El perdón suele entenderse como un gesto moral, una decisión altruista o un acto espiritual, pero en psicología es mucho más que eso. Diversas líneas de investigación muestran que perdonar puede convertirse en un proceso de reconfiguración personal, capaz de ayudar a cerrar capítulos marcados por el dolor y a generar condiciones internas que faciliten nuevas etapas de desarrollo.
Lejos de implicar olvido o reconciliación obligatoria, el perdón es un cambio en la relación emocional con el agravio que transforma la forma en que una persona se posiciona ante su pasado y su futuro.
El perdón y crecimiento tras la adversidad
En la última década, el perdón ha sido estudiado como un facilitador del crecimiento postraumático, entendido como los cambios positivos que pueden surgir después de experiencias estresantes o traumáticas. Este crecimiento se manifiesta en áreas como la percepción de uno mismo, las relaciones interpersonales o la propia filosofía de vida.
Estudios recientes en población joven con historias de adversidad temprana indican que perdonarse a uno mismo, perdonar a otros o incluso perdonar las circunstancias adversas se asocia de forma consistente con mayores niveles de crecimiento emocional.
Por ejemplo, Amaranggani (2022) observa que quienes son capaces de perdonar muestran una mayor capacidad para reinterpretar su pasado, resignificar lo vivido y descubrir nuevas fortalezas personales.
En esta misma línea, Ye y sus colaboradores (2022) hallan evidencias de que el perdón no solo se relaciona con mayor crecimiento postraumático, sino que este vínculo se ve parcialmente explicado por el apoyo social. Perdonar parece facilitar la apertura hacia los demás, la búsqueda de ayuda y la reconstrucción de redes significativas, elementos fundamentales para avanzar tras un evento doloroso.
Incluso en contextos de enfermedad crónica, como la hemodiálisis, se ha observado una relación entre perdón, calidad de las relaciones interpersonales y crecimiento postraumático. Según Ye et al. (2025), el perdón podría actuar como un mecanismo psicológico que ayuda a integrar la crisis médica en la trayectoria vital, permitiendo a las personas organizar nuevas prioridades y afrontar los cambios de forma más adaptativa.
Intervenciones basadas en el perdón: transformar el dolor en futuro
El interés clínico por el perdón ha crecido gracias a intervenciones estructuradas que muestran efectos consistentes en la reducción de rumiación, ira, depresión y ansiedad. Al desactivar estos estados emocionales, la persona queda más disponible para invertir recursos en metas futuras y dar forma a una nueva etapa.
Un ensayo clínico multicéntrico con más de cuatro mil participantes evaluó un cuaderno de trabajo de autoaplicación basado en el modelo REACH. Los resultados muestran que la intervención reduce significativamente la falta de perdón, así como síntomas depresivos y ansiosos, e incrementa el florecimiento psicológico. Este tipo de hallazgos ayuda a comprender que perdonar no consiste únicamente en “soltar” el pasado, sino en liberar energía mental para que la vida pueda reorganizarse.
De forma complementaria, un estudio de 2025 que aplicó un programa de perdón de ocho semanas en pacientes en hemodiálisis encontró aumentos significativos tanto en niveles de perdón como en crecimiento postraumático, mantenidos incluso tres meses después de la intervención. Estos datos sugieren que el perdón puede generar cambios profundos y sostenidos, especialmente en personas enfrentadas a etapas vitales marcadas por la vulnerabilidad o la incertidumbre.
Perdón en el duelo, las rupturas y otros cierres vitales
Los procesos de duelo, las separaciones de pareja o los divorcios constituyen escenarios en los que el cierre de una etapa es especialmente evidente. En estos contextos, el perdón también se ha utilizado como una herramienta terapéutica para facilitar la transición a una nueva fase.
Un estudio clásico sobre personas divorciadas encontró que los grupos de intervención centrados en el perdón del ex-cónyuge disminuyen las emociones negativas hacia la expareja y mejoran los indicadores de ajuste psicológico. Los autores señalan que, al reducir la hostilidad residual, las personas pueden reconstruir de manera más equilibrada su identidad post-divorcio y orientarse hacia nuevos proyectos relacionales.
Los programas de perdón aplicados a padres en duelo también han mostrado mejoras en bienestar emocional y disminución de síntomas de duelo complicado. En estos casos, el perdón no se dirige necesariamente a otra persona, sino a la vida misma, a las circunstancias o incluso a uno mismo por aquello que se percibe como fallos. Perdonar se convierte así en una vía para integrar la pérdida y permitir que continúe la biografía sin quedar fijada al trauma.
Una revisión meta-analítica de intervenciones basadas en el perdón concluye que estas producen efectos moderados o grandes en la reducción de ira, ansiedad y depresión, variables que suelen entorpecer la capacidad de abrir una nueva etapa. Al mejorar el clima emocional interno, se crean condiciones psicológicas favorables para reorganizar prioridades, resignificar el pasado y abrazar nuevas posibilidades.
Mecanismos psicológicos: qué permite “cerrar” y “abrir”
El perdón puede entenderse como una estrategia de afrontamiento emocional que transforma la relación con la herida. Uno de los mecanismos más estudiados es la disminución de la rumiación, es decir, del ciclo repetitivo de pensamientos que mantiene vivo el dolor y bloquea la energía disponible para construir el futuro. Al reducir la rumiación y el resentimiento, la persona experimenta un alivio cognitivo y emocional que facilita el procesamiento del evento y la toma de decisiones orientadas al cambio.
También se ha observado que el perdón se asocia con menor sintomatología depresiva y ansiosa, así como con mayor bienestar subjetivo y florecimiento. Estos indicadores reflejan un estado interno más flexible y esperanzado, que permite redefinir metas, roles y relaciones.
Finalmente, el perdón parece conectar con procesos relacionales. Perdonar reorganiza la forma en que las personas se vinculan, ajustan expectativas y reconstruyen la confianza. En este sentido, el apoyo social actúa como variable moduladora que potencia el impacto del perdón en el crecimiento postraumático, reforzando la idea de que cerrar etapas no es solo un acto individual, sino también interpersonal.
Lejos de ser un gesto pasivo, el perdón constituye un proceso activo de reconstrucción psicológica que permite cerrar heridas y abrir nuevas etapas vitales. Su capacidad para reducir la carga emocional del pasado, reorganizar las relaciones y ampliar la visión de futuro lo convierte en una herramienta útil tanto para la práctica clínica como para el crecimiento personal.


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