente y de especiales experiencias individuales”. Hasta donde hoy día sabemos del carácter, éste se desarrolla mediante la fusión de la constitución del temperamento (heredado de nuestros padres) y del instinto con el medio que nos rodea, o por factores externos que actúan permanentemente sobre nuestra individualidad, modificándola más o menos fuerte e importante pero sin transformarlo nunca.

Esto significa que el carácter forma parte de un proceso. En concreto, está en nuestra manera de relacionarnos con el entorno y con los fenómenos internos de nuestra mente (recuerdos), y por lo tanto no es una cosa, algo que permanezca fijo y que interactúe con tros elementos. Ni en el cerebro ni en ninguna parte de nuestro sistema nervioso hay una estructura que produzca el "carácter" de cada cual.

Los factores que constituyen el carácter

Diversos estudiosos del carácter han coincidido en señalar varias características fundamentales de éste. Como siempre, hay muchos puntos en los que no hay un acuerdo generalizado, pero entre todas las escuelas, una de las que más aceptación tienen en la actualidad es la escuela caracterológica de Groninga, entre cuyos miembros podemos encontrar a Renne Le Senne, Gastón Berger, André le Gall, y Heymans, entre otros. 

Su trabajo en conjunto aporta una concepción del carácter según la cual este cuenta con tres factores constitutivos: emotividad, actividad y resonancia.

1. Emotividad

La emotividad se suele definir como el “estado de conmoción psicosomática que sufren ciertos individuos bajo la influencia de sucesos que objetivamente tienen una importancia misma". Este rasgo sirve de base para la clasificación de individuos emotivos y no emotivos. Si un sujeto implica sus sentimientos primero (o no) ante un estímulo y podemos reconocerlo a través de algunos rasgos de comportamiento como la movilidad de humor, demostratividad, compasión, fervor, etc.

2. Actividad

La actividad implica dos vertientes. Por una parte, la necesidad gratuita de actuar a causa de una necesidad congénita (comer, dormir, etc.). Por otra, la necesidad de eliminar todo obstáculo que trate de oponerse a la dirección del sujeto. Es evidente que nuestro carácter varía significativamente según el grado en el que estamos consiguiendo satisfacer estas necesidades.

3. Resonancia

La resonancia hace referencia al tiempo de impresión que nos otorga un acontecimiento y el tiempo necesario para la reconstitución de la normalidad ante dicho acto. Según este tiempo, los sujetos pueden ser primarios (caracterizados por su impulsividad, movilidad, el hecho de consolarse o reconciliarse rápidamente, etc.) o secundarios (quienes están durante largos tiempos afectados por alguna impresión, no pueden consolarse, tienen rencores persistentes, etc.)

Además de dichos factores constitutivos, Le Senne agrega otras propiedades suplementarias entre las que incluye el egocentrismo, la inteligencia analítica, el alocentrismo, etc. y cuya interacción conjunta con las primarias y ambiente daría como resultado la personalidad de cada individuo.

Tipos de carácter y su relevancia en el campo de la criminología

En este enlace que te proporciono a continuación, tienes más información sobre los tipos de carácter y cómo se relaciona este rasgo con la conducta delictiva:

"Los 8 tipos de carácter (y su relación con la conducta criminal)"