Pese a que la comunidad científica tiene un amplio consenso en cuestiones tales como el cambio climático, la efectividad y seguridad de las vacunas o que la Tierra es redonda, en el público general este consenso brilla por su ausencia.

Se pudiera pensar que negar hechos científicos se deba a mera ignorancia o a desconocer sobre la cuestión en concreto. Sin embargo, se ha propuesto un enfoque que pone el foco de atención en el miedo de las soluciones enfocadas a esos problemas como explicación de su negación.

Este enfoque es el del modelo de la aversión a la solución, el cual ha sido abordado experimentalmente con el caso concreto del cambio climático y el conservadurismo. A continuación lo veremos con más detalle.

¿Qué es la aversión a la solución?

En la actualidad existe todo tipo de temáticas que, a su vez, despiertan todo tipo de opiniones. Sin embargo, la ciencia, bajo su óptica empírica y objetiva, ha demostrado la existencia de múltiples problemas que, si no se les pone solución o algún tipo de efecto paliativo, se agravarán. Entre estas problemáticas podemos encontrar la aparición de epidemias, tanto debidas a patógenos como malos hábitos, el incremento de los asesinatos con armas de fuego o el cambio climático.

Pese a que la ciencia puede demostrar la existencia de estos fenómenos registrando hechos y realizando análisis estadísticos cuando sean oportunos siempre hay alguien quien los pone en duda. En el caso concreto del cambio climático, no son pocas las personas, de perfil ideológico conservador, que se atreven a decir que la ciencia convencional se equivoca, que no hay evidencia alguna de que realmente el planeta se esté calentando y que esto haya sido causado por acción humana.

En base a esto, los investigadores americanos Troy Campbell, especializado en marketing, y Aaron C. Key, experto en psicología y neurociencias, se preguntaron cómo era posible que ante un evento tan científicamente demostrado como es el cambio climático haya personas que lo nieguen por completo.

Estos investigadores señalaron que las personas tendemos a creer en los problemas cuyas soluciones estamos de acuerdo y, en dirección contraria, no nos creemos aquellas problemáticas que supongan soluciones muy contrarias a nuestra forma de pensar o que interfieran en nuestro estilo de vida.

Este planteamiento les valió para configurar una nueva perspectiva: el modelo de la aversión a la solución. Con este modelo han pretendido dilucidar un poco más el porqué las personas nos mostramos tan significativamente polarizadas en cuestiones que la comunidad científica tiene un amplio consenso.

¿Miedo al problema o miedo a la solución?

De forma lógica, parecería que la exactitud y veracidad de un hallazgo científico debería ser independiente a si este hallazgo y las consecuencias del mismo son deseables o no. Para explicarlo de forma sencilla: si nos cae una piedra en la cabeza, esta piedra nos va a hacer daño. Que nos haga daño es una consecuencia indeseada de que nos caiga una piedra en la cabeza. Aunque no queramos sentir dolor, no nos vamos a poner a cuestionar la existencia de la piedra o dudar que este mineral puede caernos en la cabeza y hacernos daño.

Sin embargo, el cambio climático, la efectividad de las vacunas, la peligrosidad de las armas de fuego y otras cuestiones de amplio consenso científico no son algo tan simple como una accidentalmente malintencionada piedra. Son cuestiones muy complejas cuya solución puede implicar una gran movilización de recursos políticos, económicos y sociales que pueden entrar en conflicto directo con nuestro estilo de vida en caso de quererles poner solución.

Las investigaciones han demostrado que las motivaciones psicológicas afectan sobre nuestro razonamiento. Esto hace que nuestros juicios no sean independientes de nuestros deseos y motivaciones personales. Aunque nos pongan delante de nuestros ojos un dato científico y objetivo, si la solución planteada para el mismo choca con nuestra ideología, sistema de creencias, opinión u otros componentes cognitivos, afectivos y motivacionales de nuestra identidad seremos más propensos a negar la existencia del problema.

Un ejemplo: el cambio climático y los republicanos

Es ampliamente conocido el hecho de que no son pocos los republicanos (conservadores) de los Estados Unidos quienes niegan el cambio climático y su causa antropogénica.

Se muestran escépticos ante esta cuestión, pese a que las ciencias de la tierra han demostrado, mediante datos objetivos y medidas de temperatura y contaminantes en el aire de que, efectivamente, se está dando el calentamiento global. En cambio, esta opinión no es compartida por sus rivales, los demócratas (liberales), quienes tienden a coincidir con la comunidad científica y apoyan la aplicación de medidas para paliar el cambio climático.

La negación del cambio climático de unos y el reconocimiento otros parecería, en primer lugar, que se debe a diferencias con respecto a su conocimiento científico. Se podría pensar que el nivel de conocimiento científico entre los republicanos es más bajo que el de los demócratas, haciendo que los primeros tengan opiniones o bien basadas en la ignorancia o bien en creencias anticiencia. Los demócratas, en cambio, habrían recibido más influencias y documentación acerca de la cuestión, fundamentando sus opiniones en hechos.

Sin embargo, el que los republicanos nieguen la existencia del cambio climático parece ser una cuestión motivada, no de ignorancia. Tampoco sería debido al miedo del cambio climático en sí. No es que tengan miedo de que vaya a subir el nivel del mar o de el aire se va a volver irrespirable sino, más bien, tienen miedo de las soluciones que se deberían aplicar para reducir este fenómeno, y es aquí donde entra la idea de la aversión a la solución.

El grupo de Campbell y Key abordó esta cuestión experimentalmente, llegando a la conclusión de que realmente, entre las filas republicanas la negación del cambio climático se debe a un estilo de cognición motivada.. Esto podría explicar el hecho de que pese existir documentales, estudios, libros y todo tipo de recursos en los que se exponen los hechos acerca esta cuestión, estos medios no han tenido tanta repercusión entre las mentes conservadoras.

Los republicanos suelen ser personas muy partidarias del libre mercado y de la meritocracia más agresiva. Para ellos, que una persona sea exitosa se debe única y exclusivamente a su esfuerzo. Este esfuerzo que se materializa en grandes sumas de dinero y, en muchos casos, en poseer una gran empresa, más preocupada por los beneficios que en cuanto contamina.

El problema del cambio climático para el estilo de vida ideal del ciudadano republicano es que implica tomar medidas políticas y económicas que regulen el libremercado, algo que no le gustaría a ningún gran empresario. Entre estas medidas estarían aplicar impuestos por contaminar, mayor control económico del gobierno y menor libertad comercial, incremento del valor de los automóviles y prohibición de vender X cantidad al año… En definitiva, medidas que podrían reducir los ingresos de las empresas de forma muy significativa.

En cambio, los demócratas tienen menores preocupaciones acerca de la regulación del mercado e, incluso, son partidarios de intervenirlo. Así pues, para el estilo de vida demócrata, una mayor regulación del mercado está lejos de suponer un grave problema a su estilo de vida, más partidario de la repartición de bienes y de hacer todo lo necesario para ofrecer un mejor futuro a la sociedad, aunque eso implique sacrificios económicos.

Referencias bibliográficas:

  • Campbell, T. H., & Kay, A. C. (2014). Solution aversion: On the relation between ideology and motivated disbelief. Journal of Personality and Social Psychology, 107(5), 809–824. https://doi-org.sire.ub.edu/10.1037/a0037963.