A veces, los recuerdos de experiencias intensas quedan bloqueados. Unsplash.

Las experiencias que vivimos a lo largo de la vida, sobre todo en la etapa infantil, pueden tener una gran influencia en nuestro desarrollo, e incluso generar impactos negativos en nuestro cerebro, en forma de traumas e ideas intrusivas. La "curación" de estos puede ser compleja. Estos recuerdos pueden presentarse en forma de sufrimiento en la etapa adulta, y son un eco de aquellos episodios de gran intensidad y huella emocional vividos en la infancia.

Cuando alguien ha vivido episodios de abuso físico o emocional, o no ha recibido los cuidados necesarios por parte de sus figuras de apego, es posible que más adelante sufra secuelas psicológicas. Sin embargo, parte de la "culpa" de este daño es del mismo mecanismo que el cerebro utiliza para protegernos de las situaciones complicadas. Veámoslo.

Los recuerdos bloqueados

Ante determinadas experiencias dañinas y traumáticas, a nivel fisiológico, se da una alteración en las estructuras cerebrales, así como también una gran afectación a nivel emocional. Hay ocasiones en que aparece un suceso y no sabemos cómo manejarlo y nos inunda una fuerte emoción negativa fuerte y duradera.

En consulta me gusta pedirles a mis pacientes que se imaginen que el cerebro es como un ordenador que contiene toda la información, experiencias y memorias de su vida recogidas, organizadas y procesadas en carpetas. Pero, cuando un suceso nos sobrepasa, las experiencias vividas quedan almacenadas en otras redes de memoria distintas. Los recuerdos relacionados con la experiencia negativa abrumadora han quedado bloqueados y fragmentados, como si se hubiesen congelado, aislados del resto de carpetas organizadas. Ocurre con estos recuerdos que no hemos tenido la oportunidad de procesar, ya que nuestro cerebro nos ha querido ayudar apartándolos de nuestro día a día, porque en el caso contrario nos generaría una emoción muy intensa difícil de soportar.

Pero... ¿qué ocurre? Pues que por esta ayuda que nuestro cerebro nos proporciona pagamos un precio, ya que en un momento dado estas experiencias serán activadas por un estímulo disparador, es decir, una nueva experiencia o situación que nos hace reexperimentar lo ocurrido anteriormente de manera inconsciente, y todo sale a la luz. A veces son pequeñeces que no podemos controlar pero que nos hacen sentir como si realmente estuviésemos reviviendo aquel momento.

Si bien la mayoría derecuerdos terminan siendo olvidados, los que hacen referencia a este tipo de experiencias son demasiado intensos como para ser olvidados sin más, pero no están lo suficientemente contextualizados y vinculados a nuestras creencias, ideas y valores predominantes como para poder formar parte de esa red de recuerdos a través de la cual nos movemos con normalidad.

Un ejemplo de recuerdo traumático

Quizás con este ejemplo pueda entenderse mejor. Imagina un niño que con 7 años tuvo un accidente de coche con sus padres. Los 3 estuvieron muy graves pero finalmente pudieron salir adelante. En casa no se habló de lo ocurrido, ya no sólo del accidente, si no de la lenta recuperación posterior en la que sus vidas corrían peligro. No ha habido ocasión de explicar al niño lo ocurrido, para que él pudiese comprender esa experiencia e integrarla en su percepción de la realidad.

Este suceso se archiva en el cerebro, pero se guarda sin quedar asociado a los pensamientos que le acompañaban aquel día y durante los posteriores. Además, el cerebro, que es muy bueno con nosotros y siempre quiere protegernos, recluye este evento en lo más profundo de él para que este niño pueda continuar con su vida normal.

Pasan unos cuantos años y este niño cumple 18 años. Su mayor ilusión es sacarse el carnet de conducir, pero en su primer día de clase práctica y una vez montado en el coche, comienza a sentir muy ansioso y con mucho nerviosismo, tanto que no se ve capaz de arrancar el coche y conducir, sin saber por qué. Es en este momento cuando vuelve a experimentar lo que ocurrió aquella tarde en la que él tenía 7 años.

Lo que ocurre es que a partir de una experiencia dolorosa para la persona, la información queda almacenada en el cerebro de forma disfuncional. Al archivarse de este modo, la información no puede ser integrada ni utilizada por la persona.

En el caso de los niños que han sufrido maltrato, negligencias o abandono, el cerebro aprende a protegerse y puede adoptar dos modos de funcionar distintitos. Puede volverse un cerebro hipervigilante, es decir, el cerebro se encuentra en constante alerta, incluso ante estímulos que no son peligrosos ni ponen en riesgo la vida de la persona. Nuestro cuerpo reacciona como si algo malo estuviese ocurriendo.

Pero esto no queda ahí; nuestro cerebro también puede adoptar una forma contraria a la hipervigilancia, es decir, puede encontrarse hipoactivado. En estas situaciones se bloquea, y puede que muchos de los recuerdos relacionados con ese evento perturbador no los recordemos. Este proceso permitirá individuo contar el suceso de una forma neutra sin carga emocional, como separándose de él.

Ventajas e inconvenientes de esta protección

Que nuestro cerebro nos proteja de esta forma puede ser muy ventajoso, ya que nos deja libre de sufrimiento y nos permite continuar con nuestra vida, pero lo cierto es que a la larga tiene múltiples e incómodas consecuencias.

Quizás las emociones de quien vive esta experiencia estén anestesiadas, o puede haber momentos en los que se comience a sentir cierta ansiedad y no sepa bien por qué. Posiblemente ha vivenciado algo que le ha llevado a ese recuerdo oculto del pasado, por lo que si no se trabaja sobre ello el efecto de este recuerdo puede aparecer una y otra vez.

En ocasiones, es muy complicado detectar que el daño del pasado aún continua en el presente, ya que como he explicado anteriormente las emociones, y a veces también los recuerdos, están disociados o bloqueados. Pero es importante trabajar estas experiencias, ya que en algunos casos pueden propiciar la aparición de trastornos. Recuerda, el pasado no se puede olvidar, pero sí trabajar sobre él para que no lo reexperimentemos constantemente y continúe dañándonos.