Si bien en las últimas décadas la población se ha vuelto más consciente de la importancia de la inteligencia emocional, no siempre se acaba aplicando las habilidades relacionadas con ella.

Entre las más importantes tenemos la autorregulación emocional, fundamental para poder enfrentarse de forma eficiente, socialmente no disruptiva ni individualmente perjudicial, a todo tipo de situaciones que nos alteran anímicamente.

A continuación veremos más a fondo esta idea, tres tipos de estrategias que se encuentran dentro de la autorregulación emocional y formas para mejorarla en la infancia, adolescencia y adultez.

¿Qué es la autorregulación emocional?

Se puede entender como autorregulación emocional a la capacidad de manejo óptimo de las emociones. Es decir, es un constructo englobado dentro de la inteligencia emocional intrapersonal que nos permite transformar una vivencia potencialmente estresante y emocionalmente alterante en algo que, aunque continúe siendo desagradable, comprendemos que es pasajero, impersonal y controlable. Tener buena autorregulación emocional implica ser capaz de identificar aquello que nos sucede, monitorizar su progreso e intervenir sobre el mismo para que acaba desapareciendo.

En base a esta definición es comprensible la importancia de tener bien desarrollada esta capacidad. Nos permite enfrentarnos a todo tipo de situaciones vitales que queramos o no implican una serie de vivencias emocionales. Cuando nos sucede algo tenemos un estado emocional previo y, en base a las características de ese evento, nuestro estado puede cambiar de forma positiva o negativa.

No damos la misma respuesta ante un mismo evento cuando estamos calmados que cuando estamos enfadados. Si estamos bajo presión es previsible que demos una respuesta poco eficiente, la cual nos frustrará y hará que suframos más ansiedad. En cambio, si estamos más relajados es posible que pensemos de forma más fría, calculadora y eficiente, dando una respuesta adaptativa al problema, sea cual sea.

La autorregulación emocional implicaría que, aunque estuviéramos con un estado anímico poco deseable para la situación en la que nos encontramos, supiéramos cómo gestionar esta emocionalidad. Es decir, implica poder analizarse uno mismo, disminuir el grado en el que los sentimientos nos producen altibajos súbitos, y redirigir su energía hacia un objetivo más adaptativo. Por ejemplo, si estamos enfadados, en vez de empezar a destrozar mobiliario urbano una buena opción es canalizar esa energía y hacer un deporte mientras se está en ese estado.

La teoría modal de las emociones

Ya desde hace tiempo existen teorías dentro de la psicología que se han empeñado en defender la idea de que las emociones son procesos completamente automáticos e inevitables. Es decir, da igual cuánto entrenamiento creamos poseer: las emociones aparecen y no hay forma de controlarlas. Si se está enfadado, difícilmente se va a ser capaz para reducir ese sentimiento y pensar fríamente en cómo se siente. No obstante, esta no es la idea defendía detrás del constructo de la autorregulación emocional.

La idea de autorregulación emocional se fundamenta en la teoría modal de las emociones. Esta considera que las emociones no son reacciones instintivas, sino que se dan por diferentes motivos, como el contexto, la predisposición de la persona y, es aquí donde entraría la idea de la autorregulación, la capacidad del individuo para moderar sobre su humor.

De acuerdo el modelo, las emociones implican un proceso que se inicia cuando aparece una situación emocionalmente relevante. Esta puede tener su origen en el interior de la persona, como puede haber recordado una experiencia desagradable, o estar viviendo una situación emocionalmente tensa. Después, la persona dirige su atención hacia ese evento emocional, evaluando e interpretando lo ocurrido a nivel cognitivo y emocional. A partir de aquí se produce la respuesta, que movilizará elementos emocionales, mentales y conductuales.

Según el modelo es posible intervenir sobre este proceso. Si bien habrá algo que nos active emocionalmente, es nuestra capacidad de autorregulación la que hará que nuestros pensamientos, emociones secundarias al evento y conducta sean distintos a los que podrían darse si no nos controláramos.

Estrategias de regulación emocional

Existen muchas estrategias de autorregulación emocional, y cada persona, siempre y cuando lo haga de forma funcional y adaptativa, puede aplicar las suyas propias. Sin embargo, las más frecuentes son las que verás a continuación.

1. Supresión de pensamientos

Esta estrategia consiste, como su propio nombre indica, en suprimir los pensamientos que nos producen malestar. De esta forma se busca cambiar el estado emocional, saliendo de la situación desagradable y yendo a una, imaginada o real, que no nos produzca tanto estrés.

Por ejemplo, si pensamos en una comentario negativo que nos han hecho hoy en el trabajo, el cual nos pone de muy mal humor, la alternativa sería intentar desenfocar la atención escuchando música o imaginando un paisaje bonito.

A pesar de que esta estrategia es muy común, sencilla y barata, no es eficaz a largo plazo. Es cierto que ofrece alivio temporal, pero normalmente los pensamientos de los que se estaba huyendo acaban volviendo con más fuerza.

2. Reconsideración emocional

La estrategia de la reconsideración emocional, o reappraisal, consiste en modificar la manera en la que interpretamos una situación para tratar de cambiar el impacto que ejerce sobre nuestro estado emocional.

Por ejemplo, si acabamos de romper con nuestra pareja está claro que vamos a sentir sentimientos negativos como tristeza, incertidumbre o miedo a no encontrar otra vez el amor.

Sin embargo, por medio del reappraisal podemos reconsiderar la situación, viendo su lado positivo. Por ejemplo, en este caso en concreto, podemos ver que romper con esa persona es un avance, dado que dejamos de tener un lastre en nuestra vida que nos impida desarrollarnos como personas plenas y felices.

La reconsideración emocional es una de las estrategias de autorregulación emocional más efectivas y adaptativas. De hecho es muy recurrente en la terapia cognitivo-conductual.

3. Distanciamiento cognitivo

El distanciamiento cognitivo consiste en tomar una postura independiente y neutral frente al evento o situación emocional que nos altera. Así somos capaces de reducir su impacto en nuestro estado mental, y es más sencillo escoger la respuesta que queremos dar.

Esto es complicado, pero de conseguirlo lo que se hace es reenfocar nuestro estado emocional, calmarnos y pensar fríamente qué tipo de respuesta queremos dar. Básicamente, el distanciamiento cognitivo nos ayuda a evitar que tomemos malas decisiones en el calor del momento.

¿Cómo mejorar esta habilidad?

En base a lo visto, queda claro que una buena autorregulación emocional es un factor de protección de psicopatología, además de evitar problemas a nivel social y laboral. Por ejemplo, poseer una buena capacidad para evitar que nuestros sentimientos nos controlen estando discutiendo con la pareja o con el jefe son formas de evitar la ruptura con nuestro novio o novia o acabar en el paro, respectivamente.

A continuación veremos formas útiles para mejorar la autorregulación emocional tanto en la infancia, como adolescencia como en la adultez.

En la infancia

Un momento ideal para trabajar esta capacidad es la infancia, dado lo moldeables que son los niños y su capacidad para aprender fácilmente. Enseñarles a regular sus emociones de forma tan temprana ayudará a que posean un mejor manejo de las mismas en el contexto educativo y social, evitando un mal rendimiento académico y tener conflictos con otros niños.

Lo primero que se debe es enseñarles a identificar qué sentimientos están sintiendo en cada momento. Los niños suelen tener muchos problemas para ser conscientes sobre sus emociones. Por este motivo practicar de manera deliberada a darse cuenta de ello puede ser verdaderamente útil, siempre partiendo de un estado de relajación.

Lo que se les puede pedir es que dramaticen emociones intensas, como son la tristeza, el enfado, el miedo... La idea es hacer que manifiesten estos sentimientos de manera segura y controlada, para que, cuando vengan en la vida real, puedan identificarlos y puedan gestionarlos.

En la adolescencia

Aunque poseen una capacidad de reconocimiento de las emociones mayor que los niños, los adolescentes también pueden tener problemas para dominar esta capacidad. Esto se debe a que, pese a haber más capacidades cognitivas, la adolescencia es un período convulso, donde las emociones están a flor de piel.

Una buena forma para hacerles conscientes de sus emociones es hacerles escribir un diario o poner un calendario de las emociones. En el diario pueden escribir cómo se han sentido cada día, poniendo qué es lo que ha disparado la emoción, cómo han reaccionado y qué han hecho para controlarla, mientras que en calendario representan con colores qué han sentido.

Tanto el calendario como el diario emocional sirven para que el adolescente analice, por medio de la estrategia del distanciamiento cognitivo, su estado anímico a posteriori, y se plantee preguntas como “¿De ha servido de algo sentirme así?”, “¿Qué he aprendido de esto?”, “¿Por qué no me he podido controlar?”

En adultos

Los adultos tienen una capacidad mucho mayor de identificación de sus sentimientos, aunque siempre los hay quienes todavía no presentan una adecuada autorregulación emocional.

Igualmente, en la adultez jugamos con ciertas ventajas. Una es que al no ser las emociones tan intensas podemos controlarnos mejor. La otra es que como los altibajos se dan con menor frecuencia la autorregulación no es una capacidad que nos parezca tan útil de primeras y consideramos que, ya sea por inercia o simplemente evitando situaciones desagradables tenemos controlada la situación.

Pero pese a estas supuestas ventajas, realmente necesitamos mejorar y mucho. La autorregulación emocional, como bien decíamos antes, sirve como factor de control para todo tipo de situaciones desagradables que, en muchas ocasiones, no podemos esquivar: ¿de verdad vamos a controlarnos si nos grita el jefe? ¿cómo responderemos cuando nuestra pareja nos diga que nos ha puesto los cuernos? ¿qué pasa si tenemos cáncer?

Estas situaciones van a implicar una respuesta emocional fuerte, y la forma en cómo respondamos puede ser vital. Aprender a responder de forma clamada, fría y responsable puede ser lo que haga que podamos disfrutar de una vida feliz, tanto si está a nuestro lado nuestra pareja, nos despiden o la enfermedad empeora.

Aceptar que somos montañas rusas emocionales y que en la vida ocurren imprevistos es lo primero. Es difícil, pero es también una realidad fácilmente observable. Cómo nos sintamos puede que no cambie al gravedad de nuestro sino, pero si la forma en cómo lo vamos a vivir.

De hecho, muchas terapias enfocadas a pacientes oncológicos se centran en hacer todo lo posible para que el paciente aprenda a modular sus emociones. Esto tiene su sentido teniendo en cuenta que este tipo de pacientes tienen una esperanza de vida 5 años mayor si reciben psicoterapia.

Acudir a consulta, aprender a controlar sus emociones y aplicarlo en su vida diaria es lo que hace que sean más favorables a respetar todo el tratamiento, a no dejarse llevar por el miedo a la muerte y la desesperación. Se controlan, y disfrutan del proceso, en la medida que pueden.

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